jueves, 19 de abril de 2012

CARTA DE ALAN GARCÍA AL APRISMO MASIVO Y POPULAR

Compañeras y compañeros, hermanos:

Como ex Presidente guardo silencio para contribuir al trabajo de quienes nos gobiernan, pero añoro con nostalgia el llamado del Partido. Hace cincuenta años exactamente, llegue solo al local de Barranco y me inscribí en el Aprismo. El calor electoral de entonces me enseño para siempre la pasión por la justicia social y el deseo de servir al pueblo y al Perú. Después me dio la ocasión de conocer a Haya de la Torre, una inmensa personalidad de la que tanto aprendimos y a la que tanto amamos.
Y tras su muerte, tuve el honor de conducir el Partido al poder por primera vez, 55 años después de su nacimiento. Fue un momento difícil por la situación mundial, la subversión y la condición económica del país, y actuamos con apasionamiento ideológico y con ánimo de confrontación. Luego, con razón o sin ella, nuestro Partido fue escarnecido y maltratado por un gobierno dictatorial. Por eso, puse otra vez todo mi empeño y mi pasión para reivindicar al Aprismo de ese maltrato. Y el pueblo, generoso, nos dio una segunda oportunidad en la que hemos actuado con realismo, prudencia y fieles a nuestros principios, a favor de los más humildes y por el crecimiento de nuestra patria. Todos los días recuerdo la noche de la Plaza San Martin en que mis compañeros me recibieron con amor y esperanza. Y con ese recuerdo jamás los dejare.
Cuando veo confirmado, por las cifras del actual régimen, que en los últimos siete años disminuyó la pobreza desde el 58% de toda la población hasta el 30%; que se ha reducido sustantivamente la mortalidad infantil, la desnutrición y que el trabajo creció en 2 millones quinientos mil empleos, siento satisfacción por la obra concreta para millones de peruanos humildes, en 15,000 pueblos electrificados, agua potable, construcción educativa, Hospitales; 10,000 kilómetros de carreteras y otras que para ellos se hizo hasta por 86 mil millones de soles. Es obra perdurable, es la verdadera inclusión, la que ayuda a la producción popular y el consumo. Y me repito, como Víctor Raúl decía: “Aprista, ten orgullo de tu gran Partido”.
Pero sé que eso no es suficiente porque el Perú puede mucho más, que el Partido del Pueblo debe continuar contribuyendo a su grandeza y me pregunto: ¿Cómo podemos servir mejor al pueblo? Pero también, ¿Qué hemos dejado de hacer para que, luego de un buen gobierno, nuestro Partido no se haya fortalecido más? Y digo, es grande la responsabilidad de reconstruir y fortalecer el movimiento social que en el siglo XX dio más vidas, prisiones y trabajo por la democracia.
El Perú percibe que en el Partido hay muchos conflictos internos. Entonces debemos hacerlo más transparente ante los ciudadanos, desterrando los apetitos y conflictos que tanto daño le han hecho y demostrando que es un instrumento del pueblo y no un peldaño para los que ocupamos algún lugar dentro de él.
El Perú cree que algunos usaron los cargos del gobierno para su beneficio o proyecto y exige moralidad y eficiencia. Hoy, las ideas que hace ochenta años parecían exclusivamente apristas se han difundido y gracias a Dios están en casi todas las conciencias y programas: la justicia social, la afirmación nacional, la descentralización, la integración del continente. Todo eso ya no pertenece al Partido pero nuestro papel hoy es tratar de ser los mejores ejecutores de esos ideales junto a otros ciudadanos. Pero para ello el país nos exige intransigencia ante el aprovechamiento y la falta de preparación. Porque basta que uno o unos pocos pequen para que todo el conjunto sea descalificado, si no deslindamos y depuramos con energía y escarmiento.
El Perú percibe que somos siempre los mismos, que estamos cerrados a los demás. Entonces el mejor camino es volver a convocar al pueblo peruano, como lo hicieron los fundadores. En 1930 todos ellos eran nuevos en el Partido y no existían cliques o grupos cerrados que se creyeran propietarios de la estructura por el escaso mérito de haber estado unos años más. Ahora, sólo se alcanzará la vitalidad de la técnica, el profesionalismo y la fiscalización de las acciones con la presencia de cientos de miles de profesionales, emprendedores, líderes populares y de la clase media que desean y deben participar en la conducción y las decisiones del Partido y no ser solamente unos invitados silenciosos a los que se califique como “nuevos” o “ajenos”. Si no hacemos esa gran convocatoria llamando a los mejores en todas las regiones, podrá seguir la estructura de siempre, pero será un grupo pequeño y aislado del nuevo país condenado a ser una minoría.
Seamos justos. Casi ninguno de nosotros ha sufrido persecución o cárcel como los viejos fundadores que hubieran tenido por eso el derecho de sentirse dueños del partido, pero no lo hicieron.
Un partido que no convoca e integra o que se cierra en cada lugar alrededor de diez o veinte personas a veces en conflicto, no tiene futuro en el nuevo Perú de la juventud y el empresariado popular, no atrae a los ciudadanos que comienzan a verlo como un instrumento de apetitos. Un partido que tiene temor de incorporar claramente la modernidad del mundo en su programa se condena al pasado. Estará así lejos de la historia y distante del poder de hacer obra por el país.
La convocatoria, la integración de mucho más peruanos y la renovación integral de la conducción es una tarea urgente, difícil pero imprescindible.
Cincuenta años después de haber llegado a mi base de Barranco, seré el primero en dejar el sitio a nuevos cuadros y entregaré todo cargo al Partido renovado y ampliado, porque siento que cumplí llevando el aprismo al poder y luego a desmentir lo que se dijo de él, a demostrar –con resultados- que es muy capaz, trabajando con todos los peruanos. Me bastará ver un Aprismo sólido, organizado, ilusionado y juvenil. Y esa será mi labor.
Vamos a hacerlo. Donde estén, jóvenes o mayores, militantes o no, tomen la iniciativa de la renovación, la convocatoria y el estudio técnico. Y todos los peruanos que crean en la justicia y la democracia y quieran participar, apristas o no, lleguen, abran las puertas, traigan sus ideas, sus compromisos, sus proyectos y ayúdennos porque nuestra patria necesita de grandes partidos, como el Partido del Pueblo, para fortalecer su camino hacia el progreso y el bienestar.
Los quiere como siempre, su compañero
Alan García
Presidente del Partido Aprista Peruano
¡El aprismo es aprismo, no alanismo!
Uno de los contrabandos más eximios, de esos que parecen verdad pero son más bien aparentes que reales, ha sido la especie que pretende mimetizar al aprismo con la carrera particular, personal, absolutamente angurrienta de mando del señor Alan García Pérez, ex presidente del Perú, durante el bochornoso, por aventurero, quinquenio de ejercicio gubernativo entre 1985-1990. Así, la noche de 1992, cuando la fuga del Mozallón por los techos, tras una incómoda estancia en un barril sin agua, hacia Colombia, se estudió bien el destino. Entre 1949-1954, Haya de la Torre fue inquilino forzado de la Embajada de Colombia porque la dictadura odriísta lo mantuvo virtualmente preso. Pero Víctor Raúl fue creador de una doctrina con atisbos audaces de propuesta latinoamericana. Al conjuro de su voz y de su formidable presencia moral, las multitudes encaminaban sus protestas, entonaban sus cantos, marchaban a la revuelta, morían frente a los paredones o se pudrían en las ergástulas. Eran los tiempos en que el destino de una buena parte de peruanos era: encierro, destierro, entierro.
Todas las veces que se pretendió encontrar máculas en la vida de Haya, el tema agonizó por su propia debilidad. Víctor Raúl fue un hombre honesto, limpio. Hizo presidentes y nunca llegó a la presidencia. Consagró parlamentarios y la única vez que llegó a ocupar una curul fue cuando el octogenario arribó a la Presidencia de la Asamblea Constituyente entre 1978-79 y cobró como sueldo apenas S/. 1.00. Murió en casa fraterna pero prestada. Su riqueza la constituían libros con dedicatorias de personalidades mundiales que brindaron su amistad al líder aprista, entre éstos: Bertrand Russell, Albert Einstein, Alberto Moravia, Romain Rolland, León Trotski, André Breton, Ho Chi Min, Ben Gurion, George Lansbury, Walt Whitman, Alfredo Palacios, Lázaro Cárdenas, José Batlle, Arturo Alessandri, Pedro Aguirre Cerda, Salvador Allende, Germán Arciniegas y decenas sino cientos más; sus recuerdos de batallas y, obviamente, su legado más extraordinario: un partido con fe y disciplina dispuesto a la lucha revolucionaria por el poder. Su pecado más conocido fue creer en el pueblo, liderarlo y como el Moisés del Monte Sión atisbar la tierra prometida y no llegar porque un 2 de agosto de 1979 se quedó en el camino para entrar a los fastos de las glorias democráticas.
A la inversa, al ex presidente García se le critica por su presumible falta de honestidad. He sostenido que nunca se llegará a probar nada porque para eso han estado y están los famosos integrantes de la lacra abogadil, esa que limpia fachadas y remoza currículos. Pero ¿hay acaso algún problema ideológico en este aspecto? ¡No! Existe, la presunción de faltas cometidas, yerros contra la honradez y repartijas que favorecieron a cenáculos privilegiados y sumamente oligárquicos. El partido que se había pasado cinco décadas luchando contra los grupos minúsculos de poder, una vez aupado en el mismo, saltó la barrera de la vergüenza para trabajar por los menos y no para los más, como reza la antidemocracia. Entonces el Perú se convirtió en el paraíso de la inflación, de las importaciones hechizas, de las coimas, de los arreglos entre compadres, en la feria de disparates al por mayor y ¿acaso no era AGP el gran promotor, por defecto o por cociente, de estas maniobras vergonzosas y vergonzantes? ¿No fue el Perú entre 1985-1990 un gran desmadre y despelote por culpa de su desgobierno?
Sostengo que aprismo es aprismo y alanismo es cualquier otra cosa. Básicamente, creo que el proyecto de AGP es válido para su instinto de animal político. Sin poder mandar o tener a quienes someter, AGP, es como pez fuera del agua. Su elemento es la política. El poder por el poder. En su encuadre organizativo no interesan para nada la estructura del Estado, ni el juego de los poderes. Mucho menos quiénes los protagonistas ocasionales de los enjuagues. Por ejemplo ¿ha cambiado AGP de fichas para su manejo interno? ¿No siguen siendo Jorge del Castillo, Mercedes Cabanillas y algún otro, los que hablan por él, le defienden y ahora anuncian su retorno? ¿En qué ha cambiado? Yo diría que en nada.
Tampoco se puede esperar mucho de los antecitados, ellos se conforman con un puesto muy bien rentado en el Congreso. El pueblo es sólo un buen pretexto para los discursos. Lo que sí interesa y bien vale no una sino cientos de misas, es la sinecura de un puesto parlamentario, el sueldo de asesor en cualquier dependencia pública, la buena pro para obras que pagan las entidades públicas. ¿Cambio, revolución, ideales? ¡Pamplinas! ¡Eso está bien a la hora de la candidatura! ¡Una vez en el puesto, lo negro troca en blanco y viceversa!
El aprismo de Haya de la Torre insurgió a sangre y fuego en tiempos en que una oligarquía cerril usó por décadas a los militares como perros guardianes de su poder omnímodo. Cuestionó el status quo y procuró el poder, a través de elecciones y también por la vía revolucionaria de la revuelta y la conspiración. Querían el cambio, aspiraban a un país mejor y con menos desigualdad. El norte de sus ambiciones pasaba por la democrática convicción de saberse limpios para irradiar una atmósfera diáfana desde los pagos del poder. Fue la epopeya de un pueblo y de un partido. Miles murieron y dejaron parte de su vida en la lucha política y ésta encarnó en una religión que hasta hoy canta una Marsellesa emocionada y hasta con lágrimas. Y cuando se creyó llegada la hora de la gran transformación en 1985, advino un mozallón dotado de una innegable facilidad de palabra pero que hizo todo lo posible para destruir la forja que cientos y miles de héroes habían apisonado con sus vidas.
Afirmo que AGP es mejor candidato que gran parte de sus contendores en la lid presente. Porque los demás son muy malos y pusilánimes. No ha empezado la campaña y ya demuestran su terror a los discursos invariables de quien no ha aprendido nada. Cuando Jorge del Castillo sostiene que AGP ha asimilado de su experiencia en el “exilio”, uno tiene que reírse a mandíbula batiente. ¿Es afuera o aquí donde queman las papas? La mediocridad inefable de Castillo sólo es superada por su propia estupidez de abogado complaciente pero tenaz en su curul de parlamentario.
Concedamos con generosidad otra exégesis. Que AGP haya mensurado bien sus años de ausencia y entonces eso lo impulse a reorganizar al partido para las contiendas próximas. Eso significaría que el Apra entrara en una profunda catarsis y autocrítica y que bote a patadas a gran parte de su dirigencia coludida con la irresponsable gestión entre 1985-90.
¿Pero, no sería AGP el primero en pedir perdón por la inmensa culpa que a él le toca admitir? Si lo hace, enhorabuena. Y entonces, se impondría el deber de la gran convocatoria a todos los que en algún momento fueron parte de la militancia y hacer que la fraternidad, esa que instituyó con gran habilidad Haya, fuera el instrumento reunificador de una gran corriente nacional, popular, revolucionaria, en síntesis, moral. ¿No sería de este modo, una chance para que el Perú retornara al sistema de los partidos? ¿Y entre ellos uno, con bases nacionales, líderes limpios e inmaculados, dispuestos a luchar contra el status quo?
El proyecto personal de AGP sólo lo sabe él mismo. Quienes hablan por él lo hacen digitados como muñecos a larga distancia. Ninguno puede parársele al frente porque carecen de madera, son sólo espantajos que pueden lograr la supervivencia política al lado de AGP, contra él son menos que ceros. Sin embargo, el aprismo como doctrina, discutible y hasta como forma de comportamiento cívico, es el aprismo de los mártires de Trujillo de 1932, de los insurrectos de 1948, de los hombres y mujeres anónimos que vivaron a su movimiento y a su jefe invicto.
Mi homenaje a los viejos y a los nuevos apristas. A ellos el reconocimiento porque creen en algo. En un país en que ya no se puede creer en nada, merced a la rufianesca raíz de sus gobernantes, emociona profundamente ver cómo ellos pelean por lo que creen una chance y un derrotero. Ojalá que sepan a quién confían sus destinos y que el período 1985-90, no repita su paso de Atila Negro por el Perú, porque entonces, no habrá poder humano y menos divino que recomponga a la esperanza que fuera la ilustre creación de Haya de la Torre.
¿Sólo Alan destruyó al Apra?

La especie, tímida o a voz en cuello, es alentada por los simpatizantes del muy desprestigiado Jorge del Castillo y pretende atribuir el envilecimiento, la puesta en valor del ejercicio político y la debacle terminal que pulveriza al Apra, con exclusividad al ex presidente Alan García Pérez. Lo divertido del asunto es que ¡ninguno de los que afirma la monserga puede tirar la piedra y esconder su vergonzoso pasado adláter del robusto Midas al revés que es Alan García Pérez!
De fraternidad colectiva que cantaba himnos, evocaba a mártires y hacía reminiscencia de una lucha que por largos años sólo tuvo tres opciones: encierro, destierro y entierro, gracias a la comercialización de la política que hicieron Alan y Jorge del Castillo, al alimón, por teléfono, consigna o conveniencia entrambos, hoy el Apra empequeñecida hasta el ridículo no cuenta en la escena nacional y si se atreviera a hacer un enjuiciamiento o análisis, lo más que recibiría acaso fuera una sonrisa de piedad y la demoledora acusación de ¡rateros! ¿O es que acaso el militante aprista no siente sobre sí la mirada reprobatoria y de asco de todo el resto de la comunidad política nacional? Deducir que todos los apristas son ladrones, es una infamia. Pero colegir que sí hay unos cuantos pícaros que hicieron de la política vil negociado culpable, es una afirmación incontestable.
La crisis moral del Apra tiene los ribetes ominosos de un cáncer terminal. La sartén le dice a la olla: no me tiznes y los que debaten, de uno y otro lado, son unánimemente beneficiarios de coyunturas que les procuraron casas, autos, viajes, patrimonio a nombre de segundos, terceros o cuartos y buena vida con riquezas que nunca podrán explicar por más Poderes Judiciales que extiendan certificados fraudulentos de buena conducta. ¡Cómo si no fuera un secreto a voces de qué pata cojean ciertas malas autoridades cuya tarifa en dólares o euros es parte de su “dignidad”profesional!
Lo interesante de los últimos días es que voces ajenas al Apra comienzan a entender que Alan García Pérez constituye un elemento que no hesitaría en aceptar cualquier respaldo con tal de volver a Palacio y con él las taifas de archiconocidos oportunistas a quienes seduce la vida muelle y porque están empeñados vitaliciamente: hay alguien que conoce de sus prontuarios con pelos y señales.
Ya destruyó Alan García al Apra y en este ejercicio nefasto contó con la anuencia y ayuda obrera de Jorge del Castillo. Son socios aunque a veces las diferencias de matiz los alejen por los caminos vulgares de la reyerta o el enfrentamiento a cuchilladas. Ninguno de los dos cruzaría el Rubicón de revelar más secretos que entre ellos conocen. La dependencia y supervivencia los juntan y hermanan al margen de cosméticas y fintas que ya no engañan del todo.
¿Sólo Alan destruyó al Apra? La respuesta es no. En este aniquilamiento participaron muchos que tuvieron ilusión y con el tiempo o dejaron la opción alanista o fueron expectorados de la misma. Quedaron quienes fueron correas de transmisión y los que escogieron el camino del asalto y la estafa en todas sus modalidades.
¿De qué se acusa a los apristas? ¿no es acaso cierto que por la acción innoble de unos cuantos forajidos ladrones y monreros, a todos los apristas se les considera vulgares delincuentes? ¡Que expliquen, tanto García Pérez como del Castillo por causa de qué esta voz popular que resuena a lo largo y ancho del país y que volvió microscópico al Apra!
Alguna vez Haya de la Torre refiriéndose, a Alan García Pérez, dijo: “este tipo es raro, se guarda los documentos” y entonces, muy joven, no aquilaté la sentencia. Todas las imposturas vinieron después: falsificación de fotos como la que apareció en Caretas y que mostraba a Alan García al pie de la cama de Víctor Raúl, lugar al que no accedió; el fraude del Congreso electoral de 1979, la balacera del Congreso en Trujillo en 1980, las derrotas múltiples y humillantes y a posteriori su meteórica carrera que le llevó a la presidencia en dos períodos: 1985-1990 y 2006-2011. El saldo es de atroz voltaje: nuevamente los términos ladrones, rateros, delincuentes.
A los apristas sólo queda una acción revolucionaria: licenciar a los fautores de la tragedia partidaria y botarlos. Que no llame la atención que pronto encuentren tienda y recursos para seguir de cazapuestos y canonjías en Palacio. De otro modo, seguirá la dolorosa y cruel agonía que todos niegan pero que nadie deja de observar con amargura.
Mientras que existan personajes como Alan García y Jorge del Castillo, no habrá posibilidad para el resto del universo político nacional de reivindicar a la política como ejercicio pulcro y en que las inteligencias tienen el reto de competir con obligatoria mirada de horizonte.
Y la situación del país no es un lecho de rosas. Por el contrario es de alta peligrosidad y estamos en pleno litigio jurídico con Chile. Y las sombras pasadas de 1836-39 y 1879-1883, tienen sus contornos rejuvenecidos por la falta de previsión y mirada de Estado de tanto inepto y fenicio metido a la cosa pública.
¡Atentos a la historia, las tribunas aplauden lo que suena bien!
¡Ataquemos al poder, el gobierno lo tiene cualquiera!
¡Rompamos el pacto infame y tácito de hablar a media voz!
¡Sólo el talento salvará al Perú!
Cinismo sin pudor


La carta de Alan García a los apristas, debería entenderse como provocación al encuentro de ideas para coincidir o disentir sobre la crisis estructural, moral e ideológica del Partido Aprista. Pero, cuando en ella se avizora la intencionalidad de Enredo, trama o tramoya para aparentar o engañar, es de urgente resolución, desmitificar a la persona.
García, confiesa que hace cincuenta años exactamente el Partido Aprista le abrió sus puertas. Pero, evade que su balance es el desprestigio de vergüenza ajena para los apristas.
En 1979 cuando el APRA de Haya de la Torre llegó al poder en una elección nacional como Presidente de la Asamblea Constituyente, a los apristas se respetaba y admiraba por la calidad moral de nuestro guía político. Pero, después de los dos gobiernos de Alan García, a los apristas se nos grita: corruptos.
Esa, es la percepción de los tiempos y liderazgos que han dirigido al Partido.
García, se queja que nuestro Partido fue escarnecido y maltratado por un gobierno dictatorial. Pero, no dice que siendo presidente cogobernó con la corrupción fujimorista al amparo de un estatuto económico, de espaldas a la Constitución aprista de 1979.
García, es irreverente consigo mismo, cuando se pregunta: ¿Qué hemos dejado de hacer para que, luego de un buen gobierno, nuestro Partido no se haya fortalecido más? Pero, no asume su responsabilidad de abandono al Partido para dejar encargado sus funciones a la mediocridad facciosa de alanistas (cuarentones) y castillistas. Por eso, el Perú percibe que en el Partido hay muchos conflictos internos.
García, desvía culpas cuando acusa a sus ex funcionarios menores del porque el Perú cree que algunos usaron los cargos del gobierno para su beneficio o proyecto que exige moralidad y eficiencia. Pero, nada dice de dar un paso al costado para no usar al Partido en las acusaciones de corrupción emblemática de sus decretos de urgencia.
García, exagera en cinismo cuando plantea que “somos siempre los mismos, que estamos cerrados a los demás. Pero, no dice que él lleva 30 años dirigiendo al Partido y que él en la campaña del 2006 encargó a Del Castillo, organizar el Frente Social para promover a los amigos y no a líderes sociales del Frente Único.
García, sin embargo, hoy promueve como novedad y revolucionaria propuesta, dejar ingresar gente nueva al Partido. Pero, no dice que esa idea es electorera que viene del 2006 llamada Frente Social que pretendió anular el carnet aprista para excluirlos de los espacios de gobierno.
García, reclama que un partido que no convoca e integra o que se cierra en cada lugar alrededor de diez o veinte personas a veces en conflicto, no tiene futuro en el nuevo Perú. Y llama a los dirigentes regionales “caciquillos”. Pero, no dice que en verdad su molestia es porque en las provincias la concurrencia a la presentación de su libro, sus operadores no lograron llenar el auditorio.
García, amenaza que será el primero en dejar el sitio a nuevos cuadros y entregar todo cargo al Partido renovado y ampliado. Pero, no dice que sus verdaderas intenciones es tener gente joven a quienes manipular para sus ambiciones del 2016.
García, se excede en sus pretensiones de ufanarse como el pensador y organizador del nuevo Partido Aprista. Pero no dice que tales atributos corresponden a Víctor Raúl Haya de la Torre el pensador y a Ramiro Prialé Prialé, el organizador.
Haya de la Torre cobró un sol por sus servicios a la Nación cuando ejerció el poder constituyente y Ramiro Prialé, se demoró más de 30 años para terminar de pagar la única casa que habitó toda su vida, en el distrito de Jesús María.
Por eso, desmitificar el ego colosal para evidenciar la farsa, es aprista.
La crisis del APRA no pasa por un asunto de cambiar a los que estorban. Es crisis de decrecimiento de los valores revolucionarios y progresistas y de moral, producto del antiaprista perro del hortelano. Y lo estructural, confrontar la relación de cómplice armonía de Alan García y Jorge del castillo.
Esa, es la gran cuestión !!!
Fraternalmente,

Mélenchon canaliza la cólera contra los mercados

El líder del Frente de Izquierda, entre citas de Machado y Trotsky, con su oratoria florida y sus llamadas a la “revolución ciudadana”, convierte a la izquierda radical en la clave de la primera vuelta


Sus peroratas, de gran aliento literario, filosófico y simbólico, combinan lecturas de poemas de Antonio Machado y Louis Aragon, ideas de Evo Morales y Hugo Chávez, proclamas revolucionarias y de la Comuna de París y sentencias de Trotsky, su referente político de juventud. Lo llaman el General Mélenchon, El Tribuno, El Plebeyo o El ruido y la furia. A caballo entre la poesía, la nostalgia y las promesas de una Europa menos liberal y más justa, roja y humana, escucharlo en sus abarrotados mítines es una experiencia que combina momentos de emoción con pasajes de una candidez casi pueril. Pero mucha gente llora al escucharle, y cuando acaba todos dicen que vuelven a creer en la política.
Hablando al corazón (y al bolsillo) de los indignados y los olvidados por el capitalismo sin reglas, Jean-Luc Mélenchon y su Frente de Izquierda se han convertido en la sensación de la campaña francesa, y hoy se disputan el tercer puesto con el otro frente, el de la ultraderechista Marine Le Pen.
En su primera cita con las presidenciales, los sondeos conceden a este exprofesor exsocialista y eurodiputado entre el 13% y el 17% de los votos, un resultado que podría dejar a su viejo camarada François Hollande sin el primer puesto en el primer turno pero ayudarle a ganar el segundo.
Nunca la izquierda francesa ha colocado a dos candidatos entre los tres primeros en unas presidenciales durante la V República, aunque en 1981 el líder del Partido Comunista Francés, Georges Marchais, ya obtuvo un 15% de los votos que luego colaboraron en la victoria final de François Mitterrand.
Mélenchon parece cerca de igualar esa gesta, aunque nadie sabe qué efecto real tendrá. Nicolas Sarkozy planea explotar en esta recta final la idea de que Hollande es un rehén de Mélenchon. Y el candidato socialista llama un día tras otro a sus seguidores a movilizarse en el primer turno para obtener un resultado que le permita unir a la izquierda (poniendo sus condiciones) en la segunda vuelta.
Nacido en Tánger en 1951, Melénchon es realmente el ave rara de la campaña. Siempre se muestra orgulloso de ser hijo de ‘pied noirs’, un funcionario de Correos y una profesora de primaria española que huyó a Marruecos durante la Guerra Civil. Criado en Marruecos, llegó a Francia en 1962, se licenció en Filosofía y en 1986 fue elegido por el Partido Socialista como el senador más joven de la historia republicana. Luego fue ministro de Formación Profesional durante dos años en el muy liberal gabinete de Lionel Jospin. La ruptura con los socialistas empezó en 2005, cuando hizo campaña por el no a la Constitución Europea –“la primera insurrección popular contra la oligarquía mediática y política”-, y en 2008 abandonó el partido.
Dos años después, siendo ya copresidente del Frente de Izquierda, publicó el panfleto titulado Que se vayan todos, síntesis del ideario revolucionario y análisis marxista de la globalización neoliberal que vendió decenas de miles de copias. Tras ser refrendado como candidato por el Partido Comunista Francés, Mélenchon se ha convertido en el nuevo ídolo de las clases populares, un magma que agrupa a obreros, parados, jóvenes antisistema, sindicalistas, viejos comunistas, republicanos españoles e incluso anarquistas.
Partiendo de un 6% de intención de voto, el líder del Frente de Izquierda ha ido llenando plaza tras plaza en París, Toulouse, Lille, Marsella, y el jueves volverá a convocar a sus seguidores en la capital para la última demostración de fuerza. Méluche llama a los franceses a la “rebelión cívica contra Europa y los mercados” y a “devolver golpe por golpe los ataques a los poderes financieros”. Es el único candidato que no habla de recortes, y eso marca la diferencia en esta campaña donde la austeridad y el control de las cuentas públicas son moneda corriente.
Su programa ofrece aumentar los salarios mínimos un 20% (hasta los 1.700 euros), limitar los máximos a 360.000 euros anuales, y ampliar los derechos de los trabajadores y la protección de las víctimas de la crisis. Además, promete barreras al comercio injusto y exige la VI República, un nuevo sistema político sin corrupción en el que los intereses de los bancos se plieguen a los del trabajo y la fraternidad.
El 14 de abril, en Marsella, ante un océano de banderas rojas y con el Mediterráneo al fondo, Mélenchon animó a los suyos a “desalojar del poder a la derecha y a su representante”, y acabó festejando el aniversario de la II República española, “de la que yo soy hijo”, afirmó. El discurso comenzó así: “Escuchad a Marsella que os habla, ella os cuenta la lección que os trae. Marsella os dice que nuestra oportunidad es el mestizaje. Mientras desde estas orillas partía el espíritu de las cruzadas, nosotros aprendíamos de los árabes y los bereberes la ciencia, las matemáticas, la medicina. Por eso, en esta hora, seguimos rechazando de plano la idea mórbida y paranoica del choque de civilizaciones”.
Mantiene un trato agreste con la prensa, a la que considera esclava del sistema (llama a los periodistas "plumitifs" –plumillas- y les promete liberarlos de sus patrones en cuanto triunfe “la revolución ciudadana”), pero cuando el Senado votó una moción por conflicto de intereses contra su amigo Serge Dassault, dueño de Le Figaro y constructor de armamento militar, prefirió abstenerse.
Ayer, reconoció haber asistido en 2007 a la imposición de la Legión de Honor a Patrick Buisson, notorio simpatizante de extrema derecha y asesor de Sarkozy, y de paso insultó al periodista que se lo preguntó.
Quizá el comunismo, que lleva 30 años enterrado en Europa, solo podía resucitar en Francia. Los estudios electorales muestran que el ascenso del Front de Gauche bebe sobre todo de los abstencionistas y los descontentos, el espectro social al que seduce el Frente Nacional desde hace 30 años. De hecho, Marine Le Pen es la gran enemiga de Mélenchon: “Tenemos necesidad de la derrota de la extrema derecha para que todos, desde ahora, vean en su vecino no un enemigo sino un aliado natural contra las finanzas”.


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Refundar Europa desde la solidaridad

El neoliberalismo ha tocado a su fin. Necesitamos una economía social



Europa está ante una encrucijada histórica en la que se decidirá el futuro común. ¿Lograremos dar una respuesta conjunta a la crisis financiera y monetaria, oponiendo reglas a los desencadenados mercados financieros? ¿Conseguiremos, desde la crisis, desplegar una nueva dinámica para una mayor integración europea? ¿O permitiremos, por el contrario, que Europa se deje desmembrar por los mercados financieros, con el peligro de que revivan antiguos nacionalismos y de que Europa se sitúe a sí misma en un limbo político y económico?
Estamos ante un cambio de época. La era del radicalismo del mercado y del neoliberalismo está tocando a su fin. Sus paladines están antes las ruinas de sus propias teorías. Durante casi 30 años han predicado que solo la libertad de los mercados posibilitaría el progreso de la sociedad. Esa fue la doctrina dominante en la política y en la llamada ciencia económica. Todo esto se ha derrumbado con estrépito con la crisis financiera de 2009. Los mercados liberalizados y desregulados no han trabajado de forma eficiente, sino todo lo contrario. Quienes difundieron estas fatales creencias en el mercado no eran siquiera economistas, sino teólogos. Han anunciado dogmas de fe y defendido intereses bien concretos, que estaban más allá del bien común.
Como respuesta a estos nuevos desafíos ya no sirven las recetas de entonces. Como socialdemócratas y socialistas europeos sabemos que vivimos un tiempo que exige respuestas nuevas y distintas.
No cabe esperar esas respuestas de los conservadores y liberales de Europa. Ni siquiera ahora quieren darse por aludidos de que han fracasado sus ideas de mercados libres y autosuficientes. Cuando Angela Merkel habla de que lo que hoy se trata es de las “democracias conformes a mercado”, se desenmascara a sí misma y muestra que ella, y sus colegas conservadores, siguen sin entender lo decisivo de este cambio de época. Como socialdemócratas y socialistas europeos afirmamos: necesitamos mercados conformes a la democracia, mercados que se adecuen a una política democrática. Sabemos que Europa es el lugar en el que tenemos que librar de forma conjunta esta lucha política. En esto estriba hoy la gran unidad de los socialdemócratas y socialistas europeos: Europa puede y debe ser el lugar en el que, juntos, domeñemos por segunda vez al capitalismo… en particular, al capitalismo financiero. Lo que necesitamos es una europeización de la economía social de mercado orientada al bienestar a largo plazo de tantos como sea posible, no al beneficio rápido de unos pocos.

Los jefes de Estado y de Gobierno de Europa, predominantemente conservadores, se han dejado manejar durante demasiado tiempo por los mercados. Con reiteradas operaciones de rescate han intentado ganar tiempo, sin atacar la crisis en sus raíces ni poner en su sitio a los mercados financieros.
Y, de forma unilateral, han dado de esta crisis una definición que solo es cierta en algunas partes: por ejemplo, como crisis de deuda de determinados Estados de la UE cuyas finanzas públicas se han descontrolado y cuya competitividad se ha desplomado. En el caso de Grecia, semejante perspectiva podría tener una cierta justificación. En los de Irlanda y España, sin embargo, elude el núcleo del problema. Estos países exhibían, antes de la irrupción de la crisis financiera, unas finanzas públicas ejemplares. Aquí fue sobre todo la crisis financiera internacional la que obligó a ambos Estados a endeudarse masivamente para evitar el colapso de su banca.
Los conservadores y liberales de Europa intentan ocultar esta influencia de la crisis financiera internacional. En vez de sujetar realmente a control a los mercados financieros, en lugar de acometer los problemas estructurales de la eurozona a través de una política económica, financiera y social coordinada de forma efectiva, Europa se somete a un único dictado de ahorro, que no es ni económicamente racional ni socialmente justo. Bajo un nuevo signo, los conservadores y liberales europeos mantienen con vida las ideas y conceptos neoliberales que han fracasado con la crisis: en la medida en que los mercados financieros pueden seguir desarrollando su juego especulativo y en la medida en que los Estados se sujetan a un dictado unilateral de ahorro, cuyo resultado es menores servicios públicos, menor justicia social, más privatización y más libertad de mercado.
Como socialdemócratas y socialistas europeos queremos una política distinta para Europa. Queremos conjugar solidez financiera con solidaridad europea, disciplina presupuestaria con crecimiento y empleo.
1) El pacto fiscal europeo es un paso importante para garantizar unas sólidas finanzas públicas en Europa. Sin embargo, está orientado de forma excesivamente unilateral al ahorro y a la austeridad. Por ello queremos que se complemente con un impulso conjunto europeo hacia el crecimiento y el empleo.
2) Queremos que los mercados financieros sean sometidos a reglas claramente más estrictas y que participen de los costes de la crisis mediante un impuesto a las transacciones financieras. Los fondos de este impuesto podrían ser aportados a un programa económico y de innovación, una especie de Plan Marshall europeo del que tendría que beneficiarse sobre todo Europa meridional.
3) Queremos que a Europa se le dé una fuerte orientación social: a través de una iniciativa común contra el desempleo juvenil, que ha alcanzado en algunos países niveles preocupantes, a través de un estándar social mínimo y salarios justos en toda Europa. Queremos luchar por que las personas vuelvan a tener esto presente: Europa es una comunidad que protege a ciudadanas y ciudadanos.
4) Y sabemos también que Europa, en la crisis, tiene que seguir avanzando en la integración y requiere unos fundamentos democráticos aún más sólidos. Como contrapeso a la política de cénaculo de los jefes de Estado y Gobierno en las cumbres de la UE, el Parlamento Europeo debe convertirse en el lugar central de la decisión política y la democracia europea.
Cuando se habla hoy de Europa, se hace cada vez menos en relación a la paz y la reconciliación, la libertad y la emancipación, y más con conceptos de la economía financiera de mercado: fondo de rescate, mecanismo de estabilidad o endeudamiento. El discurso sobre Europa, que anteriormente era un discurso de ideas políticas, se desarrolla hoy cada vez más en el vocabulario de los gestores empresariales. ¡Pero no podemos dejar a Europa en manos de los gestores de empresas!
Porque Europa es mucho más. Más que el euro, más que un mercado común. Más también que los tratados e instituciones que hoy mantienen unida a la Unión Europea. Europa es también, y sobre todo, una grandiosa idea de coexistencia de personas y pueblos. Refundar este contrato social de ciudadanas y ciudadanos, en diálogo y alianza con los grupos sociales y los socios de la Unión, es una de las grandes tareas a las que puede y debe dedicarse la socialdemocracia en Europa. Europa como comunidad protectora y representación de los intereses de las ciudadanas y ciudadanos en el mundo de mañana: esa es la imagen que del futuro de la nueva y distinta Europa del siglo XXI tenemos nosotros, socialdemócratas y socialistas
Volcán Misti, en fecha no precisada entre los años 1870 y 1879
Foto: Colección de Edward A. Flint, Southern Methodist University, Central University Libraries, DeGolyer Library

Volcán Misti, en fecha no precisada entre los años 1870 y 1879
Foto: Colección de Edward A. Flint, Southern Methodist University, Central University Libraries, DeGolyer Library

Plaza de Armas de Arequipa, en fecha no precisada entre los años 1870 y 1879
Foto: Colección de Edward A. Flint, Southern Methodist University, Central University Libraries, DeGolyer Library

Arequipa, en fecha no precisada entre los años 1870 y 1879
Foto: Colección de Edward A. Flint, Southern Methodist University, Central University Libraries, DeGolyer Library

Arequipa, en fecha no precisada entre los años 1870 y 1879
Foto: Colección de Edward A. Flint, Southern Methodist University, Central University Libraries, DeGolyer Library

Arequipa, en fecha no precisada entre los años 1870 y 1879
Foto: Colección de Edward A. Flint, Southern Methodist University, Central University Libraries, DeGolyer Library

Arequipa, en fecha no precisada entre los años 1870 y 1879
Foto: Colección de Edward A. Flint, Southern Methodist University, Central University Libraries, DeGolyer Library