jueves, 19 de abril de 2012

Escribe: César Vásquez Bazán
Smedley D. Butler (1881-1940) Mayor General del Cuerpo de Infantería de Marina de los Estados Unidos, condecorado con dos medallas de honor por el Congreso norteamericano y con la Medalla por Servicios Distinguidos. Butler participó en la toma por EE.UU. de Veracruz, México, en 1914 y de Ft. Riviere, Haití, en 1917.

En Connecticut, el 21 de agosto de 1931, el general Butler pronunció un sorprendente discurso ante los miembros de la American Legion. Sus palabras denunciaron el carácter imperialista de las intervenciones en el extranjero de las fuerzas armadas de EE.UU.

Dijo Butler en esa ocasión: “Pasé treinta y tres años y cuatro meses en el servicio activo como miembro de la fuerza militar más ágil de nuestra nación, la Infantería de Marina. Presté mis servicios en todos los rangos de la oficialidad, desde subteniente hasta mayor general… Durante ese periodo dediqué la mayor parte de mi tiempo a ser un matón de primera categoría al servicio de las Grandes Empresas, Wall Street y los banqueros… En pocas palabras fui un extorsionador, un intimidador, un pistolero a las órdenes del capitalismo… En 1924 ayudé a hacer que México, y especialmente Tampico, estuvieran asegurados para los intereses petroleros estadounidenses. Colaboré a hacer de Haití y Cuba lugares decentes para que los muchachos del National City Bank pudieran obtener sus ingresos. Ayudé a violar a media docena de repúblicas centroamericanas en beneficio de Wall Street. La historia de intimidaciones y extorsiones es larga. Entre 1909 y 1912 ayudé a purificar Nicaragua para la firma bancaria internacional de Brown Brothers. En 1916, iluminé a la República Dominicana para los intereses azucareros estadounidenses. En 1903 ayudé a “enderezar” Honduras para las compañías fruteras estadounidenses. En 1927, en China, colaboré a que la Standard Oil obtuviera lo que deseaba sin ser molestada. Tuve… una abultada cartera de intimidaciones y extorsiones. Fuí recompensado con honores, medallas y ascensos. … Pude haberle dado algunos consejos a Al Capone. Lo mejor que él pudo hacer con sus “empresas” fue obtener dinero, intimidando en tres ciudades. Los Marines operaban en tres continentes”.


Tras analizar su propia experiencia militar, Butler denunció el enriquecimiento de los proveedores de las fuerzas armadas, tema que un cuarto de siglo después retomaría el presidente Eisenhower cuando denunció la nefasta influencia del Complejo Industrial Militar sobre el Gobierno de Washington. A la vez, Butler se convirtió en campeón del movimiento pacifista.

War Is A Racket

En 1935, el general Butler escribió War Is A Racket (La guerra es una estafa) denunciando las guerras contemporáneas como aventuras imperialistas en beneficio de Wall Street. Propuso la idea que las fuerzas armadas deberían utilizarse preferentemente con fines de defensa. EE.UU. podría declarar guerras ofensivas sólo si hubieran sido aprobadas en plebisicitos limitados, en que únicamente votarían aquellos que pudieran ser llamados a filas.

En el libro, Butler planteó la drástica limitación de las distancias que podrían movilizarse la marina (200 millas) y la aviación (500 millas) con respecto a la línea costera de EE.UU. De igual forma, señaló que de no contar con la aprobación del plebiscito limitado, las fuerzas de tierra no podrían abandonar el territorio estadounidense.

El opúsculo de Butler fue publicado en Nueva York por la editorial Round Table Press Inc. Contiene cinco breves capítulos:

1. La guerra es una estafa
2. ¿Quién recibe las utilidades?
3. ¿Quién paga las cuentas?
4. ¡Cómo acabar con esta estafa!
5. ¡Al diablo con la guerra!

LA GUERRA ES UNA ESTAFA
(WAR IS A RACKET)
Smedley D. Butler
Traducción de César Vásquez Bazán

Capítulo 1
La guerra es una estafa

La guerra es una estafa. Siempre lo ha sido.

Posiblemente es el tipo de estafa más antiguo, sobradamente el más lucrativo, seguramente el más perverso. Es el único de alcance internacional. Es el único en el que las utilidades se calculan en dólares y las pérdidas en vidas humanas.

Creo que la mejor descripción de una estafa es algo que no es lo que parece ser para la mayoría de la gente. Solamente un pequeño grupo “enterado” sabe de qué se trata. Se realiza para beneficio de los muy pocos a expensas de los muchos. Gracias a la guerra un pequeño número de personas amasa fortunas enormes.

En la Primera Guerra Mundial un puñado de individuos recogió las utilidades del conflicto. Durante la [Primera] Guerra Mundial, surgieron en los Estados Unidos por lo menos veintiún mil nuevos millonarios y multimillonarios. Ése fue el número que admitió sus enormes y sangrientas ganancias en sus declaraciones juradas del Impuesto a la Renta. Nadie sabe cuántos otros millonarios, surgidos de la guerra, falsificaron sus declaraciones juradas de impuestos.

¿Cuántos de estos millonarios de la guerra portaron un fusil sobre sus hombros? ¿Cuántos de ellos cavaron una trinchera? ¿Cuántos de ellos supieron lo que significó padecer hambre en un refugio subterráneo infestado de ratas? ¿Cuántos de ellos pasaron noches de miedo y desvelo, evadiendo los bombardeos, las esquirlas y las balas de las ametralladoras? ¿Cuántos de ellos rechazaron una carga a la bayoneta del enemigo? ¿Cuántos de ellos resultaron heridos o perecieron en el campo de batalla?

Como producto de la guerra, las naciones victoriosas conquistan territorio adicional. Simplemente se apoderan de él. El territorio recién capturado es explotado prontamente por unos pocos, los mismísimos pocos que destilaron dólares a partir de la sangre vertida en la guerra. El pueblo paga la cuenta.

¿Y cuál es esta cuenta?

La cuenta traduce una contabilidad terrible. Lápidas recién colocadas. Cuerpos despedazados. Mentes destrozadas. Corazones y hogares rotos. Inestabilidad económica. Depresión y todas las amarguras relacionadas. Impuestos agobiantes por generaciones y generaciones.

Por muchos años, como soldado, tuve la sospecha que la guerra era una estafa. Sólo cuando me retiré a la vida civil pude darme cuenta de ello cabalmente. Hoy en día, cuando veo nuevamente poblarse el firmamento con las nubes de la guerra internacional, debo encararla y hablar claro.

Otra vez [las naciones] están alineándose. Francia y Rusia se reunieron y acordaron mantenerse juntas. Apuradas, Italia y Austria llegaron a similar acuerdo. Polonia y Alemania se miraron con ojos de cordero y olvidaron por el momento su disputa sobre el Corredor Polaco. El asesinato del rey Alejandro de Yugoslavia complicó las cosas. Yugoslavia y Hungría, por mucho tiempo enemigos acérrimos, estuvieron a punto de agredirse. Italia estaba lista para intervenir. Francia esperaba. Igual hacía Checoslovaquia. Todas estas naciones están previendo la guerra. No la gente –no los que luchan y pagan y mueren–; sólo aquellos que promueven las guerras y permanecen en la seguridad de sus casas a la espera de recibir las utilidades.

En el mundo de hoy existen cuarenta millones de hombres en armas y nuestros estadistas y diplomáticos tienen la temeridad de decir que no se prepara una guerra.

¡Campanas que anuncian el infierno! ¿Estos cuarenta millones de hombres están entrenándose para ser bailarines?

De seguro, no en Italia. El Primer Ministro, Mussolini, sabe para lo que se les está entrenando. Él, al menos, es suficientemente franco y habla claro. Hace pocos días, Il Duce escribió en Internacional Conciliation, publicación de la Fundación Carnegie para la Paz Internacional:

“Y sobre todo, el fascismo, cuanto más considera y observa el futuro y el desarrollo de la humanidad, aparte de las consideraciones políticas del momento, no cree en la posibilidad de la utilidad de la paz perpetua… Sólo la guerra eleva toda la energía humana hasta alcanzar su tensión más alta y coloca el sello de la nobleza sobre los pueblos que tienen el coraje de practicarla”.

Sin duda, Mussolini quiere decir exactamente lo que dice. Su bien entrenado ejército, su gran escuadra aérea e, incluso, su marina están listos para la guerra; al parecer están ansiosos por ella. Así lo demuestra su reciente toma de posición, al lado de Hungría, en el conflicto de ésta con Yugoslavia. Así lo evidencia también la apurada movilización de sus tropas en la frontera austriaca tras el asesinato de Dollfuss.

Hay otros, también en Europa, cuyos sonidos de sables presagian guerra, tarde o temprano.

Herr Hitler, con su rearme alemán y sus constantes demandas por más y más armamento es una amenaza similar, si no mayor, a la paz. Hace muy poco tiempo, Francia aumentó el período del servicio militar para su juventud de un año a dieciocho meses.

Sí, en todo lugar, las naciones viven en armas. Los perros rabiosos de Europa andan sueltos.

Las maniobras son más hábiles en el Oriente. En 1904, cuando pelearon Rusia y Japón, aplicamos un puntapié a nuestros antiguos amigos los rusos y apoyamos a Japón. En ese entonces nuestros muy generosos banqueros internacionales estaban financiando a Japón. Ahora la tendencia es a envenenarnos [la mente] contra los japoneses. ¿Qué significa para nosotros la política de “puertas abiertas” con China? Nuestro comercio con China es de noventa millones de dólares anuales, aproximadamente. ¿Y las Filipinas? En treinta y cinco años hemos gastado cerca de seiscientos millones de dólares en las Filipinas y tenemos allí inversiones privadas–mejor dicho, nuestros banqueros, industriales y especuladores– por menos de doscientos millones de dólares.

Para salvar ese comercio de cerca de noventa millones de dólares con China, o para proteger esas inversiones privadas de menos de doscientos millones de dólares en las Filipinas, debemos instigar el odio contra Japón e ir a la guerra, una guerra que bien pudiera costarnos decenas de billones de dólares, centenares de miles de vidas de estadounidenses, y muchos más centenares de millares de hombres físicamente mutilados y mentalmente desequilibrados.

Por supuesto, habría una utilidad que compensaría esta pérdida: las fortunas que serían amasadas. Se acumularían millones y billones de dólares. Para algunos. Los fabricantes de municiones. Los banqueros. Los armadores de buques. Los fabricantes. Los embaladores de carne. Los especuladores. A ellos les iría bien.

Sí, ellos se están preparando para otra guerra. ¿Por qué no deberían hacerlo? La guerra paga elevados dividendos.

Pero, ¿genera beneficios para las masas?

¿En qué beneficia a los hombres que resultan muertos? ¿En qué beneficia a los hombres que resultan mutilados? ¿En qué beneficia a sus madres y hermanas, a sus esposas y a sus novias? ¿En qué beneficia a sus hijos?

¿En qué beneficia a cualquier persona, excepto los muy pocos para quienes la guerra significa enormes utilidades?

Sí, ¿y en qué beneficia a la nación?

Tomemos nuestro propio caso. Hasta 1898 no poseíamos una pizca de territorio fuera del continente de América del Norte. En aquella época nuestra deuda nacional era un poco más de mil millones de dólares. Entonces adoptamos una mentalidad “internacional”. Olvidamos, o dejamos de lado, el consejo del Padre de nuestro país. Nos olvidamos de la advertencia de Washington sobre “alianzas [internacionales] enredadas”. Fuimos a la guerra. Adquirimos territorio en el exterior. Al final del período de la [Primera] Guerra Mundial, como resultado directo de nuestros manejos en asuntos internacionales, nuestra deuda nacional había pasado a ser más de veinticinco mil millones de dólares. Nuestra balanza comercial total durante el período de veinticinco años fue favorable en veinticuatro mil millones de dólares, aproximadamente. Por lo tanto, sobre una base puramente contable, nos fuimos atrasando poco a poco, año por año. Sin las guerras, ese comercio exterior bien pudo haber sido nuestro.

Para el estadounidense promedio, que paga las facturas, hubiera sido más barato (por no decir más seguro) permanecer al margen de los embrollos extranjeros. Para muy pocos esta estafa –como la de producir o vender licor de contrabando y timos similares del mundo del hampa– trae utilidades fantásticas. Sin embargo, el costo de las operaciones siempre se transfiere a la gente, la que no obtiene utilidades.



Portada de 1935 del libro “War Is A Racket”

Capítulo 2
¿Quién recibe las utilidades?

La [Primera] Guerra Mundial –diríamos más bien nuestra breve participación en ella– ha costado a los Estados Unidos unos cincuenta y dos mil millones de dólares. Calculemos. Eso significa cuatrocientos dólares por cada hombre, mujer y niño estadounidense (1). Todavía no hemos pagado esa deuda. La estamos pagando, nuestros hijos la pagarán y, probablemente, los hijos de nuestros hijos todavía tengan que pagar el costo de esa guerra.

Las utilidades normales de un negocio en los Estados Unidos son seis, ocho, diez y, a veces, hasta doce por ciento. Pero las utilidades en tiempo de guerra, ¡ah! ésa es otra cosa: veinte, sesenta, cien, trescientos y hasta mil ochocientos por ciento. El cielo es el límite. Todo lo que la situación permita. El Tío Sam (2) tiene el dinero. Obtengámoslo de él.

Por supuesto, esto no se expone tan crudamente en tiempo de guerra. Viene incorporado en los discursos acerca del patriotismo, el amor al país, y la necesidad que “todos pongamos el hombro”. No obstante, las ganancias aumentan prodigiosamente y son recibidas con seguridad. Examinemos algunos ejemplos.

Consideremos a nuestros amigos los du Pont, la gente que fabrica la pólvora. ¿Recientemente no declaró uno de ellos, ante un Comité del Senado, que su pólvora fue la que ganó la guerra? ¿Que ella fue la que salvó el mundo para la democracia? ¿O algo parecido? ¿Cómo les fue a los du Pont en la guerra? Ellos formaban parte de una empresa patriótica. Bien, en el período 1910-1914, el promedio anual de ganancias de los du Pont fue de seis millones de dólares (3). No era mucho, pero los du Pont supieron vivir con él y salir adelante. Examinemos ahora el promedio de utilidades anuales durante los años de la guerra, de 1914 a 1918. ¡Encontramos que su utilidad anual ascendió a cincuenta y ocho millones de dólares! Casi diez veces el promedio de épocas normales, sin olvidar que las utilidades de las épocas normales eran bastante buenas. Un aumento en las ganancias de más del novecientos cincuenta por ciento.

Examínese el caso de una de nuestras pequeñas empresas siderúrgicas que tan patrióticamente dejaron de lado la fabricación de rieles, vigas y puentes para producir material de guerra. Bien, sus ganancias anuales en el período 1910-1914 promediaron los seis millones de dólares. Luego vino la guerra. Y, como ciudadanos leales, rápidamente, la Bethlehem Steel pasó a producir municiones. ¿Crecieron sustancialmente sus utilidades o dejaron que el Tío Sam hiciera su agosto? Bien, su promedio anual de utilidades en el período 1914-1918 fue de ¡cuarenta y nueve millones de dólares!

Consideremos el caso de la United States Steel. Las utilidades anuales normales durante el período de cinco años anterior a la guerra fueron de ciento cinco millones de dólares. Nada mal. Llegó la guerra y las utilidades se fueron para arriba. El promedio anual de utilidades del período 1914-1918 fue de doscientos cuarenta millones de dólares. Nada mal.

Ésas fueron algunas muestras de las utilidades del acero y la pólvora. Analicemos otras industrias. La del cobre, quizá. Al cobre siempre le va bien en tiempos de guerra.

Anaconda, por ejemplo. Su promedio de ganancias anuales en los años anteriores a la guerra –es decir entre 1910 y 1914– fue de diez millones de dólares. Durante los años de la guerra 1914-1918 las utilidades anuales pasaron a ser treinta y cuatro millones de dólares.

O el caso de la Utah Cooper. Entre 1910 y 1914, el promedio anual de utilidades ascendió a cinco millones de dólares. Durante el período de la guerra saltó a un promedio anual de utilidades de veintiún millones de dólares.

Agrupemos estas cinco empresas con tres compañías más pequeñas. El total de los promedios de utilidades anuales en el período anterior a la guerra (1910-1914) ascendió a 137,480,000 dólares. Entonces llegó la guerra. El promedio de utilidades anuales de este grupo se elevó súbitamente a 408,300,000 dólares.

Un pequeño aumento en las utilidades de aproximadamente doscientos por ciento.

¿La guerra paga? Les pagó a ellos. Pero no son los únicos. Hay otros más. Examinemos la industria del cuero.

En el período de tres años anterior a la guerra, las utilidades totales de la Central Leather Company ascendieron a tres millones y medio de dólares, esto es 1,167,000 dólares anuales aproximadamente. Bien, en 1916 la Central Leather Company arrojó utilidades de quince millones y medio de dólares, un pequeño aumento de 1,100 por ciento. Eso es todo. Durante los tres años anteriores a la guerra, la General Chemical Company registró un promedio de utilidades anuales de un poco más de ochocientos mil dólares. Llegó la guerra y las utilidades crecieron a doce millones de dólares, un salto de mil cuatrocientos por ciento.

La International Nickel Company –recuerde el lector que no puede haber guerra sin níquel– mostró un aumento en sus utilidades anuales de un modesto promedio de cuatro millones de dólares a 73,500,000 dólares. ¿Nada mal, no? Un aumento mayor a mil setecientos por ciento.

La American Sugar Refining Company promedió doscientos mil dólares anuales en los tres años anteriores a la guerra. En 1916 registró una utilidad de seis millones de dólares.

Leamos lo que dice el Documento del Senado No. 259. El sexagésimo quinto Congreso [de los EE.UU.], informa sobre las ganancias empresariales y los ingresos del gobierno. Considera las utilidades durante la [Primera] Guerra [Mundial] de 122 empacadores de carne, 153 fabricantes de algodón, 299 fabricantes de ropa, 49 plantas siderúrgicas y 340 productores de carbón. Las utilidades inferiores a veinticinco por ciento fueron muy raras. Por ejemplo, durante la guerra las compañías del carbón redituaron un beneficio de entre cien y 7,856 por ciento sobre su capital social. Los empacadores de Chicago duplicaron y triplicaron sus ganancias.

Y no nos olvidemos de los banqueros que financiaron esta gran guerra. Si algunos recibieron lo mejor de las utilidades ésos fueron los banqueros. Por ser considerados consorcios y no empresas, no tenían por qué informar a sus accionistas. Sus utilidades eran tan secretas como inmensas. No sé cómo los banqueros hicieron sus millones y sus billones, porque esos pequeños secretos nunca llegan a ser públicos, ni siquiera ante una comisión investigadora del Senado.

Pero a continuación describiré la manera cómo algunos de los otros industriales y especuladores patriotas se abrieron camino para obtener las utilidades de la guerra.

Tomemos las empresas del calzado. A ellas les gusta la guerra. Significa negocios con utilidades extraordinarias, anormales. Obtuvieron utilidades enormes exportando a nuestros aliados. Quizá, al igual que los fabricantes de municiones y armamento, también vendieron su producto al enemigo. Es que un dólar es un dólar, venga de Alemania o de Francia. Pero, de igual manera, también les fue bien con el Tío Sam. Por ejemplo, vendieron treinta y cinco millones de pares de botas de servicio, de ésas con la suela clavada. Había cuatro millones de soldados. La proporción era de ocho pares y algo más por soldado. Durante la guerra mi regimiento sólo recibió un par de botas por soldado. Probablemente, algunas de esas botas existan todavía. Era un buen calzado. Pero cuando la guerra terminó, el Tío Sam contaba con un sobrante de veinticinco millones de pares de botas. Compradas y pagadas. Ganancias registradas e ingresadas.

Sin embargo, había cantidad de cuero sin usar. Así que la gente del cuero vendió a su Tío Sam centenares de miles de sillas de montar McClellan para la caballería. ¡El problema era que no había caballería estadounidense en ultramar! Claro, alguien tenía que deshacerse de ese cuero. Alguien tenía que obtener una utilidad de él, así que tuvimos muchas de esas sillas de montar McClellan. Probablemente todavía las tengamos.

De igual forma, alguien tenía montones de malla para mosquiteros. Vendieron a tu Tío Sam veinte millones de estas mallas de mosquiteros para el uso de los soldados en ultramar. Supongo que se esperaba que los soldados se las colocaran encima mientras intentaban dormir en trincheras fangosas, una mano rascándose las espaldas llenas de piojos y la otra haciendo pases a ratas escurridizas. Pues bien, ¡ninguna de esas mallas de mosquitero llegó a Francia!

De cualquier manera, estos creativos fabricantes se aseguraron que ningún soldado se quedara sin su malla de mosquitero, por lo que le vendieron al Tío Sam cuarenta millones de yardas adicionales de malla de mosquitero.

Se obtuvieron utilidades bastante buenas con los mallas de mosquitero en esos días de la guerra, incluso si se considera que no había mosquitos en Francia.

Supongo que si la guerra hubiera durado un poquito más, los emprendedores fabricantes de malla para mosquiteros habrían vendido a tu Tío Sam un par de cargamentos de mosquitos para introducirlos en Francia, de manera que se comprase más mallas para mosquiteros.

Los fabricantes de aviones y motores sentían, también, que debían obtener sus justas utilidades de esta guerra. ¿Por qué no? Todos los demás estaban recibiendo las suyas. Así que el Tío Sam gastó mil millones de dólares –cuéntenlos si viven lo suficiente– en construir aviones y motores de aviones ¡que nunca despegaron! Ni un avión, ni un motor, de los comprados con los mil millones de dólares, entró en combate en Francia. A pesar de ello, los fabricantes obtuvieron pequeñas utilidades de treinta, cien, o quizá trescientos por ciento.

El costo de fabricación de la ropa interior para los soldados era de catorce centavos y el Tío Sam pagó de treinta a cuarenta centavos, una pequeña y agradable utilidad para el fabricante de la ropa interior. Los fabricantes de medias, uniformes, gorras y cascos de acero, todos ellos, obtuvieron sus utilidades.

¿Por qué, cuando terminó la guerra, unos cuatro millones de juegos de equipo –mochilas y las cosas que van dentro de ellas– abarrotaban los almacenes en este lado [del Atlántico]? Hoy están siendo desechados porque han cambiado las regulaciones sobre lo que debe ser su contenido. Sin embargo, los fabricantes recibieron sus utilidades de tiempos de guerra y harán lo mismo la próxima vez.

Durante la guerra surgieron muchas ideas brillantes para obtener utilidades.

Un patriota muy versátil vendió al Tío Sam doce docenas de llaves de cuarenta y ocho pulgadas. Eran llaves muy simpáticas. El único problema era que sólo había una tuerca lo bastante grande que requiriese este tipo de llave. Ésta era la tuerca que sujetaba las turbinas en las cataratas del Niágara. Bien, después que el Tío Sam compró las llaves y el fabricante se metió las utilidades al bolsillo, las llaves fueron colocadas en coches de carga y paseadas por todo Estados Unidos en un esfuerzo por encontrar uso para ellas. La firma del Armisticio fue un golpe desolador para el fabricante de las llaves. Éste estaba por comenzar a producir algunas tuercas que calzaran con las llaves. Una vez fabricadas, planeaba venderlas a tu Tío Sam.

Otro tuvo la brillante idea que los coroneles no deberían movilizarse en automóviles, ni siquiera a caballo. Probablemente alguien haya visto el retrato de Andy Jackson movilizándose en una calesa (4). Bien, para el uso de los coroneles se vendió al Tío Sam ¡seis mil calesas! Ni una de ellas fue utilizada. Pero el fabricante de calesas obtuvo sus utilidades de la guerra.

Los constructores de buques sintieron que algo les debería caer también a ellos. Construyeron muchos buques que produjeron grandes utilidades. Por un valor superior a los tres mil millones de dólares. Algunas de las naves estuvieron bien construidas. Sin embargo, buques hechos de madera, por un valor de seiscientos treinta y cinco millones de dólares ¡nunca flotarían! Las uniones se abrieron y las naves se hundieron. Sin embargo, pagamos por ellas. Alguien se metió las utilidades al bolsillo.

Los estadígrafos, economistas e investigadores han estimado que la guerra costó a tu Tío Sam cincuenta y dos mil millones de dólares. De esa suma, treinta y nueve mil millones se gastaron en los años que duró la guerra. Ese gasto rindió dieciséis mil millones de dólares en utilidades. Así es como veintiún mil personas llegaron a ser millonarios y multimillonarios. Esta utilidad de dieciséis mil millones de dólares no debe ser tomada a la ligera. Es una suma bastante considerable. Fue a parar a manos de muy pocos.

El Comité Nye del Senado, encargado de investigar la industria de las municiones y sus utilidades en tiempo de guerra, a pesar de sus revelaciones sensacionales, apenas arañó la superficie (5).

Aún así ha tenido cierto efecto. “Por algún tiempo” el Departamento de Estado ha venido estudiando métodos para mantener [a EE.UU.] fuera de la guerra. Repentinamente, el Departamento de Guerra informa que tiene un plan maravilloso por presentar. La Administración nombra a un Comité para limitar las utilidades en tiempos de guerra, Comité integrado por los Departamentos de Guerra y Marina, hábilmente representados bajo la presidencia de un especulador de Wall Street. No se conoce a cuánto ascendería ese límite. Hmmm. Posiblemente las utilidades de trescientos, seiscientos y mil seiscientos por ciento de aquellos que con la [Primera] Guerra Mundial transformaron sangre en oro serían limitadas a alguna cifra inferior.

Sin embargo, al parecer el plan no establece ninguna limitación para las pérdidas, es decir, las pérdidas de los que luchan en la guerra. Por lo que he podido comprobar, no existe nada en el esquema que limite la pérdida de un soldado a sólo un ojo, o un brazo, o para limitar sus heridas a una, dos o tres. O para limitar la pérdida de vidas.

Aparentemente, no hay nada en este esquema que disponga que no más del doce por ciento de un regimiento deba ser herido en combate, o que no más del siete por ciento de una división deba perecer en la guerra.

Por supuesto, el Comité no puede ser incomodado con tan insignificantes minucias.


“Liberty Bond” (Bono por la Libertad) por valor de cien dólares. Fue emitido en septiembre de 1918 y perteneció a la cuarta serie de estos bonos, conocida como “Liberty Loan” (Préstamo por la Libertad).
¿Son invencibles ladrones alanistas?

Escucho con frecuencia que los ladrones alanistas poseen ingentes recursos y que aquellos estarán a su servicio cuando vuelvan, fuera del gobierno, a mandonear en Alfonso Ugarte (¿alguna vez se fueron?). Y ese “argumento” atemoriza o inhibe a no pocos buenos hombres y mujeres en lo que debiera ser la reconquista de su partido, el movimiento fundado por Haya de la Torre. Sin embargo, la especie desatiende la estructura lógica (si hay lógica en la exacción y la monra de la cosa pública) de cómo actúa y piensa la cacocracia alanista: ¡sólo gasta lo birlado al Estado, el producto de la coima o del óbolo que dan las grandes empresas o bancos y en ningún caso emplea dinero que ya está anclado en sus bolsillos!
Por tanto, luego del período gubernamental 2006-2011 ¿de dónde el flujo que pague servicios de apaleamiento de adversarios, intimidación judicial a cargo de magistrados corruptos, “mermelada” a los medios para destruir honras y reputaciones, comisiones para burócratas responsables de engrasar tal o cual gestión dolosa, si el caño principal está clausurado? Si las compuertas de combustible se cierran o empiezan a bloquear su curso, pensar que alanistas de todo pelaje pagarán de su peculio esta clase de asaltos, es parte de un craso error de óptica.
¿Cómo actúa el ladrón?: guarda pan para mayo. O para viajar y sombrearse hasta que “se calme el ambiente”. Ha supervisado que estudios de abogados vigilen al milímetro sus estafas y el producto sustancioso de las mismas y las ha incorporado a cuentas, casi siempre en el exterior. En buen castellano, ha maquillado sus delitos y del producto honró las facturas cómplices. Además, a muy alto nivel, la transición, los que se van aleccionan a los que llegan, consiste en proteger a los pirañas antiguos y explicar bien a los nuevos del porqué de esta situación claramente perjudicial al pueblo peruano pero feraz a las faltriqueras.
Otro yerro estriba en considerar a los alanistas como militantes y creyentes en la doctrina o ideología de Haya de la Torre. ¡De ninguna manera! En la mente del ladrón alanista habita una termita o una langosta. Su meta es enriquecerse so pretexto del cumplimiento de tareas en la cosa pública, pero los escándalos son mayúsculos y repiten su paso desvergonzado como en el lustro 1985-1990. ¡Hasta en las leyes del Congreso esconden tapaderas de sucesos de hace veinte años con nepótico designio! Los discursos ya no alcanzan a disimular la profunda, raigal y esencial inmoralidad de que hace gala cualquier patán que hoy no acierta a esconder múltiples autos, propiedades inmobiliarias, negociados al por mayor, gruesos enjambres dinásticos de amigos, parientes, queridas o queridos, en empresas cuya única función es hacerse recipendiaria de favores que el Estado otorga gracias a la influencia y carente, casi siempre, de méritos.
Hay una genética vocación delincuencial en los alanistas, ésa que Víctor Raúl describió en su carta desde la prisión en San Lorenzo, el 3 de octubre de 1923, antes de partir al destierro: la política como vil negociado culpable.
Al ladrón, no hay que retacearle cualidades, hay que llamarlo truhán a secas. Recordarle siempre su paso depredador por el Estado y la comisión de exacciones con el dinero público.
Decía Winston Churchill que si un súbdito inglés nacía, crecía, vivía y estudiaba pero ¡no hacía nada porque las cosas cambiaran entonces trocaba en ¡un ladrón de su tiempo! En efecto, aquí hay decenas, cientos o miles de ladrones que robaron el patrimonio espiritual de una historia azarosa, enriquecida por el martirologio y la rectitud de hombres y mujeres que vinieron a hacer la revolución de pan con libertad que estas langostas despreciables convirtieron, como cuando el civilismo, en los viejos usos de la butifarra y el licor.
No hay escatología o injuria en que no hayan incurrido los ladrones alanistas: destruyeron al Partido, lo despojaron de ideología, pulverizaron la Fraternidad, lo anemizaron en su concepción social de Frente Unico de Trabajadores Manuales e Intelectuales, escupieron sobre el sacrificio de sus héroes y mártires, convirtieron el robo y la monra en “formas de vida” y la mejor demostración es que para el habitante común y corriente “todos los apristas son vulgares rateros”. Al estafador, caco y vil exaccionador simplemente hay que reconocerlo como tal. Y de manera vitalicia.
¡A estos no se les saluda, se les escupe con indignación!
Ser alanista es exhibir prontuario y ser mirado con la sospecha de que robó o dejó robar o copió y se apropió de lo que no era suyo. Siempre un elemento postizo, inane, innoble, capaz de negociar por unas pocas monedas cualquier afán egoísta.
¿Qué esperan los buenos apristas supérstites en todo el Perú para ponerse los pantalones y limpiar el templo de tanta traición?
¿He dicho algo distinto de lo que todos conocen pero de lo que NO hablan? Problema y miedos ajenos, no míos.
¡Atentos a la historia, las tribunas aplauden lo que suena bien!
Mulder no ha muerto, ha perdido la memoria

 
Mauricio piensa conforme su ubicacion, en las epocas del referendum era un recalcitrante de Fujimori, luego elegido congresista en el 2001 presidio una comision investigadora de la dictadura fujimorista que fue ineficiente en procesos, no identifico responsables de delitos penales y fue nula la recuperacion de lo sustraido. Ya en el gobierno de Alan Garcia siguiendo los mandatos de palacio no hizo nada por restituir la Constitucion del 79 y se goberno con la Constitucion de la dictadura.
Expone las virtudes de los partidos democraticos pero cuando el fue Secretario General se convirtio en un dictador que mantenia matones en la Casa del Pueblo, hizo elecciones internas despues de 6 años cuando la renovacion dirigencial era cada 2 años. No recuerda que verticalmente, a dedo, cambio mas de un centenar de dirigencias. Pisoteo la autonomia de la JAP reorganizandolo para imponer una dirigencia servil.
Porque no propuso revisar las concesiones, el entreguismo con los contratos ley, las privatizaciones a precio huevo de la decada de la dictadura. acusa al empresariado nacional pero enmudece en la anulacion de regalias a las mineras a cambio de un obolo incumplido con Alan Garcia.
Mulder no recuerda que en la Campaña electoral sus declaraciones eran mas a favor de Keiko Fujimori, incluso la Comision Politica que el integraba emitio un acuerdo de apoyo a PPK en vispera de la primera vuelta
Finalmente ve la corrupcion en el gobierno de Fujimori pero no en el gobierno de su Jefe y mentor, ahora sale a luz que falsearon datos de pobreza en el INEI, no se acabo con el analfabetismo y esta saliendo a flote casos como la venta de los terrenos del Ministerio de Educacion y la PCM en donde el Peru ha perdido 58 millones de dolares.
Finalmente Mulder ha enmudecido desde que Romulo Leon declaro que lo vio haciendo antesala en las Suites de Canaan y oculta que fue Secretario General del PAP sin un solo voto de las bases, en el XXII Congreso del 2004 fue impuesto por Alan que acordo con Jorge del Castillo que sea por aclamacion.
Con sus actitudes nos quiso imponer un Mulderismo, saco de los padrones a Jesus Guzman, a Luis Alberto Salgado y a otros miles. Pudo haber cambiado la historia del PAP si hacia respetar al Partido en el gobierno pero prefirio ser sumiso y obediente al poder. Hasta ahora no se olvida la subasta de candidaturas municipales y regionales del 2006 que propicio una derrota nacional y tambien la derrota en Trujillo. Hasta ahora buscan los fondos para la campaña.
Mauricio puede reivindicarse y lo primero que debe hacer es exigir la renuncia del CEN del desprestigio, como integrante de la Comision Politica designar un Comando de Accion del PAP, convocar un Jubileo sin corruptos ni traidores, con Padrones limpios democratizar el partido y apoyar un Congreso donde se exija una rendicion de cuentas del gobierno.
Ojala tenga el valor y se aleje de esos asesores que lo han dejado peor que palo de gallinero. Es una pena que en votos preferenciales le haya ganado un calabacita sin militancia.
Al unico que debe hacer caso es a Pablo Arroyo, un buen aprista
Fraternalmente
Hugo Sanchez
  

 
LA DICTADURA AÚN NO HA MUERTO

Por: Mauricio Mulder

A 20 años del infame y falaz golpe de estado del 5 de abril, muchas cosas han quedado todavía pendientes en la historia nacional, entendida como la ciencia que nos permite examinar nuestra realidad para no repetir nuestras desgracias. Los 12 años de estado de derecho que siguieron a la vergonzosa caída de la dictadura fujimorista, no han sido aun constructivos de una nueva institucionalidad y no nos han vacunado contra el virus dictatorial que algunos llevan en sus genes desde épocas coloniales.
1) Seguimos rigiéndonos por la constitución de 1993, que fue el documento de ocupación golpista. Lo avanzado en el 2002 por la comisión Pease y que fue altamente valioso y tuvo casi 50 artículos aprobados por más de 80 votos, fue parado abruptamente tras perder peso político por la reacción mediática del empresariado nacional que se escandalizo alharaquientamente porque se estaba discutiendo eliminar el rol subsidiario del estado en la economía. Es un tema pendiente.
2) Los partidos democráticos, incluido el oficialismo actual, hemos privilegiado nuestras diferencias y enconos mutuos dedicándonos a sacarnos todo tipo de trapitos y lanzarnos todo tipo de acusaciones. Es verdad que muchas veces motivos no faltaban, pero nos olvidamos de hacer docencia de los valores de la democracia, fundamentalmente el dialogo político, para que el país recuerde que no hay nada más corrupto que una dictadura.
3) Muchos medios de comunicación, sobretodo la TV, que en su momento apoyaron al golpe así como muchos de los periodistas de entonces que hoy siguen vigentes, "recuperaron" sus ganas de investigar y fiscalizar con dureza a los políticos, sólo una vez que la dictadura había caído. Sobran ejemplos superconocidos de catones periodísticos de la actualidad, prestos a "levantar" notas fuertes contra parlamentarios impresentables, lo que sin duda es su deber, pero que en épocas dictatoriales silbaban mirando el techo cuando otros impresentables poblaban la fauna congresal fujimorista. Las tres razones del Oidor...
4) Si vemos todas las encuestas que al respecto se han dado, grosso modo, un 30 por ciento de los peruanos aplaudiría una dictadura. No me extraña. Leguía, Sánchez Cerro y Odria fueron populares. Hitler y Mussolini también. Pero aunque fueran mayoritarios, que en realidad nunca lo fueron, no se hagan ilusiones. Ni siquiera los pueblos pueden imponer dictaduras. No es vox populi vox dei. Los derechos fundamentales son inalienables e irrenunciables. No hay dictadura que valga.
5) Albert Camus decía que tiranía totalitaria no se edifica sobre las virtudes de los totalitarios sino sobre las faltas de los demócratas. Es verdad que hay caldos de cultivo. Si las democracias son elitistas, reaccionarias, antiproletarias, corrompidas, los ignorantes creerán que una dictadura barrera con ello. Pero debe quedar claro que la dictadura fujimorista ni redujo la pobreza, ni descentralizó el país, ni dio tanto empleo como lo ha hecho la democracia.
6) El llamado "fujimorismo" es todavía un remanente antidemocrático que le debe perdón al país. El solo hecho de que ese grupo se autodenomine con un apellido y quien hoy lo conduzca lo haga por herencia y no por mérito político, debería ser suficiente para sonrojar al país. Los votos que han obtenido limpiamente debiera llevarlos, algún día, a reflexionar al respecto y a deponer la soberbia que hoy exhiben.
Mariscales del fracaso anuncian “renovación”
Los egregios fautores de la enanización casi final del Apra, han anunciado un congreso en que se “analizará” la tragedia electoral y el ridículo del Partido, otrora de multitudes, y fundado por Haya de la Torre. Uno de los más mediocres capitanes del desmadre, Javier Velásquez Quesquén ha dicho con rostro pétreo:“Nos toca asumir nuestra responsabilidad y evaluar la formación de cuadros dirigenciales nuevos”. Entonces ¿qué esperan para largarse de una dirección que les queda demasiado grande?
Es tanto el cacareo por renovación que no hay siquiera valentía para cuestionar y sindicar con claridad puntual al responsable de este fracaso cuya crónica venía desde muchos meses atrás: el señor Alan García Pérez.
Lo que no pudieron las dictaduras, los asesinatos, las persecuciones, los acosos, todos los inconvenientes que profanaron las leyes, trocaron en verdad la mentira, subvirtieron el orden para enajenar al pueblo su voluntad de victoria, lo ha logrado García Pérez en apenas cinco lustros: yuguló de ideas al Apra; le cortó su vena ética; lo transformó en usina de sus apetitos personales (el poder por el frívolo desempeño de mandarín de las transnacionales) y castró literalmente, alquilando y pagando los servicios de sus adláteres, cómplices y socios de la muy cuestionable empresa de destruir al Apra. Ninguno de ellos puede hablar muy mucho sin aprehender y comprender que en esa mención está, también, su pasaporte a la cárcel. Las tarifas varían y los métodos, también.
Lo que antaño fue una fraternidad de hombres y mujeres de todas las regiones del país, incapaces de distinguirse por razón de su fe o de su color de piel, al amparo de las consignas de fe, unión, disciplina y acción; los cánticos que hermanaban al militante en el dolor, en la lucha o en la victoria, hoy rumia por ineptitud cataclísmica de unos negados para cualquier cosa inteligente, su fracaso y con la ominosa cifra de ¡4 parlamentarios!
El alanismo, esa degeneración que presume de a tal servicio, tal precio y “cómo es la mía”, es cualquier cosa, menos parte de la doctrina y la ideología que enseñara por calles y plazas Víctor Raúl, la generación fundadora y la que hasta 1979 representó con brillo, elocuencia, honestidad a prueba de balas y coimas, al Partido que fuera una esperanza de justicia de pan con libertad. La patota que hoy se ha enseñoreado del mando en esa organización sólo puede exhibir las credenciales que les muestran como ladrones e impostores.
¿Cómo así que los mariscales del desmadre van a evaluar su estupidez congénita? ¿es eso posible? ¡Ni siquiera se atreven a pedir cuentas al cínico y aprovechador y gran autor de este nuevo fracaso! ¿con qué cara pretenden mantener el andamio de engañifas, fraudes y cinismos que son el compendio de su accionar público? Seamos claros: del mediocre sólo se puede esperar la generación de frutos viles o putrefactos.
Que no sorprenda que algún turiferario o cobra-sueldo aliente la formación de un nuevo partido porque el que tenían ya lo destruyeron y casi lo mataron de tanto robarle y asaltarle el cuerpo de ideas, decenios de heroísmo y consagración cívica por la lucha revolucionaria.
En los pueblos en que la vergüenza por el fracaso constituye un acto de valor, acaso el último, la admisión del yerro y el apartamiento vitalicio es garantía de supervivencia y renovación bajo el comando de los más inteligentes y talentosos. Cuando tarados químicamente puros y sinceros persisten en la comisión de los mismos errores que les llevaron al abismo, no hay cómo salvar nada y más vale preparar las honras fúnebres.
Que no extrañe que los canes alquilados y mercenarios ladren con fuerza espumosa. Para eso les pagan y en eso les va la tasa de cómo miden sus “honorarios”. Y los resultados están a la vista: sin candidatura municipal en Lima, sin postulante presidencial en abril y con ¡4 legisladores!
¡Que se vayan todos!
El retorno de los “elefantes” peruanos


¿Se ha puesto alguien, en dependencia oficial, para-oficial, comercial o estratégica, a estimar, estudiar, prever o calcular, cuántos peruanos, cuya vida ha transcurrido más fuera del país que dentro, gustarían de volver y rendir en la tierra que los vio nacer mucho del profesionalismo que aprendieron allende y aquende y también, de repente, visitar lo que nunca vieron sino en la televisión y en documentales de la belleza natural abundante en nuestros múltiples parajes costeños, serranos y selváticos? El retorno de los “elefantes” peruanos, no debe ser un sueño, sino una realidad que podría caminar por dos avenidas de enorme utilidad a la patria.
La bidestilación de este camino, lejos de ser una quimera, es una posibilidad a cuya forja debemos contribuir con imaginación portentosa, pero también con el amparo de, por ejemplo, una Ley de Repatriación de Profesionales. Todo peruano que hubiera estudiado en universidad del Estado, tiene el deber, en algún momento de su vida, de devolver a la nación lo que ella invirtió en su carrera profesional. Más aún, estos peruanos, cuyo proyecto de vida, fue satisfecho con creces y merced al limpio esfuerzo, en el exterior, debieran dar clases en las universidades locales y ser condecorados con preseas y diplomas que la nación les otorgará en reconocimiento a su esfuerzo patriótico. Lo importante es que hagan uso de la prerrogativa de cumplir con su cuota hacia el Perú. ¿No parece una idea formidable la germinación de una corriente de regreso que vigorice el cuerpo profesional del país?
Por otro lado, ¿a qué peruano, que sólo conoció el portento de nuestra geografía a través de la televisión, el documental fílmico o la revista especializada, no complacería visitar todo aquello que nunca vio en la realidad? ¿Y que en los aeropuertos fueran recibidos por chalanes y morochucos y el fondo instrumental y coral de conjuntos musicales criollos y folclóricos que les den la bienvenida? El retorno de los “elefantes” peruanos, por si alguien tiene duda cavilosa o desilusión congénita, es –debe ser- una celebración y un reencuentro de esos que recuerden que Perú es madre y no madrastra de sus hijos.
Con profesionales vueltos al país, enseñando sus habilidades y pagando su deuda pedagógica; con turistas ávidos de viajar, nutriendo con ello los circuitos aeronáuticos, la generación de negocios directos y conexos; con dólares o euros honestos y bien empleados, la dinámica en perspectiva puede impulsar un espectáculo pocas veces visto: la reconquista del Perú por sus antiguos y acreditados habitantes otra vez dentro de sus fronteras.
Al igual que los no residentes, los peruanos que visitan el país, lo hacen en condiciones superiores de capacidad financiera porque trabajaron en el exterior haciendo de sus vidas un apostolado lejos del terruño. ¿Qué ocurre si su vuelta discurre por estos dos caminos, inicialmente pergeñados?
Hay, sabemos, mentes amplias e instruidas y capaces de mejorar estas humildes ideas con la savia y emulsión que su juventud y amor al Perú, dan en el desempeño de sus cargos. No todo está podrido, aunque las señales que así ocurre, sean más numerosas que lo contrario. Evidenciemos pues en tareas al alimón y de gesta heroica que sí tenemos cerebro y que nada debemos envidiar a otros porque aquí se nos dieron los instrumentos, la geografía y riquezas naturales abundantes para triunfar. ¿Y no son esos peruanos que lo hicieron fuera, quienes puedan dar testimonio de aquello, una vez reintegrados al país? ¡Que no es posible! ¡Falso! ¡Si puede soñarlo, puede hacerlo! Y esto más que un sueño, es el prolegómeno de una gran migración. En buen romance: el retorno de los “elefantes” peruanos.
¡Atentos a la historia; las tribunas aplauden lo que suena bien!
¡Ataquemos al poder; el gobierno lo tiene cualquiera!
¡Rompamos el pacto infame y tácito de hablar a media voz!
¡Sólo el talento salvará al Perú!
Plaza del Reloj y Rotonda de Iquique, Tarapacá, Perú, en 1863

Plaza del Reloj y Rotonda de Iquique, Tarapacá, Perú, 1863

Iquique, principal puerto salitrero de Tarapacá, 1863
Foto de William Letts Oliver. Colecciones Fotográfícas de la Familia Oliver, Colección Keystone-Mast, UCR / Museo de Fotografía de California, Universidad de California en Riverside


Oficina salitrera cerca de Iquique, Tarapacá, 1863
Foto de William Letts Oliver. Colecciones Fotográfícas de la Familia Oliver, Colección Keystone-Mast, UCR / Museo de Fotografía de California, Universidad de California en Riverside

Planta de agua de Iquique, Tarapacá, 1863
Foto de William Letts Oliver. Colecciones Fotográfícas de la Familia Oliver, Colección Keystone-Mast, UCR / Museo de Fotografía de California, Universidad de California en Riverside

Construcción de nueva oficina salitrera cerca de Iquique, Tarapacá, 1863
Foto de William Letts Oliver. Colecciones Fotográfícas de la Familia Oliver, Colección Keystone-Mast, UCR / Museo de Fotografía de California, Universidad de California en Riverside

Trabajadores salitreros en sus viviendas ubicadas cerca de Iquique, Tarapacá, 1863
Foto de William Letts Oliver. Colecciones Fotográfícas de la Familia Oliver, Colección Keystone-Mast, UCR / Museo de Fotografía de California, Universidad de California en Riverside

Puerto salitrero de Pisagua en 1863
Foto de William Letts Oliver. Colecciones Fotográfícas de la Familia Oliver, Colección Keystone-Mast, UCR / Museo de Fotografía de California, Universidad de California en Riverside

Puerto salitrero de Pisagua en 1863
Foto de William Letts Oliver. Colecciones Fotográfícas de la Familia Oliver, Colección Keystone-Mast, UCR / Museo de Fotografía de California, Universidad de California en Riverside

Puerto salitrero de Pisagua en 1863
Foto de William Letts Oliver. Colecciones Fotográfícas de la Familia Oliver, Colección Keystone-Mast, UCR / Museo de Fotografía de California, Universidad de California en Riverside

Casa de Pisagua en 1863
Foto de William Letts Oliver. Colecciones Fotográfícas de la Familia Oliver, Colección Keystone-Mast, UCR / Museo de Fotografía de California, Universidad de California en Riverside

Oficina salitrera de La Victoria, cerca de Pisagua en 1863. La mayor parte de los fotografiados son ingleses.
Foto de William Letts Oliver. Colecciones Fotográfícas de la Familia Oliver, Colección Keystone-Mast, UCR / Museo de Fotografía de California, Universidad de California en Riverside
Compañero
Alan García
Presidente del Partido

Presente.-
Curso la presente a fin de acusar recibo de la carta suscrita por usted y enviada a los Secretarios Generales de los Comités Territoriales, a través del c. Ricardo Pinedo.
Después de leer su comunicación y por el mismo medio, considero mi deber de militante y dirigente de base comentar sus afirmaciones y sobre todo señalar las omisiones que presenta. El suscrito y la militancia aprista hemos sido testigos como usted, ejerciendo el cargo de Presidente del Partido y la Comisión Política, han tomado decisiones conjuntas en algunos casos y por separado en otras, cuyas consecuencias han DEBILITADO LA INSTITUCIONALIDAD del partido y en otros ha impedido la REALIZACION DEL CONGRESO EXTRAORDINARIO que hoy tanto se pregona. En razón a lo cual debo puntualizar lo siguiente:
1. El 7 junio 2007 el c. Mauricio Múlder informó al CEN que usted ejerciendo el cargo de Presidente del Partido ordenó la subrogación del c. Wilbert Bendezú entonces Secretario Nacional de Organización y Movilización por propiciar una Gran Marcha a Nivel Nacional de los Comités del PAP en respaldo a la restitución de la Constitución de 1979 suscrita por nuestro c. Jefe Víctor Raúl Haya de la Torre. El CEN de entonces acató su orden y subrogó al c. Wilbert Bendezú con el voto en contra del suscrito (entonces era Secretario Nacional de Capacitación). A raíz de ello nunca más se permitió mi asistencia al CEN.
2. El 14 de Junio de 2010, a las 11:30 de la noche (último día del plazo legal) la Comisión Política presidida por Javier Velásquez comunicó su fracaso ante la Convención Electoral en el encargo de proponer una terna de posibles candidatos a la Alcaldía de Lima, por ello el actual CEN se reunió de emergencia y a escasos 5 minutos de las 12 de la noche propuso al c. Carlos Roca como candidato, el cual fue elegido por los delegados de la Convención. Sabíamos todos por boca de varios miembros del CEN que Javier Morán había testimoniado ante el mismo CEN que usted en su calidad de Presidente del Partido proponía el respaldo a la candidatura de Alex Kouri.
3. Semanas después la misma Comisión Política, que no fue capaz de proponer una terna, pone en evaluación la candidatura del c. Carlos Roca y nos convoca a la Sala de las Banderas para anunciar el retiro de la candidatura del PAP a la Alcaldía de Lima, contra la voluntad de las bases como se lo dijimos reiteradas veces. Fue el mismo Javier Velásquez quien nos comunicó que era la decisión del Presidente del Partido, mostrando al c. Carlos Roca el comunicado, redactado a mano por usted compañero Presidente del Partido y que la Comisión Política debería firmar, la cual finalmente por mayoría aprobó y fue suscrito por el c. Javier Velásquez.
4. El martes 2 de Noviembre del 2010 la Comisión Política anunció que propondría ante la Convención Electoral la candidatura de Mercedes Araoz a la Presidencia de la República cerrando la posibilidad a tener un candidato aprista en los comicios presidenciales. Amparada en el público y permanente respaldo de la Comisión Política, la entonces candidata derivó en un autoritarismo y exigencias que las bases del partido rechazamos, lo que motivó su posterior renuncia.
5. Después de los resultados electorales la Comisión Política se negó a poner su cargo a disposición y se opuso al Plenario Nacional convocado por el CEN para elegir a la Comisión Organizadora y precisar la fecha del Congreso Extraordinario. Fue Javier Velásquez quien en sesión del CEN, a la que asistí en mi condición de Coordinador de la Zona Oeste de las bases de Lima, quien argumentó que la Comisión Política fijaría fecha próxima para la realización del Congreso Extraordinario y que además ellos nombrarían a la Comisión Organizadora. Hice uso de la palabra y transmití al c. Javier Velásquez que la Comisión Política tenía mucha responsabilidad en todo lo sucedido por lo cual no eran los indicados para tomar esas decisiones por lo cual ratifiqué la necesidad del Plenario Nacional. En respuesta argumentó que los Comités Territoriales habían perdido total representatividad para ser convocados a un Plenario. Conclusión: a un año de nombrada la Comisión Organizadora no se fija fecha para el Congreso del PAP.
6. En la última Asamblea Funcional, del mes de Marzo de este año realizada conjuntamente con el CEN, me dirigí a los 2 Secretarios Generales y al Secretario Nacional de Organización (quien forma parte de la Comisión Política), preguntando cual era la posición de la Comisión Política referente a la realización del Congreso Extraordinario, la respuesta fue que usted c. Presidente del Partido se opone a la realización del Congreso Extraordinario argumentando razones “atendibles”(sic) y que la Comisión Política (por cierto una vez más), ha aceptado sus razones atendibles, por tanto NO HAY CONGRESO porque usted se opone. Si alguien duda de lo que aquí señalo favor consultar con los compañeros del CEN o dirigentes de base presentes en esa reunión.
7. Es verdad que en muchos comités del PAP existen los grupos en permanente conflicto, pero debo recordar que usted c. Presidente no es ajeno a ello, pues ha organizado y propiciado a los llamados “cuarentones” como una maquinaria personal, debilitando la institucionalidad del PAP; todo ello, incluido el beneficio del privilegiado paso de ellos por múltiples cargos en su gobierno; facilitó su ascenso en el último Congreso del PAP a la dirigencia nacional. Es pues, vuestra maquinaria denominada “cuarentones” quienes hoy están en los cargos más importantes en el CEN y la Comisión Política. ¿Es acaso de ellos de quienes hoy reniega, proponiendo renovación?
8. De la crisis actual no es verdad que todos somos responsables, hubo quienes se opusieron a lo que se hizo o se dejó de hacer. Ya hemos recordado lo sucedido con Wilbert Bendezú y Carlos Roca, pero debo destacar a Luis Alberto Salgado aprista digno quien el 2008 enfrentó las millonarias pretensiones de Baruch Ivcher, lo que le costó el puesto en el Ministerio de Justicia, para luego ser injustamente expulsado del partido. A pesar que el último Congreso del PAP lo reivindicó, anulando la expulsión y restituyéndole todos sus derechos, no se permitió su reincorporación al PAP.
9. Creo que la principal responsabilidad recae sobre quien tuvo el máximo poder y ese poder lo ejerció usted desde la Presidencia del Partido, c. Alan García. Siempre me opuse a estos actos, en cada Funcional o sesión de CEN y hablé lo que hoy escribo. Nunca me quedé callado, menos lo haré ahora. Por tanto hoy le digo que su carta expresa un deseo de renovación, pero son las acciones y no los deseos los que demuestran el carácter y la decisión de una persona (eso lo aprendí en el APRA desde mi paso por la JAP). Creo que una muestra clara de ello sería que usted mismo solicite la desaparición en la actual estructura de la Presidencia del Partido y públicamente señale la fecha de la realización del Congreso Extraordinario.
Termino dirigiéndome a la Juventud del Partido que tiene el derecho de conocer la verdad de lo que viene pasando en nuestro partido, con la esperanza que en el futuro sean mejores que nosotros y que no permitan nunca mas que está historia se repita, tienen para ello EL ENORME EJEMPLO Y LA FORTALEZA MORAL DE VICTOR RAUL HAYA DE LA TORRE única personalidad en el mundo que nació en el siglo XIX, murió en el siglo XX y hoy en pleno siglo XXI, en todo el territorio nacional, desde Tumbes a Tacna, cuando los apristas vamos a iniciar una reunión evocamos su presencia a la voz de ¡Víctor Raúl! ¡PRESENTE! Eso nunca cambiará, la grandeza de Haya de la Torre nunca será igualada, y eso usted lo sabe, pues usted lo conoció.
Apristamente,