viernes, 24 de junio de 2011

Perú, a la cabeza del cultivo de coca

Perú, a la cabeza del cultivo de coca

Por segundo año, informe de la Organización de las Naciones Unidas nos coloca como líderes del cultivo ilegal. Crecimiento registrado en 2010 es de 2.2%.
Autor: Zarella Sierra P.
Menudo problema el que le deja Alan García a su sucesor, Ollanta Humala. El tan utilizado lema de “El Perú avanza”, acuñado por el mandatario, es aplicable –con contundencia y con informes indiscutibles– al incremento sostenido de las hectáreas de sembrío ilegal de hoja de coca.

Ayer, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) presentó –en forma simultánea, en Nueva York, en Lima y en Bogotá– el ‘Informe Mundial sobre las Drogas’, en el que se precisa que, en el último año, el cultivo ilegal de hoja de coca en el país ha aumentado en 2.2%, pasando de 59,900 hectáreas de sembrío a 61,200 hectáreas, lo que nos coloca en un nada envidiable liderazgo en esta materia, superando a Colombia. (Ver cuadros).

PANORAMA PELIGROSO. De acuerdo con el documento elaborado por la ONU, “la producción de cocaína en el Perú se ha incrementado desde 2005 debido al aumento en el área de cultivo de (hoja de) coca”.

Asimismo, se señala que “el VRAE –la segunda región de mayor cultivo hasta 2009, con 19,700 hectáreas– se convirtió en la mayor región de cultivo en 2010”. Otras regiones en crecimiento son Palcazú-Pichis-Pachitea, que registra un aumento de 59% en sembríos, así como Marañón, Putumayo y la cuenca del río Amazonas, en los que el cultivo “creció de manera espectacular (más de 90%) y contribuyó al aumento general de los sembríos en el Perú”.

Según el representante de las Naciones Unidas para Ecuador y Perú, Flavio Mirella, este aumento se debe a que en esas zonas aún no se han implementado los programas de desarrollo alternativo ni de erradicación del cultivo ilegal de hoja de coca. “La coca ahora está incursionando en áreas protegidas y en parques nacionales. El 4.4% de la deforestación registrada en esa zona se ha producido por el cultivo ilegal de la hoja de coca”, refirió el especialista.

Y aunque en este estudio no se han incluido resultados de la producción de cocaína, el documento puntualiza que “la producción en el Perú podría ser mayor que la que se había estimado anteriormente, esto debido a las mejoras en su elaboración”.

Ante estas desalentadoras cifras, el presidente ejecutivo de Devida, Rómulo Pizarro, dijo que espera que el gobierno de Ollanta Humala impulse el desarrollo alternativo y la erradicación de la hoja de coca para evitar que en Perú se repita lo que ha pasado en países como Colombia y México.

Pero, ¿qué tan prometedora resulta la próxima gestión del gobierno nacionalista en lo que respecta a la lucha contra el sembrío ilegal de hoja de coca? Los hechos y las declaraciones precedentes no son alentadores.

POLÍTICA Y COCALEROS. El pasado 31 de mayo, en el mitin por su cierre de campaña, en Tingo María, el hoy electo presidente Ollanta Humala se pronunció en contra de la erradicación de los cultivos de hoja de coca.

Es más. Acompañado de la parlamentaria andina y dirigente cocalera Elsa Malpartida, prometió empadronar a todos los productores de hoja de coca, contraviniendo así las políticas aplicadas por el Perú. De hecho, un empadronamiento indiscriminado dificultaría la lucha contra el narcotráfico pues les otorgaría a los sembradores ilegales el amparo legal necesario para que continúen vendiendo la hoja de coca a los fabricantes de cocaína.

A esta postura de Humala se añade el hecho de que ocho congresistas electos por el nacionalismo –según Jaime Antezana– tienen vínculos con el narcotráfico, “algunos relacionados con el lavado de activos y otros implicados en la producción de coca”.

Pero, aún hay más. Como reportó Perú.21 en mayo pasado, la acreditación de Elsa Malpartida como representante de Gana Perú ante el Congreso Nacional de Cuencas Cocaleras –que se realizará del 26 al 28 de agosto próximo– deja un amargo sabor en los especialistas pues se sabe que tanto Malpartida como Nancy Obregón, congresista nacionalista, han liderado las protestas de los cocaleros en defensa de los cultivos ilegales y son férreas opositoras a los programas de cultivo alternativo.

Consultado sobre el informe, y con los antecedentes nacionalistas ya precisados, el exministro del Interior Fernando Rospigliosi fue claro al manifestar que “la política (antidrogas) del gobierno de Alan García ha sido un desastre (...) Esto es una muestra de la despreocupación del Gobierno (y) es muy probable que las cosas empeoren significativamente (en la nueva gestión de Ollanta Humala)”.

No cabe duda de que el documento debe ser materia de estudio por el próximo gobierno, más aún cuando se reporta que en 20% de los colegios privados y estatales del país se consume drogas. Y una de las recomendaciones de la ONU que, esperemos, sea asumida por la gestión nacionalista es ampliar los programas de prevención a escolares de nueve años.

LAS MAS RATAS DE LA DECADA 90 EN FUJIMORATO


Testimonio* del padre Juan Carlos Polentini, Ex Párroco de Lares-Cusco, El Paí-Titi Padre Otorongo, Editorial Salesiana, Lima, 1999.
He meditado mucho, he pensado profundamente, he dudado cobardemente si convenía hacer público lo que ahora con toda extrañeza ustedes van a leer. Lo haré con la menor cantidad posible de palabras. He juzgado que la verdad debe estar por encima de mis meditaciones, pensares y dudas, aunque me traiga problemas por lo abominable que ella pueda ser. Al final, tantos problemas he tenido en estos años pasados por causa del Paititi, que uno más le seguirá también dando más sabor a la vida.
El Paititi ha sido un peso al cual muchas veces he querido descargar y dejar en abandono, y muchas veces lo hice, pero era una verdad tan manoseada y vilipendiada, burlada e ignorada que me exigía hacer algo para sacarla a la luz por el bien del Perú, y desagraviarla con la seguridad que me daban tantas confidencias sinceras oídas, y cosas vistas. Lamentablemente nunca encontré apoyo ni comprensión en los organismos y personas pertinentes al tema. Más bien encontré burlas, críticas, insultos, calumnias, juicios, codicia, intereses personales, engaños, deseos de riqueza fácil, y otra peor. Agradezco a los pocos que sí me han aceptado y colaborado.
Mi criterio personal era que algo tan serio, rico y con tanta historia desconocida debía salir a la luz desde la Presidencia del Perú. Traté de hacer gestiones en varios gobiernos, pero siempre el “no” y el papel de ridículo. Al Presidente Fujimori, al menos en cuatro ocasiones, le hice llegar documentación que sí recibió, una de ellas en propias manos en Calca en el Valle Sagrado de los Incas. Me dijo: “Padre, vamos a hacer la expedición”. Allí terminó todo. Tres años después me enteré del porqué. El, con toda prudencia consultó quién era ese cura que tanto lo importunaba con el Paititi, y la respuesta que recibió fue ésta: “Polentini y sus compinches son una colección de huaqueros”. Sin comentarios. Pecado mortal por calumnia agravada. Este informe perverso fue la causa de todo el desastre que vino después.
El año 1996 dejé el Cusco, y en Lima las “Hermanitas de los Ancianos Desamparados”, y bien desamparado que yo estaba, me dieron amparo y asilo en su Hogar de Ancianos de la Avenida Brasil, donde continúo mi vejez.
El año 1998 se me presentó en este asilo un alto funcionario de Discovery Channel proponiéndome hacer el descubrimiento del Paititi con todos los detalles como ellos lo saben hacer. Por supuesto que acepté, me dejó de regalo un televisor, y fue a realizar los trámites. ¡Qué le habrán dicho en el INRENA, el INC, y demás, contra el cura Polentini que nunca más volvió!
 Gracias al apoyo y animación de la señora María del Carmen Rodríguez del Solar, para el mes de junio del año 1999 pude publicar el libro Paititi (Padre Otorongo). Sólo 180 ejemplares pues nadie aceptó colaborar. Pensé que al menos con eso no se perdería la investigación realizada. Y no se perdió. Allí daba las coordenadas de la ciudad, por supuesto con un pequeño error. Ya veremos qué pasó. Alguno de esos pocos libros cayeron en manos seguramente del famoso SIN y su jefe (Vladimiro Mostesinos).
Lo que sigue a continuación no es con animación política, ni deseos de acusación ni condenación. Es algo que ha sucedido en mi vida, y que pienso debo hacerlo público por el bien del Perú, para evitar en el futuro falsas apreciaciones, para ayudar en el discernimiento de la verdad histórica, y por mi propia reputación después de mi muerte.
Por el mes de julio o agosto del año 2000 leí en un periódico de Lima que la entonces señorita Primera Dama del Perú (Keiko Sofía Fujimori) había creado en la zona de la ciudad de Ica, y ya en la sierra, en un lugar con acceso sólo para helicópteros, una finca para cultivos sólo de exportación; y más adentro estaba instalando otras. Me llamó la atención la noticia que me pareció ridícula, y no le di importancia.
Por esas mismas fechas se perdió un helicóptero del Ejército que se dijo había caído patrullando la frontera con Ecuador, pero que fue desmentido por la guarnición militar del norte, ya que esa frontera no necesitaba ese patrullaje, y ellos no tenían helicóptero. Rápidamente los medios no hablaron más del tema.
Hacia mediados del año 2001 me llegaron comentarios del Valle de Lacco, de la comunidad de San Antonio, que durante muchos meses el año 2000 habían estado pasando a gran altura todos los días helicópteros de ida y vuelta, dos o tres por día. Que al principio les llamaba la atención, pero que después se fueron acostumbrando. Ese Valle de Lacco era parte de mi Parroquia de Lares, y muchas veces había estado allí en San Antonio en cumplimiento de mi labor pastoral como párroco.
No recuerdo bien la fecha, pero por el año 2002 un piloto de helicópteros, no puedo dar más datos, hablando con él, me decía que en los círculos de pilotos se comentaba que en el año 2000 Fujimori con cinco helicópteros se había robado el oro del Paititi, llevándolo al Japón. Y que uno de los helicópteros se le había caído. En otra ocasión alguien me comentó que ese operativo duró nueve meses. Y en alguna otra ocasión que ese oro había salido por Ica.
El año 2003, el mes de agosto dos turistas rusos que sabían de mi libro, quisieron conocer el Mantto. Hacía ocho años que yo no iba, y los llevé. Al llegar arriba casi me desmayo, un poco por el cansancio, 76 años tenía, y por ser una subida bastante parada, pero sobre todo por lo que vi.
Fruto del libro. Me dije entonces: es cierto lo que me dijo el piloto, que “Fujimori con cinco helicópteros se robó el oro del Paititi”…y también aquí en el Mantto, “por lo que veo”. Aquí está la prueba. Es cierto.
Había sido técnicamente bien huaqueado, saqueado. Y con explosivo. Una roca de unos dos metros y medio de alto por uno y medio de diámetro ya no existía. Había sido dinamitada. Donde ella había estado, aparecía como el brocal de un pozo de un metro aproximado de diámetro lleno de piedras dinamitadas. No sé la profundidad, pero supongo que allí haya salido su buena tonelada, o más. Había una especie de vereda como de un metro de ancho y unos ocho metros de largo de roca labrada. Todo dinamitado. ¿Qué estaría ocultando?: otras cuevas o grutas en la parte posterior de ese mural.
Por lo que pude ver, de allí han salido varios metros cúbicos de oro. Recordemos que un metro cúbico de oro macizo pesa 24 toneladas.
  Terminado ese pillaje, toda la roca dinamitada había sido amontonada a lo largo de la base de esa roquería donde había estado la vereda, y en la que yo aparezco en una foto anterior. Y tapada con tierra, sobre la cual champas de gramínea del lugar para que al crecer todo quedara oculto. Pero la tierra se fue escurriendo, el pasto se secó, y aparecieron las piedras. El pozo lleno de piedras también fue tapado con tierra, que se fue escurriendo. Allí habían sembrado sorgo, quedaban unas diez plantas que aparecían entre piedras. Yo estuve allí tres años después del robo.
  Lo peor fue que borraron el precioso mural histórico dejado por los Incas cuando su salida al Paititi. Quedan una o dos figuritas. Ese mural era un mensaje de despedida, el último, de los Incas. Había escenas de guerra, bailes, una cadena, los cuatro cuadrados del Tahuantinsuyo, catorce Incas, un círculo de triple raya…y lo borraron todo para no dejar huellas del robo. Cualquiera que vaya ahora al Mantto, sin haberlo conocido como era antes, dirá que allí nunca hubo algo. Lo que la naturaleza no pudo borrar ni destruir, ellos lo hicieron.
  Los Incas cuando ocultaban estas cosas solían dibujar, como en un inventario, lo que allí habían colocado. ¿Y si hubieran estado allí las estatuas de oro macizo de los catorce Incas, de tamaño natural, que nunca se encontraron? ¿y la cadena de Huáscar? ¿y el disco del dios sol?...
  ¿Cuántas toneladas, aparte del valor históricos cultural infinitos perdidos?
Y allí, en la paccha del cerro de enfrente queda llorando a gritos la Mamá, tallada en la roca, con sus hijos, impotente y dolorida por el fracaso de su misión de custodiar el legado de los Incas. A ella no la pudieron destruir. Queda como mudo testigo.
En Choquecancha, hace ya 40 años, recogí la tradición de los ancianos de entonces que las estatuas de los Incas habían estado un tiempo en las hornasinas del muro junto a la plaza, mientras el Inca estuvo allí tres meses despachando los grupos que viajaban al Paititi, y escondían entonces tanto peso que no habrían podido cargar. Todo esto sucedió, según comentarios escuchados de los antiguos, mientras los españoles se ausentaron del Cusco para capturar a Manco Inca en Vilcabamba. Que este Manco Inca, en acuerdo secreto con Huainaapoc (Rey joven), hijo del otro Manco Inca, “segundo de este nombre”, y mayor, que había ampliado el Imperio Inca, hacía unos veinte años, hasta el Gran Paititi donde gobernaba, en la Sierra de Parecis, Rondonia de Brasil, según las crónicas. Este Huainaapoc pudo haber sido el Inca que estuvo tres meses en Choquecancha organizando las expediciones. Era hijo de este Manco Inca gobernante del Gran Paititi, y nacido allá. Los que se fueron al Gran Paititi lo hicieron por el Collao, Tiahuanaco, Cochabamba, Pampa de Mojos, y siguiendo por el Gran Río (Río Grande en Bolivia), llegaron al Gran Paititi donde gobernaba Manco Inca (el mayor). En las márgenes de este Río Grande fueron quedando gran cantidad de estos fugitivos para cuidar que no pasen los invasores, y que luego recibieron el nombre de Guarayos, cuyos descendientes continúan viviendo en esas selvas. He conocido alguno de ellos, pues he vivido un año en Santa Cruz. Por entonces no sabía nada del Paititi. Justamente la ciudad de Santa Cruz tuvo su origen como campamento de organización para las expediciones que salían hacia la conquista del Gran Paititi. Pero nunca lo consiguieron.
¿Se podrá recuperar esa riqueza incaica?, ¿ya la habrán fundido?. Y los japoneses buenos ¿querrán cargar en el tiempo esta infamia?, ¿por qué “hijo predilecto” del Japón?
Después de estar en conocimiento personal de todo esto, tomé un buen mapa del Perú. Busqué con una regla la recta más corta para llegar desde el Paititi al mar, y esa línea pasaba por la ciudad de Ica. Entonces recordé la finca de la primera dama en las alturas de Ica, y las otras más de la última a un barco anclado en alta mar, sin testigos. El regreso con el combustible y víveres para los cargadores, que no serían peruanos fuera de los pilotos y mandos, sino de las mafias extranjeras. Si hubiera habido algún peruano engañado, seguro que ya no podría hablar.
  Ubiqué en el mapa el lugar concreto de la comunidad de San Antonio de Lacco, y quedaba exactamente en el trayecto de la línea recta más corta hacia el mar. Por las cercanías de San Antonio pasaban los helicópteros.
Respecto del helicóptero caído, el último informe que recibí de fuente muy confiable, y dado desde la Comandancia del Ejército, es que había caído en Mameria, que sí está en la ruta de esa línea recta y terminando el territorio del Paititi. Muy cerca. A poco de haber levantado el vuelo. Lo amañado de ese informe es que decía que ese helicóptero iba desde a no sé qué mina de oro, llevando oro hacia Lima. Sí llevaba oro, pero no de una mina de oro inexistente o fuera de ruta hacia un barco.
  La caída de ese helicóptero es lo que puso fin al operativo de nueve meses, y luego se sucedieron los hechos del gran escape y nerviosismo conocidos por todos. Tengo conciencia de la gravedad feroz de lo que estoy haciendo público bajo mi total y única responsabilidad y consecuencias. Anunciando, no denunciando, cosa que no me compete a mí.
  Son las cosas tristes y horribles sucedidas como consecuencia de la publicación de mi investigación en el libro PAÍ-TITI, Padre Otorongo, en su primera edición de sólo 180 ejemplares. Y que las he constatado personalmente, comprobado y verificado en el Mantto. En esta segunda edición no he querido cambiar, ni añadir o quitar algo de aquella edición.
  Soy testigo real real de cómo era el Mantto antes de ese infame operativo, y cómo quedó después. Y que ciertamente eso mismo, o peor, ha sucedido en el mismo Paititi. Ha sido el robo no del siglo ni del milenio. Es el robo de la creación de la humanidad.
¿Mil, dos mil, toneladas de oro labrado, artístico? ¿O más? 
Nadie ha podido robar más que estos dos señores.
¿Cómo será una eternidad fritándose en un charco de oro derretido? Y con condimentos de mentiras, engaños…y cómplices.
  Ojala que ahora entiendan de una vez por todas que el maravilloso Paititi existe, y que deben sacarlo a luz. ¿Será posible que los señores del INRENA, del INC, del proyecto PROM-MANU que operaban por aquellos valles, no se hayan percatado de lo que sucedía? ¿Cómplices? Seguramente que los geólogos y mineros nipones, y gobierno japonés tienen estudiados muy buenos proyectos para la explotación de esa fabulosa mina con la resurrección de la dictadura gobernando el Perú. Debe hacerlo el mismo Perú para el Perú. No la vendan, no la rematen, no la regalen.
  Estados Unidos es un rico que está sentado sobre un banco de cientos o miles de toneladas de papelitos pintados de verde; el Perú es un pobre que está sentado sobre un banco de miles o millones de toneladas de oro. El Paititi es una mina que ha enriquecido a todo el mundo, menos al Perú.
  Esta mina de oro de los Incas se puede trabajar sin ningún tipo de contaminación. Lavaban el mineral sólo con las aguas del río Choritiari, en la laguna cuadrada Parrime. Muy cerca de los grandes hornos de fundición y factoría. Esa laguna Parrime se conectaba con el centro de la ciudad Paititi a través de un túnel escalonado de más o menos un kilómetro de largo. La laguna ya no existe por causa del aluvión provocado por el derrumbe de la cascada. Era artificial. En ella se decantaba el oro que venía de la mina, y tenía para ello instalaciones de compuertas y otros. En ella quedaba lo más pesado, y lo demás en los canales que se aprecian en la foto después de la laguna. Todo esto ya no existe por el derrumbe de la cascada, sucedido entre el mes de setiembre de 1993 que el avión sacó esta foto y el año 1999 en que yo recibí noticias en que algo había sucedido con la cascada del Inca, pero quedó registrado en la foto del avión.
  Sugiero mejorar la ley del Parque Nacional de Manu, para hacerla más realista, inteligente, nacionalista y más humana con los nativos y sus necesidades. Y que un grupo peruano la trabaje, despachando a sus países a todas esas empresas que están envenenando todo el Perú. 
(*) Extracto del Capítulo final del libro “El Padre Otorongo”, del Padre Juan Carlos Polentini, que vive en la actualidad en el Hospicio de las “Hnas. de los Ancianos Desamparados” en la Av. Brasil, de la ciudad de Lima, capital del Perú.

"ALAN UNO DE LOS MÁS RICOS DE AMÉRICA LATINA"

César Hildebrandt: “Alan es un ejemplo de corrupción ostentosa”
Entrevista de Luis García Rojas

Aunque la elección ya terminó, el ambiente poselectoral sigue polarizado. Y mientras Humala cambia su camisa celeste por el terno, César Hildebrandt le reclama que no sólo se vista como presidente sino que empiece a comportarse como tal. Con esa claridad que da la experiencia, y teniendo presente siempre la historia, el periodista también le pide que no se deje provocar por los que quieren su fracaso, porque esta oportunidad de cambio quizá sea única. A Hildebrandt también le parece particular y risible el ego de García, que tendrá un Cristo, y a quien ve como un ejemplo de corrupción ostentosa.

-Antes de hablar del presidente electo, le pregunto cómo ha visto la campaña que pasó?
Polarizada, intensa, y además sintomática respecto de lo partido que está el país. Dos perúes combatiendo casi en el preámbulo de una guerra civil, y expresándose esto en un lenguaje de gran ferocidad, y con pocas posibilidades de reconciliación, más allá de las hipocresías y los protocolos, lo que anuncia es una suerte de atrincheramiento en las posiciones.

-Y esto se mantiene incluso después de la elección. Humala ha dicho que quiere un gobierno de concertación. ¿Qué tan difícil será?
Basta leer los twitters pos elección, de los ppkuyes y de la gente que alrededor de PPK no ha hecho sino expresar su pensamiento conservador y racista, para darse cuenta de que no hay sino una frágil tregua. Es cierto que el presidente electo está dando muestras de concertar, conciliar, ceder, y es cierto que la Confiep ha recogido ese mensaje. Pero me temo que si el presidente electo hace o dice algo que no esté en el libreto ortodoxo de la Confiep, la guerra se reanudará.

-Hay sectores para quienes la campaña no ha terminado.
Sectores que creen que ellos no pueden perder nunca, que si pierden la elección, conservan el poder, porque su poder no está sujeto al veredicto popular, sino que es un poder crónico, vitalicio, y es el poder del dinero. Ese poder se considera tan pétreo, que no es vulnerable a ninguna democracia. Esa es la gente que reclama a Humala ‘¿te vas a portar bien, o mal?’. Si te portas mal, nos hundimos todos, y si te portas bien, todo va bien. El Presidente se convierte en un rehén. Y no elegimos a un rehén; elegimos a un Presidente.

-Eso hasta suena a una amenaza. ¿Está amenazado el Presidente electo?
Es la soberbia de siempre, de la derecha peruana que nunca ha admitido ni sus errores, ni su falta de proyecto nacional, ni sus frustraciones en la historia, y que siempre ha querido tener la razón. Y todo lo demás es una suerte de chusma usable, siempre que sea obediente. Cuando la chusma da muestras de un relativo descontento, se convierte en algo peligroso.

-Ha dicho que la derrota de Keiko encierra un triunfo de la ética. ¿Es también un gesto de madurez social, o sólo una reacción ante un intento de imposición?
Creo que la derrota de Keiko es consecuencia de la rebelión del interior del país, en contra de Lima, de lo que representa, y de la política centralista. Keiko tuvo la desdicha de vincularse a Lima, a su proyecto autoritario y ultraliberal y por eso perdió. Pero me da escalofríos pensar qué hubiera pasado si hubiera sido más astuta, que felizmente no lo es: si se hubiese conectado más con las provincias y con el interior. Estadísticamente sí, es el triunfo de la ética; ahora, también es el triunfo de la rabia.

-Óscar Ugarteche dice que perdió esa derecha “falangista, racista, fóbica, oscurantista e ignorante”. ¿Es toda la derecha así, la que perdió?
Hay empresarios que no se sienten representados por esa derecha mayoritaria, que viene de las cavernas. El capitalismo de los capitalistas no existe. Los países avanzados son eso, contratos sociales que aproximan a los trabajadores y a los propietarios del dinero, y esa gente moderna ha tratado de cambiar inútilmente a la derecha limeña, y no ha logrado ni lo logrará. La derecha va a tener que refundarse, o buscarse otro Fujimori, algún golpista, la reencarnación del autoritarismo podrido que tanto les gustó. Si la derecha no cambia, se convertirá en pandillaje o extremismo.

-Y quizá ahora sea el momento para la ‘gran transformación’ de la derecha.
Es el mejor momento. Vamos a ver si tienen la entereza de promoverlo. El Perú necesita una derecha civilizada y una izquierda moderna. La modernización de un país no sólo es poner grúas pórtico en el Callao, también es cambiar de aires, pensamientos, metas. Sustituir la indiferencia por compasión social; el compromiso por la intolerancia. Hemos vivido tiempos de exterminio mutuo, vino Sendero y quiso acabar con todo. Se fue Sendero, y (la derecha) siguió haciendo lo mismo. Hasta parecería interesada en promover otro Sendero.

-¿Si esa derecha es la que perdió, cuál es la izquierda que ganó?
La izquierda que ganó es la que ya no tiene que ver con el estalinismo; la izquierda PM, post muro. La gente que entendió por qué se cayó el muro, puede entender qué necesita la nueva izquierda. Felizmente, hay sectores en el partido de Humala donde esa corriente está representada. Desde luego hay una izquierda comunista, regresiva, anticuada, fósil, que quiere meterse en el humalismo. No creo que lo logre, no creo que Humala lo permita.

-Algo que ha terminado afectada en esta campaña es la credibilidad de la prensa. ¿Seguimos siendo el cuarto poder, o subestimamos más a la población?
La última encuesta de La Católica le da al cuarto poder el 48% de credibilidad, y 50% de incredibilidad; ya vamos perdiendo la batalla de la credibilidad, que es el único capital. Mi pronóstico es muy malo, y es momento de reflexión. Debería serlo, pero no lo va a ser, porque los conozco: son obcecados, totalitarios. La prensa se va a airear cuando los jóvenes que están en Internet se animen a pasar al papel. No creo que los viejos dueños de periódicos, tan próximos a grandes intereses y favores del gobierno, cambien. Van a morir ahí, con sus rabietas de mercado, con sus vaticinios apocalípticos y, sobre todo, con su imbecilidad crónica.

-¿Y el papel de la televisión? ¿Cómo ha visto la presencia de Jaime Bayly, el resurgimiento de Beto Ortiz, sólo por mencionar dos nombres?
En la misma prensa hay excepciones. En la TV también, pero hablamos de las tendencias gruesas y estas son convertirse en furgón de cola del poder. Porque sale un entrevistador temerario, temerario se le llama ahora a quien entrevista a alguien que no piensa como el resto; a lo que hemos llegado: que alguien que le arranca a (Jorge) Trelles la frase ‘nosotros matamos menos’ es un héroe. ¡Madre mía! No digo que Beto no haya cumplido una buena misión; la ha cumplido. Del mismo modo Bayly, si le queda algo de vergüenza, debe haber sentido mucha durante y después de su labor de sicario. Pero en grueso, la TV se ha comportado como una basura. Ha ayudado a polarizar con mentiras.

-Humala ha ganado la elección y en sus primeras declaraciones se ha apurado a dar explicaciones. ¿Qué debería hacer para dejar esa impresión de secuestro y empezar a ser el Presidente del cambio?
En primer lugar debería ser Presidente. Los presidentes no tienen por qué estar sometidos a presiones. Segundo, debe recordar por qué es Presidente. No lo es porque la Confiep le dijo que sí, o Canal 4, sino porque millones le dijeron ayúdanos, cambia algunas cosas. Que reciba a la Confiep me parece bien, pero que no reciba a la CGTP me parece mal. Me parece mal que diga que EEUU es un aliado estratégico. EEUU sólo tiene aliados estratégicos de la categoría de la OTAN, que ni siquiera es un país, o Israel. Pero que diga eso después de decir que habría que revisar algunos aspectos del TLC, me parece contradictorio, y ojalá que sea sólo un lapsus lingüe.

-Bueno, después de esta primera gira, irá a EEUU y Europa.
Es un viaje necesario, una conversación en Washington civilizada está bien. ¿Pero decir que aliado estratégico? Le está faltando a Humala un consejero con mayor influencia en política internacional. También dijo que va a evaluar al equipo de La Haya y eso no es ni correcto ni oportuno. Ese equipo lo hace bien, tanto, que Chile está muy preocupado. Que lo evalúe, pero que no lo diga. Eso será en Torre Tagle, ¿pero que lo diga en público? Es decirle a Chile ‘estoy preocupado porque creo que no lo estamos haciendo bien’. Parece que Humala todavía no está enterado de que es el Presidente.

-Humala tendrá muchas exigencias sociales, y tendrá una oposición que ya empezó a mostrar los dientes. ¿Qué papel tendrá la oposición?
Será una oposición a matar y feroz, del fujimorismo y sus aliados. Keiko y (Carlos) Bruce serán las dos cabezas de la oposición. Y luego habrá una oposición moderada, espero responsable, del resto de partidos, y ojalá que (Alejandro) Toledo pueda influir no como aliado incondicional, sino como moderador de su bancada. Humala se las va a ver con gente que quiere su fracaso; a la derecha le importa mucho su fracaso, porque probablemente sería el descarte definitivo de cualquier opción no sistémica. Después de un fracaso de Humala, sólo quedarán matices de la misma opción.

-Ante un escenario así, Humala parece indefenso. ¿Qué le queda, elegir buenos ministros, decisiones serenas, tener socios en la región?
Actuar con prudencia, no dejarse provocar. El aliado de Humala no se llama Morales, ni Kirchner, ni Correa, menos Mujica o Lugo. Si las papas quemen, ojalá que no, Lula no va a recordar ni que lo conoce. Su aliado es el pueblo. Si hay ese problema, Humala debe recordar que el pueblo lo eligió. ¿De cuándo acá un proceso de cambios se ha protegido por el exterior? Nunca. Humala no es un revolucionario, menos mal. Pero sí quiere cambios razonables, porque contrariamente a lo que piensa la derecha, este modelo sí es perfectible.

-¿Qué le parece el entorno de Humala, Nadine, Salomón Lerner, Chehade, Marisol Espinoza, Abugattás, y ahora Kurt Burneo?
Lo veo bien intencionado, variado, es un jugo surtido. Lo están haciendo bien. El asunto es qué pasará cuando empiece el gobierno. Su entorno tiene un problema, y es que Gana Perú no es un partido. Y hay corrientes. Lerner está a la derecha de (Javier) Diez Canseco, y éste a la izquierda de Marisol, y Chehade en un centro personal. ¿Qué los puede disciplinar? El poder y la responsabilidad de proteger a Humala de denuncias que podrían deteriorar su autoridad. La derecha jugará a encontrar contradicciones y tendrá éxito si esta gente sigue hablando cada vez que le preguntan. En política a veces el silencio es imperativo.

Un Presidente millonario

-En enero usted dijo que García tendrá que explicar por lo menos 10 casos de corrupción. ¿Siguen siendo 10?
No sé… en todo caso hay 10 de corrupción y uno de mal gusto, el Cristo en el Morro. Si hubiera una suerte de policía estética, tendría que ir preso. Vamos a ver si el coraje alcanza para esas investigaciones. Pero que Odebrecht done 850 mil dólares y el Presidente 100 mil (a esa obra), casi es una insolente transparencia, una manera clarísima de decir ‘miren lo bien que nos ha ido’.

-La donación de García ha sorprendido a más de uno…
El Presidente es muy rico. Puede soñar con tener un departamento en París. Y nunca ha trabajado. Y no ha podido tener éxito ni fracasar porque nunca hizo nada. Y es muy rico. Y la pregunta es, ¿de dónde es muy rico? Porque ha recaudado fondos, ha recibido gratitudes, ha hecho negocios que no sabemos y que no son formales, y tiene amistades particulares por lo generosas. El Presidente merecería un juicio de residencia. Ahora, ¿lo hará el próximo gobierno? No lo sé, pero lo dudo.

-¿Por qué? Una de las frases más repetidas por Humala en campaña es que investigaría a García.
Porque probablemente eso requiera mover el escenario político de un modo peligroso para el propio gobierno. García está consiguiendo una alianza con el fujimorismo… Es inminente el asunto de (Alberto) Fujimori.

-Se refiere al indulto.
Sí. Y el agradecimiento de la bancada fujimorista puede ser perfectamente la protección a García. No tiene suficientes congresistas para parar una investigación, pero a la hora de los loros, qué pasará con la gente de PPK, de Solidaridad, esas bancadas frágiles que no están soldadas por un programa principista: son mudables. Pero sería bueno que García pagara por lo que ha hecho. Él es un ejemplo de corrupción ostentosa.

-¿Cuál es el caso más emblemático de corrupción por el que podría ser procesado?
Sus vínculos con Odebrecht y Graña y Montero, que él mismo acaba de exhibir con este asunto del Cristo del Pacífico.

-Este monumento, al margen de lo económico, también revela un aspecto de su personalidad, además de su ego, ese afán de perpetuarse.
Tiene que ver con eso que usted dice, con su idea de perennidad, de historicidad o de eternidad. Pobre García; cree que va a tener una posteridad de cemento. No es así. Quizá algunos desde una embarcación vean eso, que medirá 37 m, y diría lo que muchos dicen al ver su fortuna: ¡Ay, Jesús! No será un monumento, sino un recordatorio. Es patético. El problema de un ego como el de García es que llega a ser cómico, humorístico. Un ego de ese tamaño ya no impresiona, divierte. Quiere que todo el mundo lo recuerde, pero vuelve a demostrar que las instituciones no le importan.

-Ya que hablamos de humor, parece que la renuncia de PPK a su nacionalidad también fue sólo una broma de campaña.
Desde el comienzo fue una mentira grosera. Y ahora PPK es una especie de consejero crónico; como una enfermedad que no se va. Él insiste en que tiene la fórmula y está convencido de que el 18% que obtuvo lo convierte en presidenciable y referente de opinión en economía. Pero no sabe que es un invento de García, uno de los tantos heterónimos que ha usado García. PPK no existiría sin él, y PPK cree que existe por sí mismo, y que tiene futuro. Ya que alguien de 72 años diga que tiene un gran futuro resulta conmovedor.

Perú NO es culpable de mediterraneidad boliviana*

Hay que apoyar a Bolivia en su legítima aspiración de salida al Pacífico y hay que respaldarse en la historia, por tanto, el país hermano del Altiplano tendrá que encontrar una fórmula inteligente para, no sólo superar los alcances de su tratado con Chile de 1904 en que cede definitivamente o renuncia a cualquier reclamación de lo que fueron sus accesos al litoral, sino que deberá asumir que estas son sus únicas posibilidades. Ni Perú enajenó territorios a Bolivia hacia el mar y tampoco declinó la terrible y angustiosa circunstancia de entrar en una guerra atroz contra la invasión chilena planeada desde mucho antes y avituallada por la ambición del salitre a que empujaron potencias que callaron al tronar de cañonazos y silenciaron su voz ante el deguello y repaso que sólo bárbaros pudieron producir entonces. Perú NO es culpable de la mediterraneidad boliviana.

Reemplace, amable lector, la palabra gas en lugar de salitre y subraye que Perú está tan desarmado y preso de pandillas como antaño y se tendrá que la sombra siniestra de 1879 no está tan lejos ni es imposible. Las aves de rapiña dan vueltas, los buitres otean el horizonte y los pueblos que no aprenden las lecciones de la historia, vuelven a cometer crasos errores. ¿Estamos, otra vez, al filo de la navaja?

El desaparecido maestro Alfonso Benavides Correa redactó un formidable alegato en defensa de la peruanidad histórica de Arica, territorio que a través de desdorosas ofertas fuera prometido múltiples veces, bien sea por la complicidad en el reparto como por la concupiscencia de pasiones inferiores. El texto de esa argumentación salió publicada en la opus magna de Benavides, Una difícil vecindad.

Se ha alegado, por voces ignaras, intonsas, desentendidas de cualquier ligazón hacia la historia que en el tema binacional, estrictamente entre Perú y Chile que nace a partir del 3 de junio de 1929, es decir con el Tratado de Lima y su Protocolo Complementario, está el origen de la obliteración de Bolivia y de su salida al mar. ¡Nada más falso! Perú posee soberanía restringida sobre Arica y servidumbres reconocidas en el pacto internacional. El historiador y brillante diplomático peruano Félix C. Calderón, en su monumental obra, El Tratado de 1929. La otra historia, dice:

“Esta modalidad de servidumbre se encuentra estipulada en la primera parte del artículo primero del Protocolo Complementario que a la letra dice: “Los Gobiernos del Perú y Chile no podrán, sin previo acuerdo entre ellos, ceder a una tercera potencia la totalidad o parte de los territorios que, en conformidad al tratado de esta misma fecha, quedan bajo sus respectivas soberanías…”.

“Como puede apreciarse, ella consiste en la autolimitación que ambos países se han impuesto respecto a la suerte de Tacna y Arica, después de la entrada en vigor del Tratado de 1929….. De origen chileno e incluida a insistencia de este país, lo que se persiguió con esa cláusula fue frustrar cualquier eventual arreglo peruano-boliviano en detrimento de Arica. Stricto sensu, esta limitación debió haberse aplicado solamente a Chile, como resultado de la cesión territorial de Arica que hizo el Perú. Lo curioso es que habría la libre disponibilidad del Perú sobre Tacna, sobre todo en lo que se refiere a la construcción de una nueva vía férrea hacia La Paz, lo que habría querido restringir Chile. Y para ello no se le ocurrió nada mejor a la Cancillería de La Moneda que recurrir al texto del artículo sexto del Tratado Boliviano-chileno de 10 de agosto de 1866, tal como lo recordara Culbertson”. (ob. cit., p. 290).

Leamos la entrega patriótica de Alfonso Benavides y no olvidemos a la historia, ministerio grave, examen de conciencia, como faro iluminador de nuestros mejores pasos en defensa irreductible y entrañable del Perú de los Incas. (Herbert Mujica Rojas)

Arica jamás perteneció a Bolivia[1]
Los únicos puertos que Bolivia tuvo en el Pacífico fueron, en virtud del Decreto de Bolívar del 28 de diciembre de 1825, Tocopilla, Cobija, Mejillones y Antofagasta.

Son los que figuran en el croquis inserto en Guano, Salitre y Sangre de Roberto Querejazu Calvo.

Por ello, infructuosamente, Antonio José de Sucre le pidió a Bolívar, por cartas que le remitió desde Chuquisaca el 27 de enero y el 28 de febrero de 1826, que intercediera ante el Congreso el Perú para que le cediera Arica a Bolivia no obstante que, por carta del 2 de febrero de 1825, en clara exposición de la política bolivariana frente a las provincias altoperuanas, el Libertador le había expresado: “Ni usted, ni yo, ni el Congreso mismo del Perú, ni de Colombia, podemos romper y violar la base del derecho público que tenemos reconocido en América”.

Por ello –porque, según palabras de Bolívar, “los gobiernos republicanos se fundan entre los límites de los antiguos virreinatos, capitanías generales, o presidencias como la de Chile”- los pactos de Federación y Límites que firmó el plenipotenciario colombiano Ignacio Ortiz de Zevallos en Chuquisaca el 15 de noviembre de 1826 con el ministro de RR.EE., de Bolivia Facundo Infante y el vocal de la Corte Suprema de Justicia Manuel María Urcullu, cediéndole a Bolivia “el puerto de Arica, y los demás comprendidos desde el grado 18 hasta el 21 y todo el territorio perteneciente a la provincia de Tacna y demás pueblos situados al Sur de esta línea” (según aparece en el p. 160 y siguientes, del tomo segundo de la Colección de Tratados por Ricardo Aranda), fueron rechazados por el Consejo de Gobierno y por el Congreso del Perú que, por haberse extralimitado Ortiz de Zevallos en el ejercicio de las atribuciones que se le confirieron, no admitió “la desmembración de una parte preciosa del Perú”.

No es posible olvidar ni la nota de 18 de diciembre de 1826 suscrita por José María Pando manifestándole al citado ministro plenipotenciario del Perú en Bolivia “que no puede ocultarse que las estipulaciones del tratado de límites son exclusivamente ventajosas para Bolivia” y que “el gobierno no puede retrogradar en esta materia sin faltar esencialmente a sus deberes y cargarse con una responsabilidad muy grave”; ni que la negativa peruana a cederle Arica a Bolivia no fue vencida ni en los días de la Confederación ni cuando, como recuerda Mario Barros en la p. 148 de su Historia Diplomática de Chile, el general José Ballivián, en 1847, después que el 31 de enero de 1842 Chile declaró de propiedad de Estado todas las covaderas que quedaban al sur del paralelo 23, dijo que “creía que el guano era transitorio y que la verdadera política de su patria era lograr, por medios pacíficos o violentos, la posesión de la provincia peruana de Moquegua cuyo puerto principal –Arica- estimaba como naturalmente boliviano”.

Esta fue la razón, LA RAZON DE QUE ARICA JAMAS PERTENECIO A BOLIVIA, por la que el Perú consideró totalmente infundada y abiertamente inamistosa la Declaración que, con fecha 1 de agosto de 1929, hizo circular el Ministerio de RR.EE. de Bolivia con el título de “La reintegración marítima de Bolivia: reservas de su Cancillería al tratado chileno-peruano sobre la soberanía de Tacna y Arica”.

En tal Circular (editada en folleto en La Paz) arremetió la Cancillería boliviana contra la cláusula primera del inseparable Protocolo Complementario del Tratado de Paz y Amistad celebrado el 3 de junio de 1929 por las Repúblicas de Perú y Chile.

No enfiló su ataque Bolivia contra el Tratado que celebró en 1904 con Chile, por el cual perdió toda su costa sobre el Océano Pacífico, porque, en adición a un grave incidente con los paraguayos por la posesión del Chaco en 1902 y a la desinteligencia con el Perú –sometida a arbitraje- por las decisiones bolivianas que éste reputó violatorias del statu quo establecido por el Tratado Ribeyro-Benavente de 5 de noviembre de 1863, la Cancillería de Sucre se encontró ese año con litigios de frontera en el territorio del Acre con Brasil y en Santa Cruz de la Sierra con la Argentina.

Sobre el contradictorio aserto de que, como consecuencia de la guerra, quedaron en posesión de Chile los territorios de Tacna y Arica “sin soberanía definida” y que cuando el Perú y Chile concluyeron el Tratado del 3 de junio de 1929 no sólo “limitaron recíprocamente sus soberanías” y pactaron “un condominio imperfecto en ambos territorios” sino que desapareció “el obstáculo de la indivisión y la falta de una soberanía definitiva”; atacó Bolivia el Tratado y su Protocolo Complementario “considerándose en todo momento parte principal en la liquidación de la contienda” y afirmando con manifiesta inexactitud haber abierto diversas negociaciones diplomáticas “para resolver su soberanía marítima por Arica”.

La Cancillería de La Paz, amnésica, olvidó no solamente que Bolivia no podía invocar ningún título histórico de soberanía ni en Tacna ni en Arica sino que olvidó igualmente: a) Que, a la nota que el 12 de diciembre de 1921 le envió al gobierno chileno expresándole que sobre la solución de la tenencia de Tacna y Arica existían grandes expectativas en el Altiplano de que dicha zona le ofreciera una salida al mar y proponiéndole una conferencia cuatripartita de Bolivia y Chile con el Perú y EEUU., el 21 del mismo mes y año el gobierno chileno se negó a aceptar dicha tercería boliviana manifestándole que “todo acto de Bolivia encaminado a mezclarse en esta divergencia entraña una intromisión ajena a los usos diplomáticos y contraria a las buenas relaciones entre nuestros países”; b) que, cuando el presidente de Bolivia le envió una nota el 21 de enero de 1922 al presidente de los EEUU. de América solicitándole que presionara al Perú y Chile para dejar oír la voz de Bolivia en las conversaciones de Washington, Warren Harding le contestó a Bautista Saavedra que carecía de atribuciones para concederle participación en dichas conferencias que incidían en la búsqueda de un acuerdo exclusivamente bilateral entre el Perú y Chile; c) que, cuando Saavedra le cursó una nota común a las delegaciones del Perú y Chile en Washington, Carlos Aldunate Solar respondió que no podía transmitirle a su gobierno el petitorio boliviano por ser éste extraño a la misión que se le había confiado y, por su parte, Melitón F. Porras sumó a su negativa a la impertinente intromisión boliviana en el conflicto las siguientes expresivas palabras: “Me parece un tanto injusta la afirmación de que el Tratado de Ancón determinó la pérdida del litoral boliviano porque esto equivale a decir que Bolivia perdió la guerra porque el Perú salió en su defensa. Es punto generalmente sabido, por otra parte, que si el Tratado de Ancón no hubiese existido, la suerte del litoral boliviano no habría sido distinta de la actual”.

Sólo repugnancia pueden provocar las atroces revelaciones –que naturalmente no estigmatizan a ilustres y respetables chilenos y bolivianos que, con verdaderos escrúpulos de conciencia, reprobaron los desdorosos planes a que se refirieron- de Gabriel René Moreno en Daza y las Bases Chilenas de 1879 (Ed. Universo, La Paz, 1938) y Luis Salinas Vega en Mi Defensa (Tip. Andrés Freyre, Tacna, 1881).

En éste corren los dos siguientes documentos, sobre el tenebroso plan de rectificación de fronteras en las costas del Pacífico que –fuera del camino del honor y la dignidad- le diese a Bolivia territorios peruanos más accesibles al mar desde la altiplanicie y a Chile todo el territorio boliviano comprendido entre los paralelos 23 y 24, que le entregó el canciller de Chile Domingo Santa María a Gabriel René Moreno, en el entendido de que para Chile la mejor manera de asegurar la tenencia de Tarapacá contra una futura acción reivindicatoria del Perú era colocar a Bolivia como “país parachoque” en Tacna y Arica:

“CREDENCIAL. Santiago, 29 de mayo de 1879. Al señor Gabriel René Moreno. Interesado el Gobierno de Chile en poner término a la guerra que sostiene contra Bolivia, mira con placer la buena disposición de usted para coadyuvar a la consecución de este deseo.- En consecuencia, el Gobierno de Chile verá con satisfacción que usted se acerque al excelentísimo presidente de Bolivia y le signifique nuestros sentimientos a este respecto.- Mi Gobierno espera que el de Bolivia, escuchará con benevolencia cuanto usted le exponga en este sentido, y en conformidad con lo que usted ha expresado en nuestras conferencias verbales.- La palabra de usted contará en su abono con sus antecedentes personales y la presente nota.- Dando a usted mis agradecimientos por el noble espíritu que lo anima, me ofrezco de usted atento servidor.
:

1)      Se reanudan las amistosas relaciones que siempre han existido entre Chile y Bolivia y que sólo se han interrumpido desde febrero del presente año. En consecuencia, cesa la guerra entre las dos repúblicas y los ejércitos de ambas se considerarán en adelante como aliados en la guerra contra el Perú.
2)      En testimonio de que desaparecen, desde luego, todos los motivos de desavenencia entre Chile y Bolivia, se declara por ésta última que reconoce como de la exclusiva propiedad de Chile todo el territorio comprendido entre los paralelos 23 y 24, que ha sido el que mutuamente se han disputado.
3)      Como la República de Bolivia ha menester de una parte del territorio peruano para regularizar el suyo y proporcionarse una comunicación fácil con el Pacífico, de que carece al presente, sin quedar sometida a las trabas que le ha impuesto siempre el gobierno peruano, Chile no embarazará la adquisición de esa parte de territorio, ni se opondrá a su ocupación definitiva por parte de Bolivia, sino que, por el contrario, le prestará la más eficaz ayuda.
4)      La ayuda de Chile a Bolivia consistirá, mientras dure la guerra actual con el Perú, en proporcionar armas, dinero y demás elementos necesarios para la mejor organización y servicio de su ejército.
5)      Vencido el Perú y llegado el momento de estipular la paz, no podrá ella efectuarse por parte de Chile mientras que el Perú no la celebre, igualmente con Bolivia, en cuyo caso Chile respetará todas las concesiones territoriales que el Perú haga a Bolivia o ésta imponga a aquél. Tampoco podrá Bolivia celebrar la paz sin la anuencia y la intervención de Chile.
6)      Celebrada la paz, Chile dejará a Bolivia todo el armamento que estime necesario para el servicio de su ejército y para mantener en seguridad el territorio que le haya cedido el Perú o que haya obtenido de éste por la ocupación, sin que le haga cargo alguno por las cantidades de dinero que haya podido facilitarse durante la guerra, las que jamás excederán de seiscientos mil pesos.
7)      Queda desde ahora establecido que la indemnización de guerra que el Perú haya podido pagar a Chile habrá de garantizarse, precisamente, atenta a la situación financiera del Perú y su informalidad en los compromisos, con la explotación de los salitres del departamento de Tarapacá y los guanos y demás sustancias que en el mismo puedan encontrarse. Una convención especial arreglará este asunto. Iguales convenciones se celebrarán sobre los demás puntos que sea necesario esclarecer y completar”.

No fue éste el único documento.

Otro fue el Memorándum que Eusebio Lillo le entregó a Mariano Baptista, en los primeros días de diciembre de 1881, en la misión secreta que lo llevó a Tacna y en el que en 1884 se inspiraron las fracasadas misiones de Belisario Salinas y Eliodoro Camacho al Perú, orientadas a convencer a los generales Cáceres e Iglesias de que finalizaran la guerra civil en que se hallaban enfrentados y aceptasen la modificación del Tratado de Ancón a fin de que, con compensación pecuniaria, Tacna y Arica pasasen al dominio de Bolivia; y, en enero del año siguiente, la misión diplomática de Aniceto Arce en Santiago, como enviado especial del Gobierno de Bolivia presidido por Gregorio Pacheco, para “procurar una solución definitiva en la cuestión territorial que viene sustentando la política chilena, bajo la faz de rectificación de fronteras” y, en desahuciada proposición como es de verse en las Páginas Diplomáticas de Javier Vial Solar publicadas en 1900 en Santiago, celebrar “un tratado de paz y amistad que comprenda la condición esencial del canje de territorio del departamento del litoral boliviano por el de Tacna y Arica”.

Dicho Memorándum, que según Querejazu en su ob. cit. se conserva en el legajo de papeles del entonces ministro de RR.EE. de Bolivia Pedro José Zilveti en la Sociedad Geográfica e Histórica de Sucre, dice así:

MEMORANDUM DE BASES PARA UN ARREGLO DE PAZ DEFINITIVO CON CHILE

“Ocupando Chile los territorios de Tacna y Arica, hallándose en situación de ampliar esa ocupación inmediatamente y sin inconveniente alguno hasta la quebrada de Ilo, la base de arreglo con Bolivia sería una rectificación de fronteras que satisfaga la antigua aspiración de la nación boliviana, de extender su dominio a esos territorios, teniendo en Arica su puerto de salida al Pacífico”.

“Si la seguridad de Bolivia exigiese mayor ocupación de territorio hacia el norte y oriente, Chile se obligaría a operar, en unión de fuerzas bolivianas, sobre esos territorios, estableciéndose en ellos el dominio de Bolivia. De esta manera, Bolivia podrá navegar en aguas propias toda la parte traficada del lago Titicaca”.

“La cesión a Bolivia de los territorios de Tacna, Arica y Moquegua, sería en compensación de la cesión que para continuar su territorio hasta Camarones, necesita Chile del litoral boliviano que se extiende al sur del Loa, sin que figure en la tal operación ninguna compensación por gastos de guerra”.

“Chile se obliga a dar libre tránsito, a perpetuidad, por todos sus puertos desde Camarones hasta el grado 24, al comercio boliviano, tanto de internación como de exportación. En los puertos bolivianos y en los chilenos, se internarán libres de todo gravamen los productos de uno y otro país”.

“Chile se comprometería a establecer una línea férrea que, partiendo de Iquique, Mejillones o Antofagasta, busque la altiplanicie boliviana, para servir los intereses comerciales e industriales del sur de Bolivia. Prestaría igualmente el apoyo de su crédito al establecimiento de otra línea férrea que, partiendo de Arica, fuese a servir los intereses de los departamentos bolivianos del norte”.

“El tratado de paz que se celebrase ligaría de tal manera a uno y otro país, en el presente y en el porvenir, que podrían unificarse no solamente sus intereses comerciales e industriales, sino, también, en lo que fuera posible, sus intereses políticos, para prestarse apoyo en cualquier emergencia internacional”.

“Como paso previo para discutir y arribar al tratado definitivo podría estipularse entre ambos países una tregua que, en caso de no pactarse la paz, no podría suspenderse sino después de cuatro meses de rotas las conferencias”.

“Hay otros puntos de detalle y cuestiones accesorias de un tratado de paz que sería muy fácil resolver sin tropiezo alguno por los plenipotenciarios debidamente autorizados por los respectivos gobiernos”.

Parece innecesario agregar: 1) que la política de Santa María respecto a la cesión a Bolivia de los territorios de Moquegua, Tacna y Arica fue variada radicalmente al asumir la presidencia de Chile José Manuel Balmaceda para quien, repitiendo palabras de Querejazu en la p. 709 de su ob. cit., “Tacna y Arica no debían servir de anzuelo destinado a pescar una dudosa amistad boliviana sino como puntos avanzados del territorio chileno, en los cuales se afianzase y fortificase su soberanía, a fin de hacerlos servir de baluarte contra propósitos revanchistas del Perú”, 2) que después, en mayo de 1895, cuando Bolivia y Chile firmaron los pactos secretos de Paz y Amistad y de Transferencia de Territorios, el Congreso boliviano no hizo oposición a los tratados sino al hecho que, siendo separados, Chile pudiera conferirle validez a uno, para apoderarse del litoral boliviano, y negársela al otro más adelante para frustrar la transferencia de Tacna y Arica a Bolivia; 3) que el Congreso de Chile no le brindó su aprobación al Protocolo Cano-Matta de 9 de diciembre de 1895 que, con la aprobación del Congreso de Bolivia, aprobó en conjunto, como estipulaciones recíprocas e integrantes las unas de las otras, los tratados de Paz y de Transferencia de Territorios concertados en Santiago el 18 de mayo de 1895; 4) que más adelante se ajustó el Tratado de Paz y Amistad de 20 de octubre de 1904, con su Acta Secreta Complementaria, poco después del abrazo en el Estrecho de Magallanes, el 12 de febrero de 1899, entre los presidentes de Argentina Julio A. Roca y de Chile Federico Errázuriz Echaurren así como de la estocada de Abraham Koning al canciller Eliodoro Villazón el 13 de agosto de 1900 en que fue preciso al expresarle que, “siendo cosa sabida y entendida que Bolivia no pretende zona ni puerto en el territorio de su antiguo litoral”, “que una salida al Pacífico que produjera una solución de continuidad en el mismo territorio chileno es inaceptable por su propia naturaleza” y que tampoco Chile podría ceder Tacna y Arica a Bolivia, como se ofreció en los tratados de 1895, porque no había podido obtener todavía dominio permanente sobre esos territorios, “menester es declarar que Bolivia no debe contar con la transferencia de los territorios de Tacna y Arica, aunque el plebiscito sea favorable a Chile”; y 5) que el mismo 20 de octubre de 1904, se suscribió y protocolizó un Acta Secreta Complementaria del Tratado que, sin ninguna promesa chilena de puerto para Bolivia, fue redactada en los siguientes términos:

“En Santiago, a 20 días del mes de octubre de 1904, reunidos en el Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile don Alberto Gutiérrez, y el ministro del ramo, don Emilio Bello Codesido, con el objeto principal de suscribir el Tratado de Paz y Amistad, concluido en esa misma fecha, el representante de Bolivia expuso: Que, de acuerdo con el espíritu que ha guiado a los gobiernos de Bolivia y Chile a celebrar el referido pacto, e interpretando los propósitos de cordialidad y de armonía manifestados por sus gobiernos en el curso de las negociaciones que acaban de terminar, Bolivia empeñará todos sus esfuerzos, ya sea conjunta o separadamente con Chile, para que los territorios de Tacna y Arica se incorporen definitivamente al territorio chileno.- Por su parte, el ministro de Relaciones Exteriores expresó que, de acuerdo con su gobierno, consideraba que los intereses comunes de Chile y de Bolivia establecían entre ambas repúblicas el compromiso de unir su acción y sus esfuerzos en el sentido de hacer definitivo el dominio de Chile en los territorios de Tacna y Arica.- Agregó que, en reciprocidad, Chile presentaría a Bolivia su apoyo diplomático en favor de los derechos de Bolivia sobre el territorio que actualmente ocupa, si llegase a serle disputado por otra nación vecina, ofreciendo su mediación, los buenos oficios u otro recurso amistoso”.

El Acta Secreta no fue sometida a la consideración del Congreso de Bolivia. Como “un deber doloroso y sin gloria”, según palabras del presidente Ismael Montes, el Tratado sí que, al cabo de varias semanas de ardoroso debate, con 30 votos en contra, fue aprobado por 42, mereciendo de Daniel Sánchez Bustamante la siguiente apreciación en su libro Bolivia, su estructura y sus derechos en el Pacífico, que vio la luz en La Paz el año 1919: “El tratado de 1904 no fue la obra de un negociador aislado, ni de un momento infeliz de nuestra diplomacia. Fue el nudo en que se recogieron sucesos adversos, desengaños repetidos, precipitaciones angustiosas, necesidades urgentes, ilusiones muertas”.
..........................
*El ex canciller Javier Arias Stella ha incurrido en un yerro de concepto bastante inexplicable al sostener que Perú tendrá que dar el visto bueno a lo que acuerden Chile y Bolivia con respecto a su salida al mar. La lectura permite colegir la tremenda imprecisión del aserto inaceptable en quien alguna vez dirigió la Cancillería. (hmr)
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Perú NO es culpable de mediterraneidad boliviana*

Hay que apoyar a Bolivia en su legítima aspiración de salida al Pacífico y hay que respaldarse en la historia, por tanto, el país hermano del Altiplano tendrá que encontrar una fórmula inteligente para, no sólo superar los alcances de su tratado con Chile de 1904 en que cede definitivamente o renuncia a cualquier reclamación de lo que fueron sus accesos al litoral, sino que deberá asumir que estas son sus únicas posibilidades. Ni Perú enajenó territorios a Bolivia hacia el mar y tampoco declinó la terrible y angustiosa circunstancia de entrar en una guerra atroz contra la invasión chilena planeada desde mucho antes y avituallada por la ambición del salitre a que empujaron potencias que callaron al tronar de cañonazos y silenciaron su voz ante el deguello y repaso que sólo bárbaros pudieron producir entonces. Perú NO es culpable de la mediterraneidad boliviana.

Reemplace, amable lector, la palabra gas en lugar de salitre y subraye que Perú está tan desarmado y preso de pandillas como antaño y se tendrá que la sombra siniestra de 1879 no está tan lejos ni es imposible. Las aves de rapiña dan vueltas, los buitres otean el horizonte y los pueblos que no aprenden las lecciones de la historia, vuelven a cometer crasos errores. ¿Estamos, otra vez, al filo de la navaja?

El desaparecido maestro Alfonso Benavides Correa redactó un formidable alegato en defensa de la peruanidad histórica de Arica, territorio que a través de desdorosas ofertas fuera prometido múltiples veces, bien sea por la complicidad en el reparto como por la concupiscencia de pasiones inferiores. El texto de esa argumentación salió publicada en la opus magna de Benavides, Una difícil vecindad.

Se ha alegado, por voces ignaras, intonsas, desentendidas de cualquier ligazón hacia la historia que en el tema binacional, estrictamente entre Perú y Chile que nace a partir del 3 de junio de 1929, es decir con el Tratado de Lima y su Protocolo Complementario, está el origen de la obliteración de Bolivia y de su salida al mar. ¡Nada más falso! Perú posee soberanía restringida sobre Arica y servidumbres reconocidas en el pacto internacional. El historiador y brillante diplomático peruano Félix C. Calderón, en su monumental obra, El Tratado de 1929. La otra historia, dice:

“Esta modalidad de servidumbre se encuentra estipulada en la primera parte del artículo primero del Protocolo Complementario que a la letra dice: “Los Gobiernos del Perú y Chile no podrán, sin previo acuerdo entre ellos, ceder a una tercera potencia la totalidad o parte de los territorios que, en conformidad al tratado de esta misma fecha, quedan bajo sus respectivas soberanías…”.

“Como puede apreciarse, ella consiste en la autolimitación que ambos países se han impuesto respecto a la suerte de Tacna y Arica, después de la entrada en vigor del Tratado de 1929….. De origen chileno e incluida a insistencia de este país, lo que se persiguió con esa cláusula fue frustrar cualquier eventual arreglo peruano-boliviano en detrimento de Arica. Stricto sensu, esta limitación debió haberse aplicado solamente a Chile, como resultado de la cesión territorial de Arica que hizo el Perú. Lo curioso es que habría la libre disponibilidad del Perú sobre Tacna, sobre todo en lo que se refiere a la construcción de una nueva vía férrea hacia La Paz, lo que habría querido restringir Chile. Y para ello no se le ocurrió nada mejor a la Cancillería de La Moneda que recurrir al texto del artículo sexto del Tratado Boliviano-chileno de 10 de agosto de 1866, tal como lo recordara Culbertson”. (ob. cit., p. 290).

Leamos la entrega patriótica de Alfonso Benavides y no olvidemos a la historia, ministerio grave, examen de conciencia, como faro iluminador de nuestros mejores pasos en defensa irreductible y entrañable del Perú de los Incas. (Herbert Mujica Rojas)

Arica jamás perteneció a Bolivia[1]
por Alfonso Benavides Correa
Una difícil vecindad, Lima 1997

Los únicos puertos que Bolivia tuvo en el Pacífico fueron, en virtud del Decreto de Bolívar del 28 de diciembre de 1825, Tocopilla, Cobija, Mejillones y Antofagasta.

Son los que figuran en el croquis inserto en Guano, Salitre y Sangre de Roberto Querejazu Calvo.

Por ello, infructuosamente, Antonio José de Sucre le pidió a Bolívar, por cartas que le remitió desde Chuquisaca el 27 de enero y el 28 de febrero de 1826, que intercediera ante el Congreso el Perú para que le cediera Arica a Bolivia no obstante que, por carta del 2 de febrero de 1825, en clara exposición de la política bolivariana frente a las provincias altoperuanas, el Libertador le había expresado: “Ni usted, ni yo, ni el Congreso mismo del Perú, ni de Colombia, podemos romper y violar la base del derecho público que tenemos reconocido en América”.

Por ello –porque, según palabras de Bolívar, “los gobiernos republicanos se fundan entre los límites de los antiguos virreinatos, capitanías generales, o presidencias como la de Chile”- los pactos de Federación y Límites que firmó el plenipotenciario colombiano Ignacio Ortiz de Zevallos en Chuquisaca el 15 de noviembre de 1826 con el ministro de RR.EE., de Bolivia Facundo Infante y el vocal de la Corte Suprema de Justicia Manuel María Urcullu, cediéndole a Bolivia “el puerto de Arica, y los demás comprendidos desde el grado 18 hasta el 21 y todo el territorio perteneciente a la provincia de Tacna y demás pueblos situados al Sur de esta línea” (según aparece en el p. 160 y siguientes, del tomo segundo de la Colección de Tratados por Ricardo Aranda), fueron rechazados por el Consejo de Gobierno y por el Congreso del Perú que, por haberse extralimitado Ortiz de Zevallos en el ejercicio de las atribuciones que se le confirieron, no admitió “la desmembración de una parte preciosa del Perú”.

No es posible olvidar ni la nota de 18 de diciembre de 1826 suscrita por José María Pando manifestándole al citado ministro plenipotenciario del Perú en Bolivia “que no puede ocultarse que las estipulaciones del tratado de límites son exclusivamente ventajosas para Bolivia” y que “el gobierno no puede retrogradar en esta materia sin faltar esencialmente a sus deberes y cargarse con una responsabilidad muy grave”; ni que la negativa peruana a cederle Arica a Bolivia no fue vencida ni en los días de la Confederación ni cuando, como recuerda Mario Barros en la p. 148 de su Historia Diplomática de Chile, el general José Ballivián, en 1847, después que el 31 de enero de 1842 Chile declaró de propiedad de Estaal Perú y Chile para dejar oír la voz de Bolivia en las conversaciones de Washington, Warren Harding le contestó a Bautista Saavedra que carecía de atribuciones para concederle participación en dichas conferencias que incidían en la búsqueda de un acuerdo exclusivamente bilateral entre el Perú y Chile; c) que, cuando Saavedra le cursó una nota común a las delegaciones del Perú y Chile en Washington, Carlos Aldunate Solar respondió que no podía transmitirle a su gobierno el petitorio boliviano por ser éste extraño a la misión que se le había confiado y, por su parte, Melitón F. Porras sumó a su negativa a la impertinente intromisión boliviana en el que lo anima, me ofrezco de usted atento servidor.
Domingo Santa María.

“Bases:

1)      Se reanudan las amistosas relaciones que siempre han existido entre Chile y Bolivia y que sólo se han interrumpido desde febrero del presente año. En consecuencia, cesa la guerra entre las dos repúblicas y los ejércitos de ambas se considerarán en adelante como aliados en la guerra contra el Perú.
2)      En testimonio de que desaparecen, desde luego, todos los motivos de desavenencia entre Chile y Bolivia, se declara por ésta última que reconoce como de la exclusiva propiedad de Chile todo el territorio comprendido entre los paralelos 23 y 24, que ha sido el que mutuamente se han disputado.
3)      Como la República de Bolivia ha menester de una parte del territorio peruano para regularizar el suyo y proporcionarse una comunicación fácil con el Pacífico, de que carece al presente, sin quedar sometida a las trabas que le ha impuesto siempre el gobierno peruano, Chile no embarazará la adquisición de esa parte de territorio, ni se opondrá a su ocupación definitiva por parte de Bolivia, sino que, por el contrario, le prestará la más eficaz ayuda.
4)      La ayuda de Chile a Bolivia consistirá, mientras dure la guerra actual con el Perú, en proporcionar armas, dinero y demás elementos necesarios para la mejor organización y servicio de su ejército.
5)      Vencido el Perú y llegado el momento de estipular la paz, no podrá ella efectuarse por parte de Chile mientras que el Perú no la celebre, igualmente con Bolivia, en cuyo caso Chile respetará todas las concesiones territoriales que el Perú haga a Bolivia o ésta imponga a aquél. Tampoco podrá Bolivia celebrar la paz sin la anuencia y la intervención de Chile.
6)      Celebrada la paz, Chile dejará a Bolivia todo el armamento que estime necesario para el servicio de su ejército y para mantener en seguridad el territorio que le haya cedido el Perú o que haya obtenido de éste por la ocupación, sin que le haga cargo alguno por las cantidades de dinero que haya podido facilitarse durante la guerra, las que jamás excederán de seiscientos mil pesos.
7)      Queda desde ahora establecido que la indemnización de guerra que el Perú haya podido pagar a Chile habrá de garantizarse, precisamente, atenta a la situación financiera del Perú y su informalidad en los compromisos, con la explotación de los salitres del departamento de Tarapacá y los guanos y demás sustancias que en el mismo puedan encontrarse. Una convención especial arreglará este asunto. Iguales convenciones se celebrarán sobre los demás puntos que sea necesario esclarecer y completar”.

No fue éste el único documento.

Otro fue el Memorándum que Eusebio Lillo le entregó a Mariano Baptista, en los primeros días de diciembre de 1881, en la misión secreta que lo llevó a Tacna y en el que en 1884 se inspiraron las fracasadas misiones de Belisario Salinas y Eliodoro Camacho al Perú, orientadas a convencer a los generales Cáceres e Iglesias de que finalizaran la guerra civil en que se hallaban enfrentados y aceptasen la modificación del Tratado de Ancón a fin de que, con compensación pecuniaria, Tacna y Arica pasasen al dominio de Bolivia; y, en enero del año siguiente, la misión diplomática de Aniceto Arce en Santiago, como enviado especial del Gobierno de Bolivia presidido por Gregorio Pacheco, para “procurar una solución definitiva en la cuestión territorial que viene sustentando la política chilena, bajo la faz de rectificación de fronteras” y, en desahuciada proposición como es de verse en las Páginas Diplomáticas de Javier Vial Solar publicadas en 1900 en Santiago, celebrar “un tratado de paz y amistad que comprenda la condición esencial del canje de territorio del departamento del litoral boliviano por el de Tacna y Arica”.

Dicho Memorándum, que según Querejazu en su ob. cit. se conserva en el legajo de papeles del entonces ministro de RR.EE. de Bolivia Pedro José Zilveti en la Sociedad Geográfica e Histórica de Sucre, dice así:

MEMORANDUM DE BASES PARA UN ARREGLO DE PAZ DEFINITIVO CON CHILE

“Ocupando Chile los territorios de Tacna y Arica, hallándose en situación de ampliar esa ocupación inmediatamente y sin inconveniente alguno hasta la quebrada de Ilo, la base de arreglo con Bolivia sería una rectificación de fronteras que satisfaga la antigua aspiración de la nación boliviana, de extender su dominio a esos territorios, teniendo en Arica su puerto de salida al Pacífico”.

“Si la seguridad de Bolivia exigiese mayor ocupación de territorio hacia el norte y oriente, Chile se obligaría a operar, en unión de fuerzas bolivianas, sobre esos territorios, estableciéndose en ellos el dominio de Bolivia. De esta manera, Bolivia podrá navegar en aguas propias toda la parte traficada del lago Titicaca”.

(hmr)