domingo, 8 de noviembre de 2015

Escribe: César Vásquez Bazán


Una importante fuente de inspiración marxista para el aprismo –en especial en lo que respecta al diseño creativo de su propuesta programática– estuvo constituida por Lenin y la revolución soviética.

Posiblemente, el primero que notó la influencia de Lenin sobre Víctor Raúl fue Palmiro Machiavello, socialista, amigo de Mariátegui y cónsul del Perú en Génova durante los años veinte. En una carta al Amauta, fechada en esa ciudad el 14 de abril de 1927, el diplomático peruano opinaba sobre Haya de la Torre:

“Para mí, además de estar padeciendo aún de super-rusismo, Haya quiere ser un Lenin spinto (extremista), Lenin a su modo tal vez, pero spintissimo (muy extremista)” (Mariátegui 1984, 268).

¿A qué se refería Machiavello? La respuesta no es muy complicada. En 1924, Haya de la Torre visitó Rusia en lo que significó para él “una aleccionadora experiencia personal comprobatoria” (P, XXIX), cuyos resultados se pueden leer enEl Antimperialismo y el APRA, especialmente en sus capítulos segundo y tercero. Para Víctor Raúl, Rusia ofreció al mundo “el primer caso de liberación económica antimperialista de la historia contemporánea, con todas las características de una auténtica revolución social y nacional” (AA, 112).

Añadió que la enseñanza de la moderna Rusia consistía en que “el país se había liberado del imperialismo por la nacionalización de la industria, por el monopolio estatal del comercio y por el contralor del ingreso de capitales extranjeros” (AA, 112).

Resulta interesante advertir que Haya de la Torre no pensaba que Rusia fuera socialista en 1928. Más bien, iba “hacia el socialismo” (AA, 111): “día llegará en que el socialismo impere en Rusia” (AA, 112). Mientras tanto, durante la transición, sería necesario “un largo proceso de capitalismo de Estado que suprima, progresivamente, la NEP [Nueva Política Económica] y cumpla la misión histórica de industrializar el país” (AA, 112).

Haya entendió que para llevar adelante su tarea revolucionaria, Lenin y sus camaradas tuvieron que efectuar la interpretación marxista de la realidad rusa y sobretodo, “comprender bien el imperativo nacional de su gran revolución” (AA, 112). Por esa razón, “el Partido Socialista Ruso debió emanciparse de la Segunda Internacional y tomar un nombre de su propia lengua –Bolchevismo–” (AA, 112).

Ésta, en resumen, fue la comprensión hayista del fenómeno soviético. Empero, para aplicar la experiencia en forma útil a los esfuerzos de liberación nacional latinoamericana, ésta tendría que ser asumida creativamente.

“Dentro del marxismo”, Lenin y el bolchevismo habían verificado en Rusia análoga tarea histórica a la que Víctor Raúl y el aprismo deberían ejecutar en el Perú y América Latina, la que consistiría en vencer en la lucha antimperialista por la liberación nacional; implantar el capitalismo de Estado; nacionalizar la industria; controlar el ingreso de los capitales extranjeros; industrializar el país; en suma, llevar adelante la revolución social.

Cabe entonces preguntarse, si éstas eran precisamente las tareas leninistas, ¿por qué Víctor Raúl nunca se declaró leninista? Su respuesta fue que las diferencias “profundas y numerosas” entre la realidad rusa y la peruana obligaban a comprender el hecho histórico revolucionario, aprovechar la experiencia y “afirmar realistamente la teoría y la práctica revolucionaria en la dialéctica de los hechos” (AA, 113).

El aprismo, por “comprender bien el imperativo nacional de su gran revolución” debería emanciparse de una Tercera Internacional dogmatizada, que privilegiaba la defensa de la Unión Soviética en relación a las tareas de emancipación nacional latinoamericana. Esa fue la Comintern que no comprendió a tiempo la inviabilidad de un partido exclusivamente proletario en Indoamérica.

Siguiendo el ejemplo de los bolcheviques, Víctor Raúl llegó a la conclusión que el movimiento latinoamericano debería adoptar un nombre de su propia lengua: aprismo.

Por supuesto, detrás de la formal exigencia semántica subyace el rebelde rechazo hayista al marcado eurocentrismo de la Tercera Internacional y la correspondiente . propuesta aprista centrada en América Latina: “Un partido antimperialista indoamericano con sentido de nuestra realidad social no puede ser (...) un partido de remedo o calco europeo. Y menos todavía un partido sometido a dirección extranjera...” (AA, 99).

Notas:

Haya de la Torre, Víctor Raúl. 1984. Obras Completas. Segunda edición. Siete volúmenes. Lima: Librería-Editorial Juan Mejía Baca.
AA: El Antimperialismo y el APRA, Volumen 4
P: Preliminares, Volumen 1

Mariátegui, José Carlos. 1984. Correspondencia. Volumen I. Lima: Empresa Editora Amauta, S. A.

© César Vásquez Bazán, 2009

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