viernes, 19 de octubre de 2012

Robots comprados por el régimen alanista se habrían sobrevalorado
 
POR MÁS DE 3 MILLONES Y MEDIO DE SOLES.

La saga de las laptops OLPC – compradas a dedo por el gobierno anterior– continúa y se transforma en una historia de robots. Una auditoría del Ministerio de Educación señala una millonaria sobrevaloración y favorecimiento hacia una empresa vinculada a un ex senador aprista.
Marco Sifuentes.

Compras. El ex ministro de Educación, José Antonio Chang, con el ex presidente Alan García y un grupo de niños.



Menos de un mes antes de terminar su gobierno, el presidente Alan García inauguró la nueva sede del Ministerio de Educación: un moderno edificio con la forma de 12 libros apilados uno encima de otro. A la entrada del complejo burocrático, el visitante podía encontrarse con una especie de monolito coronado por un rectángulo blanco y verde.

–Era muy faltoso –recuerda un funcionario de esa época–. Ya muy obvio. Pero, ¿quién lo iba a decir en voz alta?

Se trataba de un monumento a las laptops OLPC. Era una reproducción fiel, incluido el logo de la marca, del modelo de las 870 mil portátiles que el gobierno anterior había comprado, sin mediar licitación alguna, con un costo aproximado de 150 millones de dólares de todos los peruanos.

¿De dónde salieron estas laptops? ¿Cómo pudo gastarse más de 400 millones de soles en una marca, a dedo, sin que mediara ni un estudio ni licitación? ¿Quiénes están detrás de la guerra por reemplazar las 40 mil OLPC que se quemaron en el incendio de un almacén a inicios de año? Y, quizás, la pregunta más extraña: ¿robots?

PROYECTO: UNA LAPTOP POR NIÑO

Todo empezó exactamente cinco años antes de que el presidente García inaugurara el edificio con el monumento a las OLPC.

Era julio de 2006 y, en la sede de la OEA en Washington, el “gurú” informático Nicholas Negroponte presentaba su proyecto One Laptop Per Child (es decir, OLPC, es decir, una laptop por niño). Se trataba de una reunión de la Cátedra de las Américas, una serie de conferencias de la OEA patrocinada, nada menos, que por la Universidad San Martín de Porres de Perú.

–Y allí estaba yo– recuerda Óscar Becerra, que entonces era Jefe de Planificación de la USMP y que ahora ha vuelto a ocupar ese cargo. En el ínterin, durante los años del gobierno aprista, Becerra fue el director de la Digete, la Dirección General de Tecnologías del Ministerio de Educación.

A Becerra le pareció una idea cojonuda. La San Martín se puso en contacto con la OLPC Foundation y, en abril de 2007, Becerra y el vicerrector de la USMP , Raúl Bao, viajaron a Boston a conocer el proyecto.
En este punto hay que decir que entonces el proyecto OLPC , que se había marketeado como “laptops de 100 dólares”, todavía no se había ejecutado en ningún país. Inicialm ente había recibido una orden de compra de Nigeria –por ello los colores de las máquinas son verde y blanco, como la bandera nigeriana–, pero eso se había cancelado.

Es más: las laptops, finalmente, terminaron costando 188 dólares, casi el doble de lo prometido. Venían sin manual ni garantía porque esa es la filosofía del gurú Negroponte: los niños tienen que aprender a manejar y reparar las máquinas solos, por su cuenta. Casi ningún país quería arriesgarse.

Hasta que la comitiva de la San Martín volvió a Perú con 3 prototipos y uno de ellos terminó en las manos de Alan García.

El resto de la historia es relativamente conocida. El Perú se convirtió en la punta de lanza del proyecto a nivel mundial. Ordenamos 870 mil de esas laptops escolares, la mayor cantidad que nación alguna ha comprado. El segundo puesto es Uruguay, con 380 mil y el tercero, ya lejos, Argentina con 60 mil.

De hecho, según datos de la propia OLPC, el 40% de todas sus laptops se encuentra aquí, en Perú.

–En la práctica –explica un ex funcionario–, Perú le financió el proyecto a Negroponte.

Por estos y otros detalles francamente insólitos que veremos más adelante, la Megacomisión del Congreso, que investiga al régimen anterior, le puso la puntería a esta compra. Pero, en marzo de este año, hubo un giro dramático en la historia: un incendio en el almacén del Ministerio de Educación destruyó 40 mil OLPC.
Y todo lo demás empezó a hacer cortocircuito.

UNA LEY LLAMADA DEDO

Lo más probable es que los congresistas que, en octubre de 2007, votaron a favor de la Ley 29109 no tuvieran ni idea de qué estaban aprobando.

Era una ley que aprobaba un crédito suplementario para comprar laptops. Pero no cualquier modelo. Específicamente la Ley 29109 mencionaba al Programa “Una Laptop Por Niño - OLPC”. Algo así como si el Ministerio de Educación tuviera un programa llamado Samsung o Apple. La diferencia es que, claro, la OLPC declara no tener fines de lucro.

El caso es que el Congreso aprobó la compra a dedo y, mediante mecanismos similares, se adquirieron un total de 870 mil máquinas entre 2007 y 2011, por casi 430 millones de soles.

La evaluación previa del proyecto la hizo el Consejo Privado para la Agenda Digital (CPAD), liderado por Max Ugaz, un alto funcionario de la Universidad San Martín. Por supuesto, dieron el visto bueno.

Luego, en junio de 2007, la OLPC Foundation y la Universidad San Martín de Porres firmaron un convenio para capacitar a los profesores en el uso de las laptops. Para esto vino a Lima el mismo Negroponte, al que la USMP distinguió como doctor honoris causa.

El rector de la USMP, José Antonio Chang, era, en ese momento, también el ministro de Educación que estaba comprando las laptops.

Desde su actual oficina en la Universidad San Martín, Óscar Becerra, entonces director de la Digete del Ministerio, niega cualquier irregularidad y dice que todo se hizo para modernizar la educación:
– Fue una decisión arriesgada, valiente. Y valió la pena.

Un completo informe del BID de febrero de este año dice lo contrario. Según el estudio, que duró 15 meses con una muestra de 319 colegios, el impacto de las máquinas fue nulo tanto en matemáticas como en lenguaje. Se detectaron ligeras mejoras en el área cognitiva pero el estudio no las atribuye al uso de las OLPC.

Becerra está particularmente indignado con el informe del BID y asegura que no refleja la realidad. “Además, solo el hecho de que no haya impacto ya debería ser positivo”, se defiende. “Algunos decían que las laptops iban a distraer a los niños”.

Pero eso no es todo. En 2010, un informe preliminar indicaba que un 5% había sido repartido en zonas sin electricidad y que, de hecho, solo el 1,4% de las laptops estaban en colegios con conexión a Internet.

Actualmente, muchas de las OLPC están en cajas aún. Los gobiernos regionales, encargados de la distribución, no saben qué hacer con ellas y las han dejado embaladas. Sandro Marcone, actual director de la Digete, calcula que un 40% de las laptops no están siendo usadas.

–Es que no hay incentivos para sacarlas de sus cajas. El director tiene miedo a entregarlas, el profesor nunca fue capacitado para usarlas y el alumno no sabe que están allí. Nunca existió una verdadera demanda.

A pesar de que no existía nada que indicara que las OLPC aportaban en algo a la educación de los niños peruanos y a pesar de que casi la mitad de ellas ni siquiera se estaban usando, en abril de 2011 el presidente García lanzó otro anuncio: para el fin de año, el Perú empezaría a fabricar las laptops escolares.

–Estos equipos forman parte de la reforma del alma en la educación peruana– dijo el entonces presidente.
Perú sería el primer país del mundo en producir las OLPC fuera de China. La encargada peruana, según anunció el Ministerio de Educación, sería la empresa Deltron.

Y aquí es cuando nuestra historia adquiere unos toques de ciencia ficción.

ROBOT, ERES FORMIDABLE

El Grupo Deltron es un próspero conglomerado informático liderado por el empresario Óscar Zevallos Escurra. Son los dueños de Advance, la primera marca nacional de computadoras, de Inversiones Computek y de las distribuidoras Login Store.

Además, Zevallos es miembro del directorio del Instituto Wernher von Braun.

Pues bien, en el 2011, el Instituto Von Braun le vendió al Estado Peruano un total de 126 mil 552 kits de robótica de Lego por un total de 65 millones de soles. Sí, robots de Lego.

El oficio 424 del Órgano de Control Institucional (OCI) del Ministerio de Educación, del 10 de julio de este año, da cuenta de la auditoría realizada sobre esta insólita compra.

Las conclusiones son fulminantes. Se establece que hubo un sobrecosto de 3 millones 526 mil 852 soles, por lo menos. La auditoría indica que la sobrevaloración podría ser mayor. Y esto es solo en el primer lote de 92 mil kits.

–Es un cálculo que no tiene mayor sentido –se defiende Becerra–, realizado un año y medio después sobre la base del cálculo de una empresa que ni siquiera se presentó al proceso.

Pero la auditoría asegura directamente que hubo un “favorecimiento de los funcionarios de la Digete hacia un solo proveedor, para lo cual direccionaron las especificaciones técnicas y demás requisitos hacia un determinado producto”.

El producto en cuestión es el WeDo 9580 de la marca Lego, un kit que permite al niño construir y programar hasta 12 modelos de autómatas sencillos, como un mono percusionista o unos pájaros danzarines. Juguetes, en esencia.

La particularidad de estos modelos es que son compatibles con la OLPC. De hecho, Lego Education y la OLPC venían desarrollando el proyecto juntos desde 2008 en el MIT.

Y, precisamente, los dos representantes en Perú de Lego Education son el Grupo Deltron y el Instituto Von Braun.

El instituto Von Braun es dirigido por José Linares Gallo, quien fuera dos veces senador aprista, en 1985 y 1990. En 1994 fue intervenido por la Policía acusado de encabezar una supuesta fábrica de firmas para inscribir al movimiento Avancemos, de Rafael Rey y José Barba.

Cinco empresas compraron las bases para la licitación de los kits de robótica. Al final, solo se presentó Von Braun. Las otras cuatro desistieron porque se dieron cuenta de que, como dijo una de ellas, “las características eran específicas de Lego Robotics”.

Así, en enero de 2011, Von Braun ganó una licitación de 52 millones 277 mil soles por 92 mil piezas de Lego.

–Es que Lego Education es el producto educativo que más aceptación tiene en el mundo –se defiende Zevallos. El empresario niega que la compra haya estado dirigida.

Sin embargo, la auditoría indica que Von Braun sabía anticipadamente que iba a ganar el concurso. Unos tres meses antes del otorgamiento de la buena pro ya había mandado a importar unos 32 mil kits de robótica.

–Ese es un riesgo de negocios que asume el proveedor –dice Becerra–, no el Estado. Von Braun no sabía que iba a ganar.

Pero había sido la misma Von Braun la que había sugerido la compra. Ya en el 2009 había regalado unos kits a la Digete, explicando que eran compatibles con las OLPC y que podían armar un proyecto piloto. Un par de años después, vendía 92 mil al Estado.

– El Estado viene comprando Lego Education desde 1996 –refuta Zevallos–. Lo que pasa es que este [el WeDo 9580] es un producto nuevo: Lego tuvo que hacer un esfuerzo para adaptar estos productos a las observaciones que se hicieron luego del proyecto piloto.

Eso fue solo el inicio. El 1 de julio de 2011, el mismo día en que Alan García inauguraba el edificio con el monumento a la OLPC, y solo un mes antes de que acabe ese gobierno, el Ministerio de Educación introdujo una adenda al contrato de compra y solicitó 34.552 kits extras. Esto es un 25% extra del pedido original, por un monto de 13 millones 69 mil soles.

Unos meses después, cuando se incendió el almacén del Ministerio de Educación, se quemaron 42.581 robots. Es decir, todo el segundo lote y más.

DONDE HUBO FUEGO...

El siniestro del almacén, en marzo de este año, fue la chispa inicial de dos verdaderos incendios burocráticos.

El primero es la auditoría a la compra de los robots. El informe indica que el pedido extra, que ardió entero, no tenía ninguna razón de ser, puesto que los kits del pedido original ni siquiera habían terminado de repartirse. Según el informe, la compra había sido tan apresurada que no existía ningún tipo de planificación. Es decir, en el Ministerio no sabían qué hacer ni a dónde mandar los dichosos robots.

El segundo incendio hizo arder la pradera mediática hace unas semanas: la licitación para reponer las 40 mil laptops quemadas. La ganadora resultó Trimega Corporation, cuyo dueño es David Carretero Mesones, un personaje involucrado en el caso de los aportantes fantasmas de Gana Perú.

–Lo que pasa es que teníamos que hacer un concurso –explica Sandro Marcone, el actual jefe de la Digete–. No queríamos comprar a dedo. No íbamos a caer nosotros también en eso.

Para realizar el concurso, las bases tuvieron que referirse a características más bien generales y no específicas de las OLPC (cuyo modelo 1.5, por ejemplo, no era compatible con los paneles solares de los colegios sin electricidad). La idea era abrir, transparentemente, el mercado de las laptops escolares.

Sin embargo, la OLPC nunca fue notificada del concurso y, por su lado, Deltron asegura que fue inducida a error para evitar que siquiera postule.

–Allí metieron la pata –dice un funcionario del régimen anterior, que no puede evitar disfrutarlo–. Para esquivar la sartén saltaron al fuego.

Como sea, la campaña contra la licitación de las 40 mil OLPC ha dado resultados. La aseguradora se muestra reacia a aceptar las conclusiones de la licitación y está sugiriendo que se compren, de frente, las OLPC.

Dentro del Ministerio, atribuyen esta campaña a Deltron. El grupo informático no solo estaría furioso por las investigaciones en el caso de los robots, sino porque este régimen también desechó la posibilidad de ensamblar las OLPC en el Perú con ellos, como había anunciado el gobierno anterior.

–Nosotros estamos sorprendidos de la actuación del ministerio –dice Zevallos–. No estamos tras ninguna campaña pero si se quemaron esos productos, ¿por qué no le pidieron al seguro que haga una licitación privada? ¿Por qué ellos quieren manejar el proceso? ¿Para favorecer a alguien en particular?

Todavía hay mucha tela que cortar en el caso de las OLPC. Pero hay un problema quizás crucial. A diferencia del caso de los robots, las 870 mil laptops no se pueden auditar porque nunca hubo un proceso de adquisición: fue el Congreso, a pedido del Ejecutivo, el que decidió comprar a dedo.

Así, mientras la Megacomisión no lo asuma, el extraño caso de las laptops de 100 dólares (que costaron el doble) seguirá siendo un misterio sin resolver.

Eso sí: apenas cambió el gobierno, el monumento a las OLPC fue discretamente retirado del frontis del Ministerio de Educación.

Era muy, muy faltoso.



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