jueves, 20 de septiembre de 2012




ALANISMO Y ANTI ALANISMO EN EL APRA


Por Eduardo Bueno León
I

Si el Partido Aprista fuese una organización moderna, democrática, con firmes valores instalados en la ética política y la justicia social, no sería nada raro que existiese una gran corriente alanista con pretensiones de mayoría. Y posiblemente, a estas alturas estarían reclamando una “tercera oportunidad” para gobernar, con argumentos discutibles, pero pertinentes.



Si como en México, Brasil, Uruguay, Chile y Argentina, el partido fuese de tendencias organizadas donde cada una tiene una representación, liderazgos, programas e iniciativas, posiblemente la crisis del PAP se hubiese solucionado hace tiempo y los conflictos se hubiesen resuelto normativamente en apego a la legalidad.



Pero no es el caso. He insistir en un concepto abstracto, voluntarista y simbólico de “partido” sin más fuente de legitimación que la memoria, el pasado glorioso o anécdotas es caer en la retórica plúmbea e intrascendente.
Pero el problema es Alan García, el cual no tiene la mente entrenada para impulsar un partido de tendencias organizadas (no de facciones, donde una facción busca destruir a la otra). Lo ve como un riesgo a su “liderazgo” (basado en el miedo a su persona, no en el respeto), y contra la “unidad” (retórica que encubre la unidad como supeditación a su persona). Y de esa mentalidad son Mulder y Jorge. Así lo han demostrado en su práctica política, es intolerante uno y patrimonialista el otro.
Un partido de tendencias organizadas implica renunciar a viejas tradiciones que ya no funcionan y que son manipulados por aventureros. También implica mucha discusión-deliberación, nuevos líderes y la exigencia que la razón de un partido es llegar al gobierno y aplicar su programa, con alianzas o apoyos, pero SU PROGRAMA o cumplir la oferta electoral. En la actual situación, los partidos que ganan unas elecciones no gobiernan y quienes pierden, son los que dirigen el Estado. Se está demoliendo la legitimidad de la democracia como sistema de representación. Alan García ha profundizado esta aberración autoritaria y profundamente corruptora. Ya en otros países comienza a asomar una legislación para sancionar a quienes no cumplen lo ofrecido.
¿Entonces como que García no tiene responsabilidad o esta es solo menor? Una primera condición para que nada cambie es decir que García solo cometió “errores” de poca monta y que la responsabilidad mayor fue de sus operadores como Del Castillo y Mulder ( a este último no lo tocan, aunque conocen que es el candidato de García para volver a desmovilizar al APRA).
En el partido hay liderazgos regionales interesantes, figuras emergentes que no han renunciado a Haya de la Torre como Salgado o Cox. Pero existe una complicidad entre las fracciones alanistas para bloquearlos o excluirlos.

Y parece que la jugada de García es aliarse con el PPC, con PPK y armar un frente de derechas. Por pragmatismo, Jorge se sumará con su partido-facción, siempre y cuando le reserven puestos en las listas congresales para él y su gente, y Mulder estará zopiloteando. El proyecto histórico del APRA habrá pasado a la historia, es la autodisolución de facto. Solo la ralea embrutecida y los busca chambas pedigüeños estarán de plácemes con Lourdes Flores y el lobista norteamericano. A ello le llamarán “dialogo civilizado y dialogar no es pactar”. Será otro vulgar caballazo.





II


Sobre el diagnóstico que el APRA y su actual decadencia es resultado de cambios estructurales en la sociedad peruana, se ha escrito mucho en los últimos quince años. Fue la base para la propuesta de “refundación” ó “modernización” del partido que tanto revuelo, desconfianza y resistencia generó a comienzos de la década 2000-2010.



El análisis sobre el segundo gobierno y el giro neoliberal de Alan García ha sido muy intenso, muy duro. No existen precedentes en otros partidos y en gran medida se ha dado a través del Internet, y no todas las familias apristas tienen acceso a la red.


Sin embargo existe un consenso básico respecto a que en el segundo gobierno de García el APRA como partido y como proyecto fue puesta de lado, se le echó del gobierno y no se consideró a sus cuadros y técnicos profesionales. Y cuando fueron considerados el precio fue el silencio, el aval al proyecto neoliberal y el “disciplinamiento”. De lo contrario, sus proyectos eran congelados o simplemente se les cancelaban contratos.


Eso no era “fraternidad” sino autoritarismo y violación de derechos laborales y constitucionales.

Sin embargo, hubo compañeros y compañeras que participaron en el gobierno, que expresaron su disconformidad en privado y buscaron alternativas, ya sea enfocando el problema en la relación partido-gobierno, o en la crítica en las facciones (mulderismo/jorgismo).


Por lo tanto, el cuestionamiento al gobierno de García ha sido constante desde el primer momento, asumiéndose incluso costos políticos muy altos. No es un problema de empleos solicitados y no otorgados, que es el argumento más recurrente usado por el mulderismo y el jorgismo, incapaces de entender lo que son los principios y el proyecto, dada su adscripción al “pragmatismo”.


La claudicación ideológica y la simulación del “cambio responsable”, ya han sido analizadas en su oportunidad. Los defensores de Alan García nunca han podido refutar la crítica a la traición. Y los que haciendo uso de la retórica simulan “tomar distancia”, solo lanzan largas y penosas proclamas inútiles e impotentes, donde se enredan conceptualmente. De algunas ciudades norteamericanas llegan correos de estos abogados de güeto.



La crítica a Alan García, es la crítica a lo que representa. No es producto del odio personal y neurótico. El personaje en privado es simpaticón, fanfarrón y hasta despierta cierta ternura por sus vulnerabilidades. Pero donde cruza la raya para convertirse en un personaje peligroso es cuando intenta representar a un Maquiavello criollo, sin escrúpulos y arrasando todo lo que encuentra. Esos cambios de humor (bipolaridad) y su búsqueda desesperada de reconocimiento por parte de derecha y los ricos del Perú, lo llevó a darles más de lo que le pedían, apuñalando a su partido, destruyendo sus promesas y poniendo en riesgo los sagrados intereses del Perú. Hay pruebas y evidencias que nunca han sido aclaradas.


Y asoma como una constante, la corrupción. Cada gobierno de García termina en la corrupción o en escándalos que los peruanos no olvidan. Pero como buen lector de encuestas y focus groups, García conoce por donde van las nuevas generaciones y juega hábilmente con la desmemoria. Pero ello tiene un costo: sacrificar al APRA y lo que siempre ha representado, he instalar en la cultura política peruana la impunidad como norma y razón. Justamente, la clave para entender la antipolítica.

III

Porque el nuevo líder de la derecha peruana, se ha convertido en un promotor de la antipolítica en el Perú, el mecanismo más perverso formalizado por Fujimori-montesinos, pero que en el argot de la “Gobernabilidad” es el principal mecanismo para generar el “delegacionismo” ciudadano, de tal forma que la democracia solo sea reducida a consultas electorales manipuladas por los poderes fácticos. Es el tipo de democracia funcional al mercado. Electores, más no ciudadanos. Fórmula que aplicada al APRA, significa, votos duros más no militantes. De allí la decisión de hundir la organización territorial del PAP.


Entonces la crítica a García no solo es resultado del ejercicio de un gobierno conservador y neoliberal, no solo a su corrupción y la desinstitucionalización del Estado, sino a una forma de hacer política profundamente reaccionaria, inmoral, involucionista y en las antípodas de la forma de hacer política de Haya de la Torre.


Es Fujimorismo sin Fujimori, es Pinochetismo sin Pinochet, Menemismo sin Menem. Alan García está convencido que la política sin derechos ciudadanos es la mejor fórmula para generar “estabilidad” para las “inversiones” (invertir poco, rápido y multiplicar ganancias para sacarlas velozmente fuera del país, en base al cholo barato y la destrucción del medio ambiente)

La crítica a García no radica entonces en el simplismo de lo hecho en un período de gobierno, donde comparte responsabilidades con Jorge y Mulder, por la claudicación y traición, sino que involucra su alianza sicológica, política, económica y cultural con la derecha peruana. De allí su consigna de sepultar la ideología y la herencia de Haya de la Torre. Consigna fielmente cumplida por los operadores de Jorge desde la PCM, la gente de Mulder y sobre todo los cuarentones.



Sin ideología y sin memoria histórica no hay proyecto, sino tediosos y etnocéntricos documentos que se pueden bajar de Internet (Fundación Ebert e Instituto Nacional Demócrata), “talleres” donde se enseña que el sol sale todos los días y un libro cada tres meses donde se dicen perlas como que “España solo representa una fracción muy pequeña de la economía global” (y quedaron borradas las consecuencias de la crisis financiera global del euro). Donde se dice que “Pizarro fue un genio político y no tiene la culpa de haber traicionado y mentido a Atahuallpa” (o sea la conquista es un mito genial). Donde se divaga sobre el autoanálisis al estilo Doctor Dyer y “tus zonas erróneas” (intentando competir con Artidoro Cáceres).


Y por supuesto todo ello es aplaudido por áulicos y “militantes” que sobonean sin pudor y dignidad alguna. Esos son los nuevos “Apristas”, en realidad alanistas, de mentalidad esclava y en búsqueda del hueso.


Porque esa ha sido otra de las fórmulas aplicadas al APRA. Promover el culto a la personalidad, la supeditación totalitaria a un caudillo, anular la conciencia crítica con el “carisma”, simplificar y trivializar el conocimiento, embrutecer con datos y consignas alterados y descalificados por prestigiosas universidades.
Los nuevos militantes son gelatinosos y si mañana Alan García declara que hay que caminar desnudos, serán los primeros en quitarse la ropa.

El partido necesita una estructura colegiada representativa, democracia directa y no a través de delegados, se requiere que todas las tendencias dialoguen y se reconozca que la época de los caudillos y la “unidad” ya pasó. Los apristas dispuestos a jugársela por el proyecto de Haya de la Torre son profesionales, muchos exitosos y de largo trajinar. Pero se requiere un mínimo de institucionalidad democrática.

Y un paso que podría ser el termómetro sería una convención ideológica amplia, plural y sin vetos ni fraudes, donde se usen las nuevas tecnologías y sea asesorada por un comité de científicos sociales. Entonces los defensores del “Perro del Hortelano” podrán exponer sus puntos de vista y los defensores del pensamiento Hayadelatorreano podrán hacer lo mismo. De esta forma se solucionaría un problema latente. Los estatutos sancionan la “desviación ideológica”, y Alan García es el primer desviacionista. La gente de Jorge con sus “talleres” es otro grupo desviacionista. Pero así como están las cosas los defensores del pensamiento Hayadelatorreano también podrían ser considerados “desviacionistas”.

No es un planteamiento para dirimir diferencias entre "puros" e "impuros" ideológicos, pues su correlato inmediato es la vigencia de la Constitución de 1979, y los valores que defendemos.
Si no se procede se impondrá el “caballazo” y por más memoria, historias de martirologio, anécdotas, místicas y recuerdos que se difunda, no pasarán de ser oraciones fúnebres de un partido que fue disuelto cobardemente y sin dar la cara por un traidor y su banda de aventureros.



México DF a 17 de septiembre

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