sábado, 9 de junio de 2012

Bolivia, Chile y mar


El experto Ramiro Prudencio Lizón RPL publica en diario paceño "La Razón" sobre la demanda marítima boliviana. Me permito no antagonizar, sino más bien complementar esos enfoques. A CEDECH lo avala permanente afán por restaurar la paz y la complementariedad de las repúblicas del Cono Sur. Sin alcanzar esas metas se continuará en el subdesarrollo y la dependencia. Es un anacronismo continuar, en el siglo XXI, anclados en una querella originada en el XIX. Anoto, a continuación, datos y propuestas que invitan a pensar a lectores y, principalmente, a los interesados en política exterior.

1º Alude RPL a la intransigencia del Presidente Piñera respecto a la solicitud de Bolivia. Debo comentar que esta no es sólo del actual mandatario, sino una política permanente de la Cancillería del Mapocho. La excepción quizás sea el Presidente Domingo Santa María. Este al finalizar la confrontación del guano y del salitre (1879-1883) manifiesta su ánimo de evitar el enclaustramiento de esa república. No cristaliza tal propósito. Los mandatarios Gabriel González (1946-1952) y Augusto Pinochet con el Acta de Ayacucho, el Abrazo y Acta de Charaña son los que están no más cerca, sino menos lejos han estado de "desembotellar" a la patria de Evo Morales. Allende no se atreve a dar el paso. Le advertimos que concesiones a Palacio Quemado habrían consolidado la Presidencia Juan José Torres. Sin audiencia se promueve- la tesis del trapecio: Chile con Allende, Perú con Velasco, Bolivia con Torres y Argentina con Cámpora-Perón. Quizás La Moneda entonces estima que una maniobra de esa índole aceleraría el quiebre con las FFAA. Por otro lado, el Presidente y su círculo sólo tenían ojos para Cuba. El entorno inmediato se estima cosas de segundo o tercer órden.

2º La aludida "agenda sin exclusiones" -a sido hasta ahora- estéril. De nada vale anotar como punto a tratar la exigencia de La Paz. Todo análisis en orden a disponer de enclave oceánico con soberanía se pospone. Un dislate mapochina es la grosería perpetrada en Monterrey por el Presidente Ricardo Lagos contra su homónimo Carlos Mesa. Conste que Lagos y Bachelet -socialistas de cartón piedra- nada avanzan respecto a dar satisfacción a la demanda de Bolivia. Peor aun embarcan al país en un armamentismo desenfrenado.

3º Las ofertas -a veces reiteradas- de nuestra Cancillería de ofrecer franja territorial al sur de la Línea de la Concordia es un engaño. Lo digo porque sobre Arica existe una cosoberanía chileno-peruana y Santiago no puede ceder nada a "una tercer potencia" sin la anuencia de Lima. Perú expresa con meridiana claridad: "Si Chile quiere superar la mediterraneidad de Bolivia, pues hágalo por Antofagasta". Eso choca con la aprensión chilena de discontinuar su actual territorio, el litoral e incluso la franja de 200 millas a las cuales tendría derecho La Paz.

4º Revisar el Tratado de 1904 exige acuerdo de ambas partes. Eso no se logra. Vulnerarlo es -lisa y llanamente- la guerra. Es cierto, los Tratados no son intangibles, pero reacomodarlos exige acuerdo de quienes los suscriben. Por otro lado se equivocan los analistas bolivianos al sostener que ese instrumento es impuesto por la fuerza. El Poder Legislativo de Bolivia lo aprueba por abrumadora mayoría. Ello porque los magnates mineros necesitaban con urgencia ferrovía para exportar metales desde los puertos del Pacífico. Lo otro es un mito patriótico. En esa línea no puedo acompañar a mis amigos bolivianos. Así como aquí enjuicio el triunfalismo allá hay que disparar sobre el resentimiento y la fabulación.

5º Si Chile no quiere ver su patrimonio geográfico vulnerado por una fisura de soberanía boliviana que incluya guarniciones, aduanas y litigios permanentes se debe ablandar a Torre Tagle. Allí el dogmatismo se atrinchera en el Tratado de 1929. No debemos olvidar que si bien Antofagasta es originariamente boliviana, Tarapacá y Arica fueron peruanas. Tres pueblos viven zapateando encima del rescoldo de aquella guerra cuyos efectos permanecen sin solución. A su paso por Bolivia Ollanta Humala, entonces Presidente Electo, manifiesta "Perú no es obstáculo para la demanda boliviana". Habrá que cobrarle la palabra.

La entidad que presido propone -con el aval de la UNASUR, la OEA, la ONU- convertir Arica en un enclave portuario triestatal desmilitarizado con asociatividad del Brasil y Paraguay. Ello supone pulir aristas con Lima. Tal hiperenclave que se propone bautizarlo Puerto "O´Higgins" irradiará prosperidad al norte de Chile y al sur de Perú dando opciones de suelo con cosoberanía a Bolivia. Brasil exportará a los mercados asiáticos y Paraguay -además de las hidrovías que la vinculan con el Atlántico- se liga así con océano del siglo actual.


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