domingo, 18 de marzo de 2012

Hacia una nueva "cosa"...

A fines de los años ochenta, en plena Perestroika Gorbachiana, la élite que dirigía al Partido Comunista Italiano, dirigida por Achille Ocheto, planteó la disolución del PCI y su refundación en un nuevo partido. Un nuevo partido que cambiara de nombre, de siglas, de ideología y de referencia histórica. Un partido que se identificara con los valores de la ilustración y la revolución francesa y no con la revolución de octubre de Lenin, un partido que dejara el marxismo y se asumiera simplemente como de izquierda, que se abriera a la sociedad con un modelo ciudadano y que impulsara el europeísmo social.

La experiencia hasta ahora se discute, tanto a favor como en contra. El PCI era entonces el partido marxista más grande y fuerte de Europa. Y su reconversión se había iniciado en realidad desde comienzos de los años setenta con el fallido "compromiso histórico" entre el democristiano Aldo Moro y Enrico Berlinguer y la suscripción del Eurocomunismo al lado de los comunistas españoles dirigidos por Santiago Carrillo y los comunistas franceses de Georges Marchais.

La socialdemocracia europea, se orientaba a posiciones neoliberales de la mano de Felipe Gonzales, Bettino Craxi y el equilibrismo de Miterrand. El asesinato de Olag Palme y la decadencia de Willy Brandt debilitaron al polo de izquierdas de la socialdemocracia. Comenzaba a quedar disponible un espacio social ciudadano ante los ajustes y tijeretazos fiscales al Estado de Bienestar.

La refundación del PCI fue la más audaz y pionera experiencia de ingeniería política de esos años. Y de allí surge la "coalición del olivo" que le ganará una elección a Berlusconi. Los comunistas ortodoxos formarán otro partido llamado "refundación comunista" con presencia parlamentaria.

Lo importante de dicha refundación, sin embargo, fue que coadyuvó al hundimiento del sistema de partidos cleptocráticos italianos, al desaparecer el "peligro comunista". El resto lo hicieron los fiscales liderados por Antonio de Pietro, el Garzón Italiano.

En el período de transición del PCI "al nuevo partido", Ocheto se refería a la nueva entidad como "la cosa", que en el lenguaje político italiano significaba "el nuevo objeto", "la nueva propuesta".

Valgan estas remembranzas por lo siguiente:

El APRA es un Frente Pluriclasista, no es un partido político. Es una alianza de clases explotadas, dominadas o excluidas del empleo, la propiedad y la riqueza, no es una organización política. Ese es su origen, asi influyó en el resto de América Latina y así fue reconocida incluso por Mariategui.

El partido es el proyecto nacional que nace como organización antioligárquica para postular a Haya de la Torre a la Presidencia. Ya sabemos cual fue el derrotero.

El APRA histórica crea una matriz ideopolítica donde el estado nacional, derrotada la oligarquía, podrá desarrollarse con sentido nacional-popular, es decir democrático, no elitista ni subordinado al capital, sino dialogando y tratando con las fuerzas del mercado.

Al colapsar el llamado Partido Aprista Peruano-Alanizado, es decir al desintegrarse política, ideológica, social y eticamente, no cabe más opción que regresar a la concepción frentista pluriclasista y reconstruir la política Hayadelatorreana desde la sociedad civil y los movimientos sociales y ciudadanos.

Una de las dimensiones del APRA histórica en el ámbito del programa, abandonadas y sepultadas por el Alanismo, es la cuestión social y la cuestión ecológica. Más bien, el Alanismo como nueva ideología de derecha, neoliberal y antinacional, a través del discurso del "Perro del Hortelano" es declaradamente enemiga del medio ambiente y las causas sociales. Y ello es acorde con la recomposición neo oligárquica del Estado, consolidada por Alan García.

En el diario la República (ver http://www.prensaescrita.com/adiario.php?codigo=AME&pagina=http://www.larepublica.pe) hay una infografía donde se ve un mapa de los conflictos sociales en el Perú. Se aprecia que la inmensa mayoría de los conflictos abiertos o latentes es de tipo medio ambiental o socioambiental. Y las regiones donde el problema es grave son: Piura, Lima, Junín, Cajamarca, Ancash, Huancavelica,Cuzco, Puno.

Ya existen movimientos locales que actúan en defensa de los intereses socioambientales de sus habitantes, pero su visión es localista y de confrontación. Falta la visión nacional-global y el encadenamiento de lo ecológico a los nuevos derechos cívicos, económicos y republicanos, así como ser más propositivos en la negociación e institucionalización de los conflictos. Se requieren por ende instituciones sociales nuevas, y en ello el APRA histórica NO ESTÁ AGOTADA, pero se requiere ya actuar de forma independiente y rompiendo con el alanismo y sus formas políticas reaccionarias y corruptas que tanto rechazo generan en los peruanos de las regiones.

Los apristas sin abdicar de sus señas identitarias, pero zanjando con el alanismo podrían hacer un gran papel fortaleciendo las reivindicaciones socioambientales, medio ambientales, de defensa de las minorías y los intereses regionales-nacionales. Pero se requiere organización y autonomía para ganar representación y acumular poder social y político, y ello solo se consigue creando movimientos políticos regionales, creando actores regionales, promoviendo una nueva generación de liderazgos sociales que fortalezcan las opciones alternativas medioambientales y sociales para las próximas elecciones regionales y municipales, ya sea de forma institucional o en alianzas sociales regionales.

Si hay apristas que desean seguir en el PAP-Alanizado porque consideran que todavía hay espacios para la lucha interna, están en su derecho, pero ello no es necesariamente obstáculo para que en una concepción frentista también apoyen a aquellos compañeros que impulsen nuevos medios de acción política ante la parálisis y hundimiento de la organización oficial.

Si surge un aprismo no alanista medioambientalista, social y regionalista, y crece en elecciones locales o en regiones estratégicas ello, provocará un revulsivo dentro del PAP alanizado, y posiblemente genere cambios que si van por el buen camino permitiría convergencias bajo un esquema de alianza progresista al estilo Frente Amplio del Uruguay o México. O alianzas trasversales al estilo argentino. Sería una estrategia para reinsertar al Aprismo en la sociedad civil sin alanismo o al menos sin la corrupción y las mafias que hegemonizan su actual actividad orientada básicamente a blindarse ante las acusaciones de corrupción y las investigaciones en el congreso nacional de la república.

Esta es una salida a la actual parálisis y mangoneo del PAP oficial que pretende llevar de las narices a los apristas hasta las vísperas de las elecciones del 2016, sacrificando incluso la participación en las elecciones regionales. El cronograma es de Alan García, no de los apristas honestos y Hayistas. Incluso un éxito relativo de actores regionales apristas de la linea honesta y crítica, podría llamar a la reflexión al propio García y precipitar su decisión ya tomada de formar un partido "moderno", liberal y de liderazgos femeninos con Susana Villarán y Mercedes Araoz.

En cualquier caso, es solo una idea, un planteamiento, un escenario alternativo, realizado a título individual.

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