sábado, 10 de marzo de 2012

LA SOLEDAD Y RIQUEZA DE ALAN GARCIA, NO ES LA DEL PODER, ES LA DEL TRAIDOR...

Algunos ingenuos que militan en el PAP dicen que Alan García es continuador de Haya de la Torre e incluso lo supera. ¿Qué libro escrito por García ha pasado la barrera de la primera edición o ha sido traducido o comentado? ¿Alguien lo ha citado en alguna tesis? Lo que circula por Internet son documentos de análisis, generalmente escritos por asalariados mientras García fue Presidente. La única edición que se conoce en inglés es su libro “modernidad y política”,cuyo promotor editorial fue premiado con sendas consejerías comerciales en EEUU y China.
Haya de la Torre fundó el APRA como un movimiento que debería consolidar una arquitectura ética política superior, que comenzó a construirse a comienzos del siglo XX, desde México hasta Argentina. Nunca aceptó que el fin justificase los medios, como afirma una interpretación sesgada de Nicolás Maquiavelo, pero que tuvo éxito en el ejercicio de la política del Estado Oligárquico al cual Haya enfrentó en el Perú. Víctor Raúl mismo sufrió y padeció esa forma de hacer política, de la cual fue advertido premonitoriamente por Gonzales Prada.
Alan García nunca “vivió” la fraternidad histórica del Aprismo, por el contrario acumuló resentimiento contra el partido que lo privó de su padre e imagen paterna siendo niño. Siempre estuvo en la periferia del APRA y de Haya de la Torre, la política que admiró fue la Manuel Fraga Iribarne el ideólogo franquista de la derecha española, admiró la política del pos gaullismo en Francia, la de los grandes caudillos conservadores republicanos: Pompidou y Giscard. En Colombia vio el ascenso, caída y resurrección del Presidente Ernesto Samper por acción del cartel de Cali. Y aunque era opositor al fujimorismo, no dejaba de admirar el diseño político del autoritarismo eficaz,el cual fue también elogiado por Fraga Iribarne, su director de tesis doctoral.

(Foto de Fraga Iribarne saludando al caudillo Francisco Franco)



Y cuando regresó al Perú luego de su larga estancia VIP entre París y Bogotá, trató de imitar a Don Fernando Belaunde en los gestos, en el discurso y hasta en el movimiento de las manos. Para García, Haya de la Torre, como dice la canción de Serrat, “estaba bien muerto y enterrado, y estos (los apristas) no se han enterado”.
Su vínculo con la izquierda española y francesa fue mínimo, no se encuentran referencias, salvo su contacto fugaz con Danielle Miterrand en los años noventa. Su acercamiento a los estructuralistas y existencialistas franceses fue estético y de pose intelectual. García es asimismo un filosofo fallido, un intelectual trunco, un sociólogo frustrado que intentó aplicar los conceptos de Matos Mar, Carlos Franco y Bourricaud durante su primer gobierno y solo provocó desorden y caos, un profesor más preocupado en la retórica, la consigna y la anécdota que en el estímulo reflexivo-ontológico de sus alumnos, un arribista social, no un sujeto dialéctico como lo fueron los grandes hombres del Aprismo histórico.
Pero sobre todo García ha sido el resucitador de la política maquiavélica al servicio de la derecha, los poderosos y en contra del Perú y sus sagrados intereses. Un cultor despiadado del cinismo (“en política no hay que ser ingenuo”), un corruptor de la virtud cívica, un demoledor de instituciones y un depredador de los valores ciudadanos. Pocas veces ha podido ocultar su racismo (“no somos Hutus y Tutsis”), su anti indigenismo (“adoradores de tótems” llama a los nativos en sus artículos) o su desprecio social (“se les acabará la mamadera” le dijo públicamente a los maestros en Puno), es violento y agresivo cuando está rodeado de guardaespaldas y da puntapiés o bofetadas.
García habla de Dios como podría hablar del tren eléctrico o del crecimiento económico, es solo un recurso político y publicitario más. En la Hermandad del Señor de los milagros ve un nicho de votos no la fe de las clases populares limeñas. En Alianza Lima le interesa la marca para un spot, no la pasión urbana que mueve a los jóvenes. Todo en García es falso, marketeable y transable, pero él la define como política “pragmática”.


Y “su Cristo del Pacífico” regalo subsidiado de una empresa beneficiada con su gobierno, un golpe al laicismo del Estado, a los no católicos, un avasallamiento del poder municipal, una suerte de integrismo religioso chicha, imagen para un spot-góspel a lanzar en el 2016. La idea es muy clara, por encima del Perú, solo Dios y “Dios soy yo”.
Ni Napoleón Bonaparte cuando fue coronado Emperador en el siglo XIX tuvo tanto atrevimiento…pero frente al gran corzo que llevó los ideales de la revolución francesa a toda Europa e hizo temblar los absolutismos, Alan García es simplemente “Napoleón, el pequeño”, como diría Víctor Hugo.
Pues estas perversiones y traiciones descritas, quieren hacerse pasar como “política”, como “democracia”, como“modernidad”. Y solo es la restauración de de lo pre moderno, de los usos reaccionarios de la república criolla del siglo XIX. Alan no solo intenta liquidar el sentido modernizador y civilizatorio de la política fundada por Haya de la Torre, José Carlos Mariategui y hasta la política inmanentista de Riva Agüero y Victor Andrés Belaunde, sino fundar su propia propuesta de ejercicio de la política, que no es más que un Fujimorismo sin Fujimori ni Montesinos.
La “política” como la entiende García en su práctica y discurso, es ajena a la modernidad andina y peruana. La política alanista está subordinada al mercado y la acumulación privada. El estado, el gobierno y el sistema de partidos, vale decir el sistema político, es solo un factor más de la acumulación local y global. A este colonialismo interno otra vez García lo llama “gobernabilidad”, cuando simplemente es una praxis que convierte al Presidente en una especie de funcionario subalterno de Salomon Brothers o de Mobys. Las agencias calificadoras rapiña del neoliberalismo desregulado.
No en balde en el 2007, García propuso una especie de “limpieza étnica” en Puno, Huancavelica, Apurímac y Ayacucho, a través del traslado forzado de las pequeñas comunidades andinas dispersas en las zonas altas de los andes a valles más poblados y con vías de comunicación. De esta forma el indicador de extrema pobreza se reduciría velozmente, y ello sería una muestra que su “política modernizadora” estaba en lo correcto. Semejante disparate solo podía ser propuesto desde una racionalidad profundamente anti indígena y criolla“pragmática”. Al no prosperar la idea, lanzó lo del voto facultativo, para reducir la participación de los más pobres en la política.
¿Qué llevó a García a esta dramática confusión de conceptos y roles? ¿Y porque lo pudo hacer impunemente? ¿Y por qué razón insiste en más de lo mismo en su último texto “creer en el Perú”?
Alan García se ha asumido, ya y felizmente, como el hombre de la derecha peruana más tradicional y reaccionaria. Pero lo ha hecho manejando la retórica de la modernidad, del progreso y la globalización. Una impostura que en el Perú tiene gran audiencia por la hegemonía mediática de la comentocracia derechista, achorada y bruta.
García no ha cambiado su forma de hacer política, solo la ha puesto al servicio de sus antiguos perseguidores, que le han garantizado paz, impunidad, reconocimiento y olvido. Pero en el fondo García sabe, que detrás de esa admiración y respeto, se esconde un profundo desprecio, como el que la oligarquía agroexportadora le tuvo al Gral Manuel Apolinario Odría, al cual agradecieron su golpe de estado y la persecución contra el APRA en 1948, y el encierro de Haya de la Torre en la embajada de Colombia, pero no era de los suyos, era un cachaco inculto, serrano y austero, que restauró el orden, y nada más.
Y ese desprecio, y ese falso respeto que se simula con la cultura criolla y la criollada, radica en que los hombres del dinero y el poder fáctico, ven a García como un arribista y un ricachón cuya fortuna es de origen oscuro y no generado en la cultura del esfuerzo, sino en el asalto del Estado y el usufructo de campañas electorales donde la mayoría de ellos se han tenido que “matricular”. La democracia no elimina la lucha de clases, solo la hace más sofisticada.
Y García, incluso contra la voluntad de los ricos, se ha hecho necesario para contener a los “de abajo”, además es seductor, habla francés, sabe de comida y cuenta muchas anécdotas sobre jefes de estado y política internacional. Es un gran tertuliano, pero a la distancia, es el tipo de persona con el cual se opera solo para negocios, y la política para la burguesía criolla, es solo un negocio. García no es el amigo que un potentado limeño gustaría encontrarse en el aeropuerto o en un restaurante europeo o latinoamericano de cinco estrellas.

Su vivienda actual es una fortaleza en la parte alta de una colina desde donde se mira la gran Lima clasemediera. Es difícil llegar, es muy inaccesible, es como una madriguera de lujo con guardias de seguridad.
Alguien diría, “es la soledad del poder”, pero no, es la soledad del traidor.

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