sábado, 10 de marzo de 2012

LA IZQUIERDA COMO UNA POSTURA MORAL
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Por Luis Villoro *
Desde su título, estas mesas redondas hacen referencia a un concepto general: La izquierda. Tenemos que partir de una pregunta: ¿qué entendemos por izquierda?

En la discusión de esta tarde, ese tema se pone en relación con las autonomías de los pueblos indígenas. La pregunta por el significado de la izquierda es, sin embargo, general. Tenemos que empezar por acotar la pregunta. Para contestarla tenemos que despejar un equivoco igualmente general: la izquierda no se refiere a un sistema ideológico, no designa una ideología.
Desde el siglo XVIII empezó a identificarse la izquierda con una doctrina “ideológica”. “Revolución”, “cambio social” eran conceptos clave de su discurso. Pero en el lenguaje ordinario, “derecha” o “izquierda” significan mucho más que un estilo de creencias; se refieren a una actitud vital ante la sociedad, supuesta en un comportamiento.

La izquierda política no consiste en la adhesión a un sistema doctrinario. Las ideologías revolucionarias o reformistas se suceden, cambian y se enfrenan. Su vigencia depende del contexto histórico, su raza varía con los intereses de los grupos que las sustentan. Pero debajo de todas ellas subsiste una corriente vital permanente. Es una actitud común de disrupción ante la realidad social existente, que da lugar a una práctica transformadora; es, a la vez, negación de un orden dado y proyección de otro más racional y humano. Son esa actitud y esa práctica las que definen a la izquierda. Lo que dio sentido a la entrega de tantos hombres mujeres e hizo que en muchos casos algunos sacrificaran sus vidas por un objetivo social, no fue la creencia en una doctrina científica o filosófica. Según las épocas y las circunstancias sociales, esa actitud disruptiva revistió varias formas, ensayo distintas vías de acción y adujo distintas teorías para justificarlas pero en todas se mantuvo constante. Porque no era prisionera de ninguna formulación ideológica, substituía, subsiste en todas ellas. La izquierda en política no es una doctrina, es una elección de vida. En cada contexto utiliza armas intelectuales distintas.

Tiene sin duda que elaborar y aceptar teorías para justificar racionalmente sus decisiones y practicas, pero la aceptación o rechazo de una teoría esta motivada por una actitud que implica una proyección de valores objetivos que satisfacen intereses vitales. El criterio para juzgar si un movimiento es de izquierda no es cumpla o no con una posición teórica. Al revés, el criterio para juzgar el carácter de izquierda de una teoría es si es capaz de justificar racionalmente o no un comportamiento emancipador.

Una misma doctrina política puede tener una función disruptiva en un contexto y reiterativa de un situación de dominación en otro. Ejemplos son todas las revoluciones. El liberalismo fue disruptivo cuando logró la abolición del absolutismo de la monarquía, conservador al servir al desarrollo del capitalismo. El marxismo-leninismo fue la más poderosa arma ideológica contra la explotación capitalista, para convertirse después en un instrumento de una clase burocrática opresiva. Los socialismos reformistas lograron transformar el capitalismo salvaje en un Estado de bienestar más justo, pero actualmente se convierten a menudo en cómplices de un sistema de dominio basado en la desigualdad.

A la inversa, doctrinas que han servido a la dominación pueden vivirse de tal modo que contribuyan a la liberación. Las religiones, al transformar su visión de lo sagrado en una ideología, han solido servir, en manos de iglesias, a mantener sistemas de poder. Sin embargo, en la acción de un Gandhi, de un Martín Luther King, de los cristianos de la opción de los pobres, la religión, al volver a sus orígenes, se coloca al lado de la emancipación humana. Es entonces plenamente de izquierda.

La confusión de la izquierda con una doctrina ideológica determinada, ha sido una de las causas de su perversión. Para ser de izquierda había que abrazar un credo. Quien difería de la doctrina oficial era tránsfuga o reaccionario. De allí, el sectarismo y la intolerancia. Además, si la izquierda se confunde con una doctrina, sólo quienes la interpretan correctamente puede dirigirla. Hay un único grupo capacitado para señalar el rumbo político: el que detecta la teoría verdadera. La actitud transformadora de la realidad social se reduce a la adhesión a quienes detentan la doctrina y saben interpretarla.

El gran equívoco de la izquierda es identificarla con un sistema de creencia; con una ideología. En cambio si la izquierda no se identifica con un sistema doctrinal, permanecerá sin mella ante cualquier crisis ideológica. Porque no es una explicación del mundo, en la cual pudiéramos creer, o no, sino una decisión frente al mundo que tenemos que asumir; no es una teoría que desemboque en una acción, sino una postura moral que acude para justificarse a una reflexión teórica.

En suma, la izquierda podría definirse por la actitud y la práctica sociales orientadas por una sociedad a otra. Por eso una postura de izquierda es necesariamente crítica en la reflexión, disruptiva en la acción.

Frente al poder impositivo dominante, la izquierda tiene que oponer un contra-poder. Pero el contra-poder de izquierda está imbuido de una paradoja: pretende ejercerse para contribuir a la desaparición del poder impositivo. Por eso el terreno privilegiado de la izquierda es la oposición a un sistema de dominación constituido. Cuando deja de ser oposición y llega a una posición política en que puede imponer su poder, su gobierno sólo tiene sentido si se ejerce para contribuir a hacer desaparecer las condiciones y estructuras de dominación. Si acaba ejerciendo, a su vez, otro poder impositivo, si olvida su vocación disidente y establece un nuevo sistema de dominio, se traiciona a si misma y deja de ser de izquierda.

Eso es lo contrario de una doctrina, de un sistema de creencias. Intentemos pues una segunda respuesta. ¿Qué es la izquierda? No es sistema de creencias, una “ideología” sino una actitud colectiva contra la dominación.

Esta segunda caracterizació n de la izquierda la define negativamente: izquierda es toda actitud que contribuye a la no dominación.

La actitud disruptiva contra la dominación, orienta una práctica de transformació n social. La sociedad otra proyectada no es más que un norte, una idea regulativa para cambiar esta sociedad. Pero en cada sociedad existente el sistema de dominación es distinta; los sectores dominados difieren según la situación concreta de cada formación social. La actitud disruptiva no puede traducirse en una acción colectiva si no está motivada en el interés de quienes padecen la dominación del sistema. Estos son todos los sectores que, en na u otra medida, están excluidos de la participación en el poder dominante. Para que la actitud disruptiva pueda desembocar en una práctica social transformadora tiene que asumir el interés de los sectores dominados. Un programa de acción puede calificarse de izquierda en la medida en que puede oponer al poder impositivo el contra-poder de los sectores que padecen la dominación.

Ahora bien, una actitud colectiva (praxis) contra la dominación es múltiple, es plural. En una sociedad compleja, los grupos que padecen la dominación son varios sus intereses disímbolos. En sociedades que han adoptado estructuras democráticas, por endebles que estas sean, cada sector social dominado expresa y persigue objetivos adecuados a sus necesidades e intereses particulares. El interés de los obreros industriales es distinto al de las etnias minoritarias, porque su género de opresión es diferente; la marginación de los campesinos pobres poco tiene que ver con la que sufren las mujeres por ser tales; la experiencia de ser menospreciado que sufre, por ejemplo, un maestro rural es del todo diferente a la que vive un pequeño empresario arruinado. Un sistema de dominación crea muchos grupos diversos con intereses encontrados. El contra-poder frente a este sistema debe expresarlos a todos en su diversidad. La izquierda actual no puede menos que ser un movimiento múltiple, heterogéneo. No hay una clase, un sector privilegiado en la disidencia. No hay vanguardia revolucionaria. Un programa disidente no puede reducirse a una ideología de clase.

Pero si los intereses de los distintos grupos dominados difieren entre sí, ¿en que podría basarse la acción unitaria de un contra-poder? Antes –con la ideología marxista- era una doctrina ideológica la que trataba de acomodar en un esquema teórico la relación de los distintos grupos bajo el interés predominante de una clase. Pero cuando disminuye la adhesión de un esquema ideológico excluyente de otros, ¿qué es lo que puede dar cohesión y unidad a los distintos grupos oprimidos?

Pese a su diversidad, todos los grupos dominados comparten, en medidas distintas, un interés común: justamente liberarse de su estado dominado. A pesar de sus ondiciones y necesidades diversas, coinciden en algo: en un proyecto de una sociedad otra, emancipada. A todos iguala la misma actitud de disenso contra la situación existente; en distintos discursos, con concepciones diferentes, todos dice “no” a alguna forma de dominación. Pueden, por lo tanto, unir sus voces y sus manos en un mismo contra-poder. Esa sería la tarea de un movimiento de izquierda. A su movimiento plural lo llamamos izquierda.

El programa de una izquierda plural propondría principios comunes, regulativos de una acción coordinada, que admitirían una multiplicidad de maneras de concebirlos según la perspectiva y la situación de cada grupo. Serían ideas-fuerza, capaces de regular y orienta el comportamiento social, indicadores que señalarían una meta común a las distintas reivindicaciones de los diferentes grupos. No se confundirían con proposiciones sobre los hechos políticos existentes, serían, antes bien, enunciados de valores sociales objetivos que importa realizar. Sobre la base de esas ideas regulativas, tendrían que tratarse, en cada situación, programas de acción colectiva que tomarían en cuenta las formas en que se manifiesta, en cada caso, la dominación y la pluralidad de fuerzas y movimientos disidentes que podrían constituir un contra-poder.

Esos principios comunes no serían premisas de una teoría, sino ideas que regulan una moral social, a la vez disruptiva y concreta. Manifestarían aspectos de una actitud que puede presentarse en diferentes formas: el rechazo a la dominación.

A la pregunta ¿qué es la izquierda? He intentado dar dos respuestas. La primera nos remitía a un sistema de creencias, a una ideología. Nos pareció insuficiente.

La segunda respuesta definía acertadamente la izquierda como una praxis colectiva contra la dominación. Es una definición por negación: toda posición de izquierda es la que rechaza la dominación.

¿Es esa la respuesta definitiva? Sugiero que aún no. Podría ser necesario un último paso, el tercero, en nuestra respuesta.

El último paso de la actitud de no-dominación es el reconocimiento del otro, aún si el otro es el dominador. La resistencia contra la dominación puede no tener un signo negativo. Por fuerte que sea la resistencia a la dominación, puede sucumbir también al impulso por cambiar los papeles: no sólo resistir al dominador, sino tratar de sojuzgarlo; no sólo detener su agresión, sino agredirlo también a él hasta la muerte. La tentación del dominado es poder cambiar los papeles. El agredido, el humillado sucumbe a la tentación de la venganza. Pagar el peor de los males, la dominación del otro, con otro mal. ¿ No es esa la dialéctica del terrorismo del que ahora tanto se habla?. El palestino humillado siente que no tiene más salida que acabar con quien lo humilla. Los pueblos árabes, vejados por el occidental durante siglos, justifica su propia violencia con la pretendida dignidad del autosacrificio. La dialéctica del terrorismo sólo permite una respuesta igualmente radical: el reconocimiento recíproco entre los pueblos. Sólo esa actitud permite arrancar el mal de su raíz.

Sólo el reconocimiento pleno del otro, en su diferencia sería el fin de dominación de un pueblo sobre otro. Ese fin es el reconocimiento recíproco y aquí tocamos, por fin, el tema concreto de este seminario.

Empecé preguntando ¿qué es la izquierda? He tratado de acercarme a una respuesta. La izquierda se muestra en un camino de negación de toda forma de dominación. Es un camino hacia algo que aún no es. No puede describirse como un estado, sino como un movimiento permanente que va de una situación, vivida como opresiva, a un impulso de emancipación.
  • Catedrático español-mexicano de la facultad de Filosofia de la UNAM.
  • El texto ha sido editado, sin perjudicar el discurso principal. Se ha suprimido la introducción de los presentadores y unos párrafos finales sobre el movimiento zapatista, para no alargar el texto (EBL)
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